La etapa de los 3 a los 4 años

Hemos cumplido 3 años y 8 meses juntos, y vivir la aventura no está siendo sencillo. Desde hace unos meses, sobre todo desde el verano y con más énfasis desde que mi Terremoto entró en el colegio, la convivencia se hace complicada.

Está en una etapa de autodefinición extrema, y su afán por sentar sus propias bases en absolutamente todos los temas del día nos sacan del juego muchas veces.

En casa confiamos mucho en la educación respetuosa y es lo que intentamos llevar por bandera siempre. Y digo intentamos porque todo esto también es un proceso continuo para nosotros y no es fácil mantener el ritmo y la sonrisa durante las 24h del día. Hay muchos factores en juego que muchas veces nos tambalean los esquemas (cansancio, problemas económicos, asuntos de salud, rutinas, o simplemente el día que tengamos encima) pero siempre intentamos volver al camino y mejorar. Se que son situaciones que no incumben a nuestro hijo, pero sí a nosotros, y afectan a la armonía familiar por mucho que no queramos.

Pero al fin y al cabo todo es un aprendizaje continuo, para él y para nosotros también.

En esta fase de autodefinición personal el gran protagonista es el “yo solito” y también el “yo lo hago”. Es decir, no sólo quiere hacer cosas nuevas por sí solo sino que también quiere hacer él las que hasta ahora eran tarea nuestra.

Evidentemente hay cosas que no puede hacer por el peligro que suponen, pero por lo general le dejamos probar en las que no hay problema.

Ahora que me he adentrado en esta etapa recuerdo cuando me decían que los niños “echan pulsos” constantemente, y me doy cuenta de que es cierto, pero yo no lo veo como algo malo (aunque me desquicie a veces..).

Lo veo como una forma de poner a prueba a cada persona que le rodea para ver qué cosas puede hacer o qué no según la persona con la que esté.

Por poner un ejemplo, él sabe que en casa puede jugar con lo que quiera (que no suponga peligro) pero en casa de los abuemos maternos tiene que tener cuidado porque hay figuras que se rompen. O que por ejemplo su padre le puede subir a caballito todas las veces que quiera, pero yo no por mis problemas de espalda. Y a esa conclusión solo se puede llegar probando y viendo la reacción de los demás.

Por eso, no me lo tomo como un ataque hacia mí, sino como parte del proceso, aunque hay cosas que se le permiten y cosas que no.

Me parece fundamental en esta etapa establecer unos límites claros, pocos, pero tienen que existir. Que ellos sepan que hay momentos para una cosa y momentos para otra (por ejemplo cuando estamos en el parque se puede gritar pero no cuando estamos en una sala de espera), o que hay cosas que puede elegir si hacerlas o no, o cuando, y otras que no son negociables.

Por ejemplo, hace dos semanas mi Terremoto tuvo principio de infección de oídos y estuvo con antibióticos 10 días. La medicina aunque no era mala no le gustaba, y eso es respetable, pero no es negociable y tiene que tomarla sí o sí. Lo que podemos hacer es encontrar la forma de que tomarla sea más sencillo. Era un jarabe, y probamos varias opciones: diluido en agua para beber a sorbos, para beber con pajita, directamente de la cuchara… Y él por su propia cuenta eligió tomarselo puro de la cuchara, pues eso hacemos. Eso sí, le preguntábamos siempre antes cómo lo quería tomar.

Otra cosa que nos ocurre es que intenta “controlar” la situación,  diciéndonos por ejemplo quien se baña antes que quien. No es que sea problema, pero sí cuando lo extrapola a “sí me baño, pero cuando se bañe papá” y resulta que no solo es tarde para acostarse ya sino que encima papá ya está bañado de hace unas horas. Es decir, una situación que no es viable y que nos cuesta hacerle entender, y sobre todo, que ceda.

De por sí mi hijo no es fácil de convencer, nunca fue un niño fácil de distraer o de guiar, y menos va a serlo ahora que ha descubierto que puede oponerse y decidir aún más que antes. Así que tratar los conflictos no es sencillo. Además es muy de rizar el rizo, de darle vueltas a las cosas y de girarte la conversación varias veces tratando de convencerte de su argumento, que ya tú das por válido, pero sin escuchar el tuyo, lo que muchas veces suele desembocar en enfados por su parte o por la nuestra.

Lo que sí tenemos claro desde el principio de los principios mi MaridoBello y yo es que en esto de la crianza tenemos que trazar juntos el mismo camino, en el sentido de que los dos tengamos claro lo que le vamos a permitir y lo que no, y cómo vamos a proceder ante ciertas situaciones. Es por eso que siempre que notamos que nos estamos adentrando en una nueva fase buscamos un rato a solas para sentarnos a hablar y buscar juntos el camino a seguir.

Esto es algo que me parece fundamental porque nos da seguridad a la hora de proceder cuando surge un conflicto, pero sobre todo le da seguridad a nuestro hijo, pues él nota que la guía es la misma con su padre que conmigo y que ambos le vamos a permitir o negar lo mismo. De esta forma él entiende mejor las cosas.

Así que en esas estamos ahora, viviendo una etapa un tanto tormentosa pero a la que intentamos adaptarnos día a día. Lo importante es tener claro que es una etapa, y que hay que aprovecharla para obtener lo mejor de ella y que tan pronto como vino se irá sin darnos cuenta.

¿Has vivido estas fases de difícil equilibrio? ¿Cómo manejas los momentos conflictivos con tus hijos? ¡Cuéntame en los comentarios!

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