¿Cómo manejar la llegada de un hermano?

Algo que me daba muchas vueltas en la cabeza durante el embarazo fue el encuentro entre mi Terremoto y su hermano. Pienso que las primeras veces son fundamentales en todo, y por tanto en este tema quería hacerlo bien por mi Terremoto. Pero la logística de tener un segundo hijo no afectaba solo al momento de conocerle, sino a todo lo referente con el hermanito.

La gran noticia

Para empezar, mi hijo fue el primero en saber que su hermano venía en camino. Con 5 semanas de embarazo, sin siquiera haber ido al médico, sólo con el resultado del test de orina, le dimos la gran noticia. Estábamos buscando embarazo, y ya desde entonces habíamos hablado con él de si le gustaría tener un bebé en casa, de si querría que fuera niño o niña… Así que cuando ya era real, cuando ya estaba en camino, queríamos que él fuera el primero en saberlo.

Y la razón fue simple, pese a no tener barriga ni nada físico para que él entendiera mejor, queríamos que lo supiera antes que nadie, porque no nos gustaba la idea de que alguien del entorno le dijera “¡ay que vas a tener un hermanito!” y él sin enterarse. Siempre le hemos hablado con la verdad, y en este caso no hacerlo así nos sonaba a traición por nuestra parte.

Durante el embarazo

Además de eso nos acompañó a todas las citas médicas y ecografías del embarazo. Él no entendía mucho lo que había en la pantalla, pero le encantaba escuchar el corazón de su hermano.

Queríamos que nuestro hijo participara en todo lo posible para preparar la llegada de su hermano, para que sintiera al bebé tan suyo como nuestro. Por eso, cuando llegó el momento de hacer compras para nuestro pequeño nos ayudaba a elegir. Por ejemplo le decía:  “necesitamos tres biberones y hay estos cinco modelos, elige tú los tres que más te gusten”. Y esos cogimos, sin más. Al comprarle ropa yo elegí algunas prendas, su padre otras y él otras dentro de una selección previa.

Dejamos claro desde el primer momento que lo que venía era “un bebé” y no “un hermanito para jugar”, porque un recién nacido juega más bien poco. Nuestra intención era evitarle desencantos, que no esperara un niño como él y de repente se encontrara a alguien que sólo come y duerme. Por eso vimos algún vídeo de recién nacidos (sobre todo en los canales de maternidad y familia que veo en Youtube), y le explicamos claramente que había que hacerle todo y aprender lo que necesitaba en cada momento, que si lloraba iba a ser porque necesitaba algo y que no podía hablar como nosotros para comunicarse. Básicamente, que la idea de un recién nacido fuera real y no se encontrara con algo que no esperaba.

Lo que queríamos era que nuestro hijo sintiera la presencia de su hermano desde antes de llegar, que pensara en él como nosotros, que decidiera cosas importantes y que formara parte de todo dentro de lo posible. Al fin y al cabo llegaba un bebé a la familia y todos teníamos que cuidarle.

La estancia en el hospital

La preparación al parto la hicimos bastante antes de que se diera. Le contamos que él pasaría unos días con mi madre en su casa cuando yo estuviera en el hospital, y se lo tomó de maravilla porque le encanta estar con ella. De no ser así le hubiéramos dejado con la persona de su mayor confianza. Además de eso le preguntamos, ya en la recta final del embarazo, si prefería que papá se quedara en el hospital conmigo o que fuera a dormir con él a casa de la abuela. Esto lo hicimos porque él duerme con nosotros, más concretamente abrazado a su padre, y no queríamos que se sintiera desplazado en esos momentos. Sin embargo su respuesta fue clara: “papá se queda con mamá en el hospital por si necesita ayuda con mi hermanito, y yo me quedo con abuela”. Dicho y hecho.

Semanas antes de dar a luz le compramos un regalito, algo que sabíamos que le iba a hacer muchísima ilusión para que su hermano se lo regalara. Como mi Terremoto es muy maduro para su edad y no se iba a tragar el cuento de que su hermano trajo un regalo desde la barriga de su madre, le dijimos lo mismo que unos meses atrás cuando le compramos un peluche por sorpresa, y es que al verlo en la tienda su hermano me dio una patada y entendimos que ese regalo le gustaba para él. Ese peluche es, por eso, el más especial de todos para él, así que usamos la misma técnica con el regalo. Yo le preparé una carta hecha como si la escribiera su hermano, contándole lo bien que se sentía porque ya podía conocerlo, lo mucho que se alegraba de ya estar aquí, y un poco poniéndole como el gran ejemplo a seguir (“quiero que me enseñes tus canciones del cole, y aprender todo lo que tú sabes…”).

Llega el momento de conocerle

Hablamos también con la familia para que respetaran que él fuera el primero en conocer a su hermanito, y no sólo eso, sino que no hubiera nadie en la habitación del hospital en ese momento, para que no se sintiera cohibido y se expresara como sentía. Y así se hizo.

Al día siguiente de nacer su hermano (porque nació a las 18h y cuando llegamos a la habitación ya no podían subir visitas) mi marido fue a recogerle y le trajo el primero para conocer a su hermano. Y en el momento del primer encuentro no hicimos absolutamente nada. Ni “dale un beso”, ni “mira qué bonito es”, ni “¿quieres cogerle?”, ni “mira sus manitas”…, nada.

Antes que ellos llegaran puse a mi pequeño en mi cama para que estuviera “en terreno neutral”, ni en mis brazos ni en la cuna (porque era demasiado alta para que mi Terremoto llegara a tocarle), y esperé impaciente. En ese momento ya estaba sola en la habitación porque mi compañera se había ido de alta, así que todo estaba saliendo redondo.

Cuando llegaron, mi Terremoto se fue directo a su hermano, con la sonrisa de oreja a oreja y no hacía sino sonreír y darle los besos que nadie le dijo que le diera. Le dejamos sentir en todo momento, vigilando que le tratara con cuidado y explicándole porqué había que tener cuidado, eso sí, pero sin guiarle ni invitarle a nada. Tan sólo le pregunté qué le parecía y si se lo había imaginado así, y su respuesta fue “es muy bonito y tiene la nariz chiquitita”. Yo moría de amor con cada gesto.

Al volver a casaitodo fue igual, le cogió cuando pidió hacerlo, ayudó a darle de comer cuando él quiso hacerlo, le lavó todos los biberones que quiso, ayudó a bañarle cuando quiso…

Todo esto no lo leí en ningún sitio, fue instinto puro, pero días después me topé con un artículo que hablaba de la importancia de este momento y darle al mayor el valor y el tiempo que se merece.

Por nuestra parte puedo decir que la acogida no pudo ser mejor, mi Terremoto se desvive por su hermano, por tranquilizarle cuando llora, por darle todos los besos posibles y cantarle todas las canciones y leerle todos los cuentos del mundo. Y me encanta verles así.

Por su parte el pequeño, pese a no tener aún un mes de vida, se vuelve loco viéndole pasar, mirándole atentamente y escuchándole.

Y a mi se me cae la baba con las escenas que me regalan día a día. Siento que sin saber y sólo dejándonos llevar lo hicimos de la mejor forma posible.

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