Estigmas sociales

Hace años, en la carrera, tuve una profesora que jamás olvidaré. No sólo porque es de estas personas que te remueven por dentro y te hacen aprender mucho más allá del temario, sino porque para mí ha sido una de las pocas personas que he tenido al frente en una clase y que me ha marcado tanto que, aún hoy, la sigo recordando con cariño.

De ella aprendí muchas cosas que hoy veo por la calle y hacen que me hierva la sangre, tal como ella expresaba cuando se explicaba. Y son los estigmas sociales.

Estoy harta de que alguien me hable de Fulanito que tiene “un niño que no es normal”, de Menganita la que tiene “una hermana enfermita, ay la pobre”, o de Pepe y Pepa que tanto lucharon para ser padres y mira tú “Dios los castigó con un niño mongólico”.

Uff..me sale humo por las orejas, de verdad, y ganas de darle cuatro gritos a quienes sueltan estas burradas.

Odio que las palabras “sordo”, “ciego” o “discapacitado” estén tan extendidas en la sociedad porque pocas cosas me chirrían tanto como las etiquetas, y más las despectivas. Porque lo son.

Una persona que tiene sordera es algo más que eso, puede ser inteligente, alta, baja, rubia, morena, celosa o nerviosa. Y lo mejor de todo: tiene nombre. No nos quedemos sólo con esa característica que le distingue y le minimiza en la sociedad.

Una persona que lleva una silla de ruedas ocupa más espacio en el metro, en el baño o en la caja de un supermercado, eso es cierto y es lógica pura, pero no por eso hay que mirarle con pena, ni hay que darle paso por lástima, o ayudarle sin que te lo haya pedido o veas que realmente está apurado.

Una persona que utiliza una silla de ruedas lo hace porque sus piernas no tienen la misma fuerza que las tuyas, o quizás no le funcionan, pero en todo lo demás es igualito a ti. ¿A que sorprende? Piensa, siente, se esfuerza, se pone metas, y quiere superarse constantemente igual que tú. Incluso, se desplaza como tú, solo que tú vas a pies y esa persona viaja sentada. No des por hecho que si va en silla de ruedas necesita tu ayuda, y no le des paso en la cola por lástima. No lo hagas si no lo harías con cualquier otra persona. Que una característica física o mental no te dé la capacidad de hacer sentir inferior a nadie. Esa persona por lo general querrá intentarlo sola y, si ves que realmente no puede, sólo entonces ofrece tu ayuda, pero no te metas de entrada a llevarle las bolsas e insistir hasta casi obligarle a dejarte que le ayudes porque se puede ofender. Recuerda: a nadie le gusta que le digan que no es capaz de hacer algo.

El problema viene cuando la sociedad “intenta” integrar a las personas con alguna característica diferente. Y digo característica porque es sólo eso, un rasgo más. Y digo “intenta”, porque sólo se queda en eso.

Para que una persona con silla de ruedas pueda comprar sola en un supermercado, no basta con hacer una caja con un pasillo más ancho y “especial para ellos”, hay que hacer todas las cajas con la misma amplitud en el pasillo para que esa persona pueda pagar por la caja que le dé la gana. Porque no estás ayudando, la estás discriminando igual: “tú por esta caja, por las demás no cabes porque eres diferente”. Tampoco es suficiente poner una rampa a la salida del supermercado y listo, es importante y esencial que esa rampa cumpla los requisitos que debe tener. Y es que he visto algunas que como alguien tenga los bemoles de bajar por ella en silla de ruedas le hago la ola. Creo que mi hijo se ha tirado por toboganes con una pendiente similar.

Yo se que no es sencillo el cambio, pero hay que tener en cuenta que todos somos diferentes y tenemos el mismo derecho a acceder a todos los servicios que una empresa nos ofrece, por tanto, hay que pararse a pensar y diseñar las cosas adaptables a todo tipo de personas. Hay muchos nuevos comercios, centros comerciales y servicios que están teniendo en cuenta a todo tipo de personas y respondiendo a sus necesidades de buena forma, pero en muchos otros sitios el intento no sólo se queda en eso, sino que denigra todavía más.

El claro ejemplo  de esto para mí es un supermercado a pie de calle en el que yo misma he comprado, que tiene varios escalones (al menos 10) para llegar, y lo solucionan poniendo un “ascensor” para silla de ruedas o carrito, pero que para utilizarlo tienes que llamar a un trabajador. Es decir, que para salir bien porque te ven, pero para entrar tienes que esperar que alguien pase por la calle y te haga el favor de subir y llamar a un empleado para que te active el ascensor y puedas subir y entrar a comprar. Muy práctico, sí.

Este tipo de cosas son las que me molestan, cuando se intenta pero se quedan a medias o lo empeoran todavía más. Todo el mundo puede hacer cosas para las que tú tienes que pedir ayuda pese a tener una herramienta disponible pero inalcanzable igualmente. Me parece muy triste y horroroso.

Como todo en la vida, sería esencial pedir opinión a todo tipo de personas, hablar con posibles futuros clientes de todo tipo y preguntar qué servicios básicos sienten necesarios a la hora de hacer una buena compra o recibir un buen servicio si van solos. Para mí, es tan sencillo como eso.

No es fácil vivir en sociedad con tantos tipos de opinión y gente mirándote por el rabillo del ojo porque te falta una pierna o porque cojeas. La sociedad no está preparada para asimilar, para aceptar, para incluir, y mucho menos para respetar a todo el que “se sale” de la norma establecida.

No caigamos en eso, merecemos un mundo mejor y nuestros hijos son el mejor reflejo de ello. Yo quiero que mis hijos vivan en un mundo más amable, así que la primera tarea que tengo es enseñarles a ser amables. Porque debemos dejarles un mundo mejor, así que empecemos por dejar mejores hijos en el mundo que inicien el cambio.

Seamos ejemplo y enseñemos a ver pureza en los demás, a querer a la gente por como es y no por lo que te pueda aportar, y lo más importante, no enseñemos que todos somos iguales, eso es un error.

Enseñemos que todos somos diferentes, a cual más complejo, y que es ahí donde radica la verdadera belleza de la vida. Porque el mundo es muy grande y hay hueco para todos seamos como seamos.

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