Mi segundo parto

Vuelvo por aquí después de días sin publicar nada, pero si me sigues por las redes ya sabrás el motivo, y es que mi Pequeño Guerrero por fin está en casa con nosotros tras un embarazo de 41 semanas y 2 días que parecía interminable.

Dado que mi pequeño no se animaba a nacer, ya tenía preparado el ingreso para inducir el parto el día 6 de marzo, cuando cumplía las 42 semanas. Tenía terror de que esto ocurriera, ya no sólo porque no quería pasar por una inducción, sino porque justo ese día era el cumpleaños de mi Terremoto y quería estar con él, además de que teníamos ya planificado su gran día.

La angustia viendo que los días pasaban y no tenía síntoma de nada era indescriptible, pero por fortuna el miércoles 1 de marzo me despertaron las contracciones a las 5:10 de la mañana. Mi felicidad era incontrolable, tanto como las contracciones tan dolorosas que tenía cada 2-3 minutos, y es que la alegría de saber que no llegaríamos a la inducción y que mi Terremoto iba a poder disfrutar de su gran día como deseábamos podía con todo.

Como me habían dicho que el segundo parto siempre es más rápido, decidí despertar a mi marido, prepararnos y salir para el hospital. Llamé a mis padres para encontrarnos allí y que se llevaran a mi Terremoto para su casa, y según esperaba, ya quedarme en el hospital.

Así lo hicimos, pero al llegar y explorarme vieron que sólo tenía 1 cm de dilatación (igual que el día anterior que tuvimos ecografía), así que después de decirme claramente aunque con otras palabras “vale que tengas las contracciones tan seguidas pero no tienes cara ni actitud de mujer que está de parto y de estar sufriendo de dolor” me enviaron para casa (-por favor, inserte aquí qué cara y actitud tiene una mujer de parto para yo entender mejor-).

Me dijeron que regresara cuando las tuviera más seguidas y regulares, pero si hubiera esperado por eso no hubiera llegado al hospital porque, al igual que en mi primer parto las contracciones nunca se regularon. En este caso lo que hicieron fue aumentar en duración y en intensidad de dolor, pero siguieron siendo cada 2-3 minutos durante 12h más.

Entre medias y con un par de narices me fui a la peluquería a lavarme el pelo, pues tenía que habérmelo lavado el día anterior y sólo pensaba en que iba a estar dos días más con el pelo sucio y eso me incomoda una barbaridad. Llamé a mi peluquera de confianza que me atendió en media hora y ya me fui tranquila a casa de mis padres, donde aguanté, como pude, hasta las 16:00h.

Fue en ese momento que ya no podía soportarlas, sentía que me partían en dos y no aguantaba mucho más, así que me despedí de mi Terremoto con lágrimas en los ojos (suerte que él dormía y no se enteró de nada) y nos fuimos mi marido y yo de vuelta al hospital. Llegamos alrededor de las 17:00h y tardaron una media hora más en verme. Al entrar y explorarme ya estaba de 5cm así que respiré tranquila porque sabía que ya no me iba de vuelta a casa. Me dijeron que ya iba para paritorio pero como estaban ocupados primero pasaría a una sala de espera donde podía ducharme si quería, y en cuanto hubiera uno libre me pasaban. Llamé a mi marido para que trajera el bolso del coche y ya tener todo preparado.

Pero al llegar a la sala de espera dijeron que ya había un paritorio libre así que me enviaron directamente para allá.

Nada más entrar a paritorio y conocer a mi matrona Vanesa, Laura la chica de prácticas y Elsa la asistente de paritorio me senté en el borde de la cama mientras la matrona me ponía las correas para monitorizarme. Eran las 17:35h.

Dos minutos después de ponerme las correas mi pequeño guerrero se revolvió, pegó una patada fuerte y sentí líquido salir sin control. La bolsa estaba rota. Inmediatamente sentí unas ganas tremendas de empujar y gritar a la vez, se lo dije a mi matrona y además de mirarme con asombro me dijo que hiciera lo que me hacía sentir más cómoda, y si quería empujar, adelante.

Ellas no tenían nada preparado, así que mientras intentaban localizar a mi marido y ellas tres casi corrían por el paritorio poniéndose gorros, guantes y preparando todo, yo empujaba en la cama, agarrada al cabecero y gritando con el alma. Juro que en mi vida había gritado así, porque no era un grito de  garganta, me salía del vientre literalmente.

Pocos minutos después por fin entró mi marido, cuando ya empezaba a asomar la cabeza de nuestro pequeño. Unos pocos pujos más y a las 17:53h por fin le tuve encima.

Fue un parto impactante, increíble, salvaje, lleno de vida, donde conecté con lo más hondo de mí misma. Me veía desde arriba allí sola en la cama, sin ayuda, sin consejos, sin nadie más que mi pequeño y yo en sincronía para hacer realidad un momento único. No hizo falta la ayuda de nadie, lo hicimos solos él y yo. Unidos desde el principio y hasta el final.

Jamás pensé que yo pudiera vivir un parto así, tan salvaje, tan natural, tan real. Sin epidural, sin episiotomía, sin tiempo a pensar. Tenía muchas espinas clavadas de mi primer parto, muchos momentos que por mis miedos y por expectativas que no fueron reales se me quedaron muy dentro y me impidieron conectar con mi hijo desde el primer momento.

La gran diferencia entre un parto y otro fue que en el primero yo tuve que empujar para que mi hijo saliera, y aunque fue un parto corto, se me hizo interminable, horriblemente doloroso pese a tener epidural, y más angustioso de lo que me esperaba. Sin embargo esta vez sentí que mi hijo empujaba para salir y yo sólo tenía que ayudarle. Fue un parto tan bestia que sentía que él podría salir casi sin yo hacer nada, porque las contracciones me doblaban de forma salvaje sin poderlo evitar. Y es que los únicos adjetivos que se me ocurren para describir lo que viví son esos: “bestia” y “salvaje”.

En sólo 20 minutos de parto, con 3kg 55gr y 50cm, mi pequeño guerrero llegó tal cual, como un auténtico guerrero, para enseñarme que puedo confiar en mí misma, para demostrarme que yo también soy capaz de parir de forma natural y sola, y para ayudarme a que me reconciliara con ese primer parto que tan mal grabado se me quedó en el alma.

Ahora me siento otra, totalmente diferente a la que era hace tan sólo 10 días, mucho más conectada con mi bebé, conmigo misma, con mi instinto de madre leona y con mi familia. Siento que puedo con todo lo que me echen sólo por lo que hice entre aquellas cuatro paredes que me devolvieron la confianza en mí misma. Tengo ganas de vivir esta segunda maternidad y de vivirla bonita, sin miedos, con el instinto que tanto me faltó la primera vez y con ganas de pelear por mis hijos y llevar las riendas. Sé que esta vez todo va a ser diferente, porque esta vez se que SÍ PUEDO.

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