Sentirse bella siendo madre

Desde que los hijos llegan nuestro tiempo personal se reduce considerablemente, algo que lógicamente se ve acrecentado por el número de hijos y por la edad que estos tengan. Y esto es así, es una ley de la maternidad que no se puede negar.

El tiempo para ducharte, para arreglarte, para tu ocio personal, se ve afectado por la presencia de los hijos, más si no tienes ayuda externa en quien poder delegar un rato el cuidado de los pequeños.

Pienso que el primer paso es aceptarlo, y trabajar con ello a partir de entonces tratando de sacar el máximo rendimiento a tu tiempo para poder hacer más en menos.

Por ejemplo, analiza tu ritual de belleza diario y ve qué cosas puedes sustituir por otras, qué cosas puedes aplazar para una noche a la semana, y qué otras cosas ya no son necesarias. Porque esto es algo que también ocurre, la vida cambia y los intereses y gustos también, y donde antes te encantaba algo ahora lo dejas para ocasiones concretas porque no es práctico con niños pequeños, o bien no tienes tiempo de hacerlo como sí lo tenías antes.

Lo que cuento aquí no es a rajatabla, hablo desde mi experiencia, y es muy posible que no tengas la misma opinión que yo. Tampoco hago hincapié en que dejemos de cuidarnos, ni mucho menos, pero sí hay que ser conscientes de que muchas cosas que antes hacíamos dejan de ser la mejor opción una vez tienes niños.

Por ejemplo yo adoraba tener el pelo suelto, a ser posible planchado o con ondas, pero actualmente es un peinado que me hago sólo para determinadas ocasiones. Ya no me es cómodo para el ritmo de vida que llevo ahora que soy madre de dos y estoy sola con ellos todo el día. Organizar sola las mañanas para ir al colegio con los dos niños, encargarme de la casa, de mi pequeño, y de todo lo que implica el colegio y las tardes de parques me pide tener el pelo recogido, porque me da mucho calor.

Por eso, ahora me he adueñado de un peinado que jamás llamó mi atención, y si lo hizo fue para dejarme claro que nunca lo utilizaría, y es el recogido total, tipo bailarina. Es lo más práctico de la vida, aguanta todo el día y no me da calor para nada. Quizás no es mi mejor estilo, pero a mí me gusta porque es el que más se adapta a mi vida ahora. Probablemente cambie de idea dentro de dos o tres y años y vuelva a utilizar las planchas, pero por ahora es el mejor peinado del universo para mí.

En cuanto a maquillaje yo nunca he sido muy fan de ponerme potingues a diario, pero ahora es absolutamente necesario cuando no descanso bien por la noche. Y no por nadie, sino por mí. Soy madre de dos, no trabajo fuera de casa, pero me gusta verme bien, me gusta que esa chica del espejo me mire con buena cara y me sonría, porque soy madre pero ante todo soy persona.

Por eso, opto por maquillaje muy sencillo de tres pasos: crema hidratante con color (BB cream que se les llama), tapa ojeras (o como se llame), y algo de colorete. Perfecta en dos minutos cuando más lo necesito.

Y el estilo, eso también cambia. No se porqué razón después de este segundo parto siento mucho más calor en todo momento. Quizás sea a un reajuste hormonal o una menopausia anticipada, quién sabe, pero tengo muchos más sofocos que antes y todo me molesta. Cierto es que vivo en el sur y que empezando noviembre aún tenemos 27ºC y días soleados, pero igualmente me agobio si me cubro mucho.

Donde antes utilizaba mangas largas y pañuelos, ahora quedan para casos concretos de mucho frío mañanero, porque al llegar a casa vuelvo a ponerme mi ropa corta de faena.

Es indudable que ser madre te cambia en todos los aspectos de la vida, como también lo es el tener claro que no debemos dejar de lado aquellos hábitos que nos hacen felices, así tengamos que modificarlos un poco de forma momentánea.

Nunca, jamás, dejes de ser tú misma por mucho que te cambie la vida, y eso aplica también para cuando te conviertes en madre.

Despiértate media hora antes que el resto, reserva una noche a la semana la bañera para ti y regálate un momento relajante, vuelve a comprar ese perfume que te encanta, cómprate ropa del estilo que ahora necesites y que más cómoda te haga sentir, busca un rato para tu ocio y disfrute personal cada día o varias veces en semana…

Si tu labor diaria es el hogar, puedes aparcarlo por un día o por unas horas, y dedicar un rato a leer si es eso lo que te apasiona, a caminar o a salir a ver tiendas. La vida pasa, los hijos llenan todo nuestro tiempo y también nuestra mente, y desgraciadamente solemos caer en olvidarnos de nosotras mismas.

Es importante atender a la familia, sí, pero es más importante atenderte a ti misma. Los platos, la ropa y las camas pueden esperar, porque si tú no estás bien, no estás a gusto, no desprendes y sientes alegría y, sobre todo, no te sientes bella y a gusto contigo misma, de nada sirve que la casa u otros aspectos de tu vida estén relucientes.

Recuerda que la mirada es el espejo del alma, y no se puede fingir lo que uno de verdad no siente. Si tú estás a gusto con ropa de deporte, perfecto; si necesitas vestir con vaqueros a diario, muy bien; y si necesitas llevar tacón todo el día, hazlo. No pienses en quién mira por la calle, piensa en quien te está mirando cuando te asomas en el espejo, y hazla feliz. Si tú estás a gusto, feliz y te sientes bella hagas lo que hagas, todo irá mucho mejor.

Si tú no lo haces, nadie lo hace por ti. 😉

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