#ProyectoSensaciones2018. Abril. Libertad.

Sentirte libre es sentirte capaz. Capaz de soñar, de pensar, de decir lo que piensas y de actuar como lo necesitas sin miedo a ser juzgado por ello. Ser libre es poder ir de tu propia mano por la vida sin miedo al qué dirán.

La maternidad es un camino hermoso, que muchas veces te priva de tu propia libertad porque te sientes observada constantemente. Porque siempre habrá alguien que te pregunte si le das pecho o biberón a tu bebé. Si le porteas o le llevas en carrito alguien va a opinar sobre ello, dándote motivos que no has pedido por los que una opción o la otra es la mejor. Cuando ya tu bebé coma algo más que leche habrá quien te de múltiples razones de porqué debes darle trozos o porqué mejor en puré. También habrá opiniones si decides llevarle a la guardería o no; si decides evitar los azúcares procesados siempre habrá quien te diga aquello de “pobrecito, es un niño, déjale que coma todas las chuches que quiera”, y por supuesto también se hablará de dónde debe dormir tu hijo. Y es que todo el mundo sabe qué es lo mejor para él. Menos tú, claro.

A las madres se nos ve blandas, sin capacidad de decidir por nosotras mismas. La sociedad nos ve como seres que se dejan llevar por lo que el niño quiere aunque eso no le haga bien. Pero lo que no saben es que hacer lo que otros quieren no va a hacer bien al niño, y tampoco a la madre.

Sentirse libre es poder decidir qué tipo de alimentación quieres darle a tu hijo sin temor a nada, sentirte libre es poder decir que tus hijos duermen contigo y eres feliz con ello. La libertad es sentir que crías a tus hijos con la mejor parte de tu corazón sin miedo a equivocarte, y sería genial que nadie dijera nada al respecto.

Porque en este mundo hay tantas madres, hijos y situaciones familiares como piedras hay en una playa, y nadie tiene la verdad absoluta aunque lo crea.

Toda madre que vemos por la calle tiene unas circunstancias, una familia y unos sentimientos que desconocemos, y nadie tiene suficiente peso para ir y decirle que lo que hace lo hace mal. Nadie conoce sus razones, nadie sabe el porqué de sus decisiones, nadie sabe qué camino ha trazado ni cuánto le duelen los pies de ya tanto caminar por diferentes senderos hasta llegar a hoy.

Por eso, nosotras que somos madres, ayudemos a que las demás mamás que se suman a esta bella aventura se sientan libres, no las juzguemos, no les impongamos lo que creemos mejor y dejemos que ellas descubran el camino que quieren seguir. Porque elijan lo que elijan, van optar por lo que sienten mejor para sus hijos, para ellas mismas y para su familia. Y estará bien. Porque todos los caminos llevan al mismo punto, a la felicidad y el bienestar de nuestros hijos, sin que pese el qué dirán los demás.

Y esa, créeme, es la mayor expresión de libertad para una madre.

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