Los sueños se cumplen

Suena a tópico, lo se, pero también se que nunca escribiría esto para dar lecciones a nadie ni para hacerte sentir mejor a ti que me estás leyendo en estos momentos. He leído muchísimas veces la frase que titula este artículo y siempre he puesto cara de incredulidad, inevitablemente pienso que nadie te regala nada en esta vida, y que si quieres algo tienes que ir a por ello.

Y en parte es así. Los sueños no se cumplen solos, tú haces que se cumplan o que no. Siempre he creído mucho en las energías que libera una persona, consciente o inconscientemente, y pienso que aquello que consigues o no, depende mucho de la energía que proyectas, y qué tanto te visualizas viviendo eso que anhelas y qué tanto sirve esa visión para moverte e ir a por lo que sueñas.

Siempre he pensado así, y dos veces en mi vida, dos grandes veces, he visto que tenía razón.

Para hoy tenía preparado otro post, pero tendrá que esperar porque no puedo evitar escribir estas líneas. Tengo que contárselo a alguien, ¿por qué no al mundo entero?

Este es un post positivo, repleto de felicidad en cada una de las líneas que dan forma a estas letras que estás leyendo. He escrito muchos posts felices y positivos en este rincón, pero este es ESE artículo que aún tenía pendiente de escribir, y que aún me cuesta asimilar que estoy apretando las teclas que le dan sentido a lo que siento. A lo que sentimos.

Son palabras de alegría, de felicidad, de esperanza, de creer que un mundo mejor es posible y que está a unas horas de nosotros, es sentir que, por fin, se cumple nuestro mayor sueño.

Hemos cambiado de trabajo.

Cuatro palabras. Cuatro sencillas palabras que le dan sentido a todo, que rodean nuestra vida en nuestros momentos y traen la perfección que estábamos esperando.

Con estas cuatro palabras se acaban 6 años agotadores, donde hubo mucha frustración, muchas lágrimas, muchas sonrisas maquillando desesperanza, mucha palabra positiva y mucho “yo puedo” sintiéndonos rotos e incapaces por dentro. Hubo mucho sentir que todo el mundo mejora menos nosotros, mucho quiero y necesito mejorar mi vida pero no puedo.

Hoy se abre una puerta a un nuevo camino, con mejores condiciones, mucho mejores, y con una sonrisa pintada en nuestras caras que espero que se quede por mucho tiempo. Ya era hora, nos la merecemos con creces.

Hace tiempo hablé de nuestra situación laboral en este blog, y por fin hoy puedo decir que eso se ha acabado, que se abre una nueva puerta ante nuestros ojos que da a un camino donde brilla el sol y por lo pronto no hay nubes a la vista. Si miramos hacia atrás dejamos un cielo grisáceo, cubierto, donde chispea muy a menudo y caen chaparrones de gotas gordas cuando menos lo esperas. El sol brilla, sí, pero su luz es tan tenue que casi no se percibe.

Hemos aprendido muchísimo en esta etapa que cerramos, y eso no se puede negar. Tal y como los presos que valoran el aprendizaje de la cárcel y salen renovados de su opresión, nosotros dejamos esta senda con un gran aprendizaje a la espalda, muchas lágrimas que han traído lecciones de vida, y muchos valores que ya teníamos pero hemos acentuado mucho más.

Pero por fin, después de 6 largos años estoy escribiendo estas palabras de esperanza, por fin vamos a vivir un poco mejor, vamos a tener dos días libres a la semana (¡no me lo creo!), vamos a poder ser una familia de verdad.

Mi marido está feliz, no hay más que verle. El ramo es el mismo, la actividad a desempeñar es la misma, pero es la que dice el nuevo contrato, ya no tiene que cubrir tres puestos diferentes como antes (con el mismo sueldo, por supuesto). Pero es mejor, es lo que siempre ha deseado, es un buen salto en su carrera profesional.

Yo estoy feliz, muy feliz por todo lo que viene, pero sobre todo por él. Por fin después de tanto tiempo sus esfuerzos y sus lágrimas tienen recompensa. Por fin va a hacer aquello que ama, va a salir feliz de casa todos los días, y va a entrar con buena cara. Así pinta, esperemos que así sea.

Atrás quedaron 6 años donde su rostro se fue demacrando y su cuerpo se fue consumiendo hasta perder casi 40 kilos de peso sólo por trabajo. Atrás quedó la sensación de ser un toro repleto de ilusiones camino al matadero. Ahora saldrá feliz, con buena cara, orgulloso de lo que va a hacer y de saber que se lleva muy buenos halagos de donde sale. Porque no es para menos, los merece con creces.

A partir de mañana daremos un giro, un buen giro, y no puedo decir más que es cierto eso de que “la vida aprieta pero no ahoga”.

A veces aprieta demasiado, se olvida de aflojar la cuerda y no nos queda otra que tratar de seguir nadando hacia la orilla con el agua llegando a la nariz, mientras parece que la orilla cada vez se aleja más. Lo se, lo hemos vivido, lo hemos sufrido durante 6 largos años. Toda una vida.

Pero de repente un día la soga empieza a aflojar, sin darte cuenta el nudo que te ahogaba la garganta se va soltando, y poco a poco sus hilos se van deshaciendo. La cuerda pierde fuerza, se rompe y cae al suelo con un leve rebote al llegar. Ahí queda tirada, sin vida, sin esa fuerza que muchas veces nos hizo casi perder la razón, y es hora de levantar el pie, cruzar al otro lado de la cuerda y seguir el camino con la cabeza bien alta sin mirar atrás.

Hemos llegado, por fin, a la otra orilla.

Bienvenidos a un nuevo mundo.

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