Segundo embarazo: la recta final

37 semanas cumplidas y ya no quepo en mí de las ansias por terminar este embarazo. Tengo sentimientos encontrados, porque este será mi último embarazo, por lo pronto y con casi toda seguridad, aquí se cierra la fábrica, y debería estar aprovechando estas últimas semanas a toda costa.

Pero no es así. Me siento feliz con mi estado, no me malinterpretes, pero en este embarazo me ha pasado de todo y me siento ya agotada anímicamente. No sólo se trata de las náuseas que han ido y venido durante todo el embarazo; ni los ascos, la sensación de ahogo y la aversión a ciertas comidas y olores; tampoco se trata del ácido que me ha atacado durante todo el embarazo; ni del cólico nefrítico de las 20 semanas, la diarrea de las 29 o los tres meses seguidos resfriada. Se trata de un cúmulo de todo eso y del cansancio físico que tengo encima, pero sobre todo, de llevar casi nueve meses sintiéndome un despojo humano con cero energías y vitalidad para cumplir con lo que tengo que cumplir.

Tengo que agradecer al marido que tengo, que se ha encargado de todo lo que yo no he podido hacer y me ha liberado mucho de esa carga psicológica al sentirme eso, una carga, pero por otro lado me he sentido una completa inútil muchas veces en el embarazo. Creo que no exagero si digo que más de la mitad del embarazo me la he pasado prácticamente en cama, acostada de lado para hacer frente a náuseas, ahogos, incomodidades estomacales, dolores de espalda, ácido…, y todo ello me ha pasado factura.

Me encanta mi barriguita, pequeña y cómoda de transportar, me encanta cómo ha respondido mi cuerpo a este embarazo, sorprendiéndome una vez más, y me encanta sentir a mi pequeño guerrero dentro de mí, pero ya estoy cansada. Quiero que nazca ya.

No sólo porque quiero conocerle ya, tengo ansias por verle y aprender también de él como aprendo día a día de mi Terremoto, sino también porque quiero volver a sentirme bien físicamente, sin malestares constantes. Sobre todo por eso. Desde hace casi 9 meses no han dejado de pasarme cosas, y estoy deseando volver a ser “la de siempre”. Que no lo voy a ser, lo se, pero necesito volver a sentirme capaz y útil para limpiar la casa cuando la veo sucia, con energías para jugar con mi Terremoto por las tardes, con ánimos para llevarle al parque y con fuerzas para encargarme de todo lo que es mi parte día a día.

Además de eso tengo ganas de vivir mi bi-maternidad, de empezar a disfrutar de los buenos momentos juntos, de tener a mi marido en casa 4 semanas de permiso por paternidad y desconectar de todo lo de fuera centrándonos sólo en nuestra familia, de que mi Terremoto y su hermano empiecen a entablar una relación, de adaptarnos todos a nuestra nueva vida y de vivir esta nueva etapa que se nos presenta en lo bueno y en lo menos bueno.

Tengo mucha curiosidad por ver a mi pequeño guerrero y saber a quién se parecerá. No es que me quite el sueño, pues no tengo preferencias, pero ya no es como en la primera vez en que la duda era “¿se parecerá a su padre o a mí?”, ahora hay un tercer miembro en la familia y mi curiosidad es cómo va a jugar la genética esta vez. ¿Volverá a predominar el físico paterno y volverá mi marido a tener otro “miniyo”?, ¿se parecerá a mí?, ¿estará mezclado?, ¿tendrá rasgos y gestos de su hermano?, ¿nos sorprenderá la genética con un físico que no se corresponda con ninguno de la casa? Me intriga muchísimo saber cómo va a ser.

Cabe añadir que mi marido y yo tenemos físicos completamente diferentes, él es moreno de piel, de pelo y ojos oscuros y enormes pestañas; mientras que yo tengo piel y ojos claros y pelo rubio. Mi Terremoto es un clon absoluto de su padre, y tengo curiosidad de ver cómo va a jugar la genética ahora con mi pequeño guerrero por eso mismo.

Estas últimas semanas, si ya son lentas de por sí porque desde las 36 ya no hay riesgo de parto prematuro y el bebé puede nacer en cualquier momento, se me están haciendo especialmente lentas porque constantemente estoy pensando en lo mismo, en el momento del parto. No es como la primera vez, no tengo “miedo” al parto ni a verme sin mi marido en ese momento, puesto que en mi primer embarazo mi gran preocupación era llamarle y que no llegara a tiempo para entrar conmigo a paritorio, pues su apoyo y presencia son fundamentales para mi. Ahora también lo es, por supuesto, y quiero que esté conmigo y que vea nacer a su segundo hijo tal y como pudo experimentar con el primero, pero mi mente no piensa en eso, sino en el momento en que se desencadene el parto.

Tengo tan metido en la mente, y estoy tan concienciada de que el segundo parto en teoría es más rápido que el primero (que igual luego no va a ser así pero mi mente está convencida de que va a ser mucho más rápido), que mi miedo es empezar con contracciones o romper bolsa de forma espontánea y que todo se acelere cuando mi Terremoto está en el colegio, yo en casa y mi marido trabajando. Estamos solos donde vivimos, la logística depende de nosotros totalmente, y me da apuro pensar que no llegaremos a tiempo. Empezando porque mi marido trabaja en carretera y no se dónde le puede pillar el momento, si cerca o lejos de casa. Pero curiosamente, conforme avanzan las semanas me siento más tranquila y confiada que antes. Desde la semana 34 tengo el mismo runrún en la mente, pero parece que ya ahora, no se porqué, voy ganando confianza en la situación y en que mi pequeño guerrero escogerá un buen momento para nacer. Hay muchos momentos buenos en que podría empezar todo: una noche, cuando mi marido está al llegar, cuando ha terminado su último viaje y vuelve a la empresa, cuando mi Terremoto ya ha salido del cole y está en casa, un miércoles que papá libra, un fin de semana que el peque está en casa… pero hay unos pocos momentos en que la logística sería complicada y me inquieta que escoja esos.

Lo bueno de todo es que en dos semanas, entrando en la semana 39 mi marido coge vacaciones, y sería genial que nuestro pequeño quisiera esperar hasta ese momento. Si es así, ya no tengo problema alguno, pero si no, sólo me queda esperar a que escoja un momento en que la logística no sea tan compleja.

Sea como sea, poco a poco me voy quedando más tranquila conforme se acerca el momento, me voy sintiendo más confiada con la situación y estoy convencida de que, elija el momento que elija, todo va a salir bien, y pronto seremos una familia de cinco (el perro siempre cuenta) tal y como siempre soñé.

Por lo pronto sólo queda esperar, con los roperos llenos de cosas para nuestro pequeño, con el alma llena de ilusiones, con el corazón a reventar de amor y con ansias, muchas ansias de verle, abrazarle y empezar a conocerle. A ver qué regalo nos tiene preparado el destino esta vez.

Empieza la verdadera cuenta atrás! …

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