Vamos a tener otro niño

Así es. Pese a que todo parecía apuntar hacia lo contrario, y a que mi Terremoto estuviera de lo más convencido de que iba a ser una niña, nuestro segundo hijo es un chico.

Mentiría si dijera que no me siento un poco desilusionada con la idea de no tener una niña, pero si nuestro bebé decidió ser chico será por algo. Estamos muy ilusionados con la idea de tener otro chico, porque aunque en el plano organizativo o educativo nada cambia por tener un niño o una niña, sí es cierto que para confesiones y ciertos temas te entiendes mejor con alguien de tu mismo género. Y es algo positivo para ellos porque llegados a cierta edad podrán compartir emociones y sentimientos similares.

Si hubiera sido una niña, igualmente iban a compartir habitación hasta que uno de los dos necesitara su espacio por razones lógicas (de estudio por ejemplo), e igualmente íbamos a educarles a ambos en las mismas condiciones, mismos derechos, mismos beneficios y mismas oportunidades.

Es por eso por lo que me molesta un poco que la gente de mi entorno reciba con desilusión la noticia porque “no vamos a tener la parejita”, ya que hemos dicho que nos plantamos con dos hijos, y que luego lo compensen diciendo “pero bueno, al menos se van a entender mejor y así pueden compartir más cosas, la ropa y sobre todo habitación”.

Que sí, que va a ser una ventaja en algunos sentidos, pero aún no entiendo porqué una niña no podría aprovechar la ropa de bebé de su hermano. ¿Necesariamente las niñas tienen que ir de rosa absoluto, o está permitido que utilicen también grises, amarillos, marrones, verdes, azules, blancos, y todo tipo de colores? No se, yo creía que sí, pero parece que mi entorno no lo tiene tan claro.

Pero no nos afecta. Si hubiera sido una niña hubiera aprovechado todo lo aprovechable, pero bueno no ha sido así e igualmente estamos muy contentos con que nuestro chico nos haya elegido a nosotros y, sobre todo, con saber que todo marcha perfectamente. Hace poco hemos tenido la ecografía morfológica y ha sido todo un alivio saber que después de todo lo que me ha pasado a mí, nuestro pequeño guerrero está perfectamente bien. Y eso es lo fundamental.

Nuestro segundo hijo será quien quiera ser, amará a quien quiera amar, se dedicará a lo que desee y, por supuesto, será querido y valorado tal y como sea. Porque para mí el género no es razón alguna para tratar de una forma o de otra a una persona, mucho menos lo es para educar de forma diferente a mis hijos.

En este caso, mis chicos crecerán bajo el valor de la familia y del respeto, aprenderán a valorar las opiniones y pensamientos ajenos tal y como se valoran los suyos en casa, aprenderán a colaborar en todas las labores que conciernen el cuidado y mantenimiento de la casa y la familia (menos el plano económico, librémosles de eso por lo pronto 😀 ) y serán personas en el futuro capaces de luchar por sus objetivos y de hacer valorar sus derechos. Y eso es algo que igualmente hubiera sido así, fuera cual fuera el género de mis hijos.

Me hace ilusión vivir esta nueva etapa que nos espera, ver cómo se reciben y cómo va surgiendo la relación entre hermanos, ir viendo el carácter de mi pequeño y comprobar a quién se va pareciendo (si a su padre, a mí o a su hermano). Seguro que en algunas situaciones me entenderé más con uno que con otro, probablemente uno de los dos necesite más mi ayuda que el otro para ciertas cosas, y quizás uno prefiera más a su padre y otro más a mí para algunas otras.

No se cómo va a ser mi vida a partir de su nacimiento, pero se que me quedan muchas experiencias por vivir, muchos momentos por disfrutar y muchas oportunidades para aprender, aún más, en este maravilloso camino que es la maternidad.

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