Cómo afrontar los miedos infantiles

Este es un post que llevo tiempo queriendo hacer, o al menos, sintiendo que mi experiencia puede ser de ayuda para otras personas que atraviesen esta compleja etapa con sus hijos. Y lo siento porque para mí no ha sido fácil, y aunque se que la etapa no está superada, ni mucho menos, hemos avanzado bastante, y ha sido muy complicado llegar a donde estamos hoy.

Criar a un hijo no es fácil, vaya eso por delante siempre, y no porque sea difícil en sí, sino porque en la crianza y en los momentos que vivimos con ellos se contraponen muchísimas cosas, como la falta de tiempo o de ocasiones para dedicarnos 100% a ellos, las diferentes necesidades entre ellos y nosotros, la falta de paciencia que les tenemos, y sobre todo, la falta de comprensión. En mi caso estas dos últimas son las peores que llevo en la crianza, principalmente porque me siento mal por tenerlas como compañeras día a día taladrando mi mente y mis momentos con mis hijos, pero sobre todo porque son patrones adquiridos de mi infancia que me cuesta muchísimo quitarme de encima. Si todos tenemos lozas que nos pesan, estas dos son, para mí, las que más me ahogan día a día.

Pero eso es otro tema.

La cuestión es que entender las emociones y los sentimientos no es fácil muchas veces para nosotros mismos, que en ocasiones no tenemos claro lo que sentimos o que les damos nombres erróneos, así que mucho menos podemos pedírselo a un niño que está empezando a sentir y a ponerle palabras a aquello que siente, muchísimas veces con poco acierto.

Tratar los miedos infantiles no es fácil por esto, ya que en ocasiones tendemos a quitarle importancia al asunto para que el niño vea que no pasa nada, y eso es exactamente lo que ocurre, que no pasa nada, que no les vale lo que les decimos y el miedo sigue ahí. Es por eso que resulta absolutamente necesario parar, sentarse a solas, reflexionar y tratar de entender porqué nuestro hijo siente lo que siente y qué es lo que hay detrás.

A modo de resumen rápido, contaré el tema que más nos trae de cabeza en casa últimamente, sobre todo a mí que soy quien más lo afronta con mi Terremoto diariamente.

Mi hijo es un niño intenso, y altamente sensible. Él necesita sentirse seguro en lo que está haciendo, en lo que va a hacer dentro de un rato y, si es posible, saber lo que va a pasar durante todo el día para tener su esquema hecho y saber que no va a haber nada que él no pueda entender. Sin embargo estando en el colegio esto no es sencillo de lograr, porque las excursiones y las salidas de rutina le revolucionan de forma importante.

Decir a otro niño “la próxima semana vamos al cine” probablemente sea motivo de fiesta, de emoción, de contar las horas para salir del cole y hacer algo distinto, pero para mi hijo es motivo de mucho nerviosismo, de llantos incontrolados rozando la ansiedad y llegando al vómito en ocasiones, y de miedo, mucho miedo.

Él es un niño que, por su alta sensibilidad, necesita entender bien la situación que se aproxima y saber cómo va a ser todo en todo momento, y ya, si el tema le interesa, hay éxito, pero como sea algo que no le llama la más mínima atención, por mucha emoción, colores y purpurina que le eches al momento, no le conquistas. Y esto hay que aceptarlo (lo mío me ha costado) para poder ayudarle.

Él siente miedo, inseguridad, temor a que ocurra algo mientras él está lejos de casa, y sobre todo, miedo a que alguien se lo lleve y no vea nunca más a mamá, papá, a su hermanito y a su perro. Y este es un tema tan espinoso que por más que intente convencerle de que no va a pasar nada, de que va a estar todo bien y que va a disfrutar, no consigo calmarle.

Entender los miedos infantiles no es sencillo, pero fundamental para ayudarles, porque hacerles ver que no pasa nada, o que no ha pasado nada al hacer la actividad que temían, no es motivo para que no vuelva a surgir un miedo por algún lado. Les pasa como a nosotros, en definitiva, que sentimos miedo o tensión ante muchas situaciones de la vida cotidiana pero ya tenemos, o creemos tener, las herramientas necesarias para afrontarlo. Los niños sienten todo mucho más intensamente, les faltan esas herramientas y terminan por descontrolarse y sufrirlo todo mucho más.

Por eso me resulta esencial trabajar con ellos todo este tema desde la empatía, la comprensión, la conversación y dándoles las herramientas que necesitan para aprender a afrontar sus miedos poco a poco. Así que les voy a contar qué nos ha servido a nosotros para trabajar todo este tema:

  1. En primer lugar, nos ha venido muy bien leer el libro “Nitari y el miedo“, y entender porqué existe el miedo y darle nombre. Probablemente haya muchos otros cuentos sobre el tema y mejores, no lo se, pero este me lo recomendaron hace mucho y me resultó corto, preciso y justamente con la información que necesitamos abordar en casa con mi Terremoto.
  2. Como siempre el cuento nos sirve de base, luego nosotros en conversación vamos ampliando la información, lo que yo opino, lo que él añade, y vamos construyendo nuestra propia idea sobre el tema, sobre todo, la que él necesita construir para sentirse seguro. De esta manera hemos visto que el miedo tiene una razón de ser para que no corramos riesgos y no nos metamos en problemas, como por ejemplo cruzar una calle sin mirar o tirarse al mar sin saber nadar, pero que a veces se confunde y nos avisa en situaciones en las que no hay peligro, pero sí cosas que no conocemos, y por eso nos ponemos nerviosos.
  3. Por este motivo, muchas veces sentimos cosquillas en el estómago o como si tuviéramos una pelota dentro, y esos son los nervios que nos avisan de que algo nuevo va a ocurrir. El problema es que eso que va a ocurrir puede ser bueno o malo, pero como el miedo y los nervios no lo saben, siempre nos avisan igual. Por eso, es normal sentir nervios, es normal sentir miedo y asustarse, pero lo que no les podemos permitir es que nos impidan disfrutar de las cosas bonitas de la vida. (Esta frase es uno de mis mantras de vida, y se la digo siempre que surge el tema para que la interiorice y le ayude siempre).
  4. Y es entonces cuando yo le doy mi versión del tema, le hablo de mis miedos, contesto a absolutamente todas sus preguntas aunque sin crearle nuevos temores, y siempre lo enfoco todo con un mensaje positivo de fondo.
  5. Por ejemplo hablamos de las pesadillas y el miedo que nos producen, que nos despertamos llorando o asustados, y que eso nos pasa a todos, pero lo bueno es que al despertar vemos que todo era mentira, y podemos respirar tranquilos al ver que nada malo ocurre y que todo lo que vimos se quedó en el sueño. Yo le cuento mis pesadillas de forma breve y suave (cuando él me pregunta qué soñé anoche y casualmente tuve alguna), y le hago ver cómo me sentí y como logré deshacerme de esa mala sensación que producen: me desperté y me di cuenta que estaba en mi cama, en casa, segura, que mi familia estaba conmigo, empecé a pensar que todo había sido un mal sueño y que no era verdad, y entonces me dije a mí misma que ya todo había pasado y no era necesario sentir más miedo, me abracé a ellos y me volví a dormir. Esto es lo que realmente suelo hacer y, aunque no pretendo que él lo haga ya a sus casi 5 años, lo que quiero que vea e interiorice es que a todos nos pasa, siendo niños o adultos, pero que hay formas de salir de esa nube de malas emociones y que todo pasa. Poco a poco será capaz de ir haciéndolo él solo y autogestionarse.
  6. Además, hemos “adoptado” simbólicamente, al miedo del cuento que mencioné antes, y le llamamos por su nombre. De esa forma, cuando él siente miedo o nervios ante algo, le ayuda mucho dirigirse personalmente al miedo y decirle “voy a ir al cole a disfrutar, a aprender cosas nuevas y disfrutar de mis amigos, no va a pasar nada malo así que no es necesario que me acompañes, quédate en casa”. Y le ayuda a relajar tensiones y salir de casa más tranquilo sintiendo que los nervios y el miedo quedaron atrás. [Como nota añadiré que para su próximo cumpleaños le voy a regalar un peluche al que podamos llamar como el miedo y hablarle directamente, para que le acompañe en otras ocasiones, junto a una carta. Cuando llegue el momento lo contaré.]

Como digo, nos queda un camino largo por recorrer, esto apenas empieza, pero ha empezado bastante intenso. Además, no pinta sencillo cuando hablamos de un niño altamente sensible, y que lo absorbe todo, para bien o para mal, con muchísima intensidad.

Pero en definitiva esta es nuestra labor como padres, parar, anularnos nosotros y lo que creemos en muchas ocasiones, para encontrar la manera de ayudarles a superar sus problemas sin que nosotros hayamos sido capaces de superar los nuestros. Los patrones arraigados son siempre la piedra en el camino en esto de la crianza, pero el mejor de los motivos para superarnos día a día.

A mí este camino me está resultado especialmente pedregoso por dos razones muy claras de mi infancia: 1.- mis problemas siempre fueron atendidos como “eso es una tontería ya se te quitará, no le hagas caso” y 2.- nadie me dijo, jamás, como superar mis miedos. Esto no se trata de buscar culpables, sino de sanar heridas, de anular mis propios temores y olvidar que no tengo idea de solucionarlos, para tratar de buscarle soluciones a mi hijo y que él si pueda superar los suyos. Quizás así, sin querer, aprendemos los dos a la vez.

¿Ha llegado ya esta etapa a tu hogar? ¿Si es así, cómo la afrontas? ¿Te dieron tus padres a ti las herramientas necesarias para superar tus miedos cuando las necesitaste?

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