Mi hijo va a empezar el colegio, y así me siento

Escribo este post a una semana de la tan temida entrada al colegio por primera vez, y tengo muchos sentimientos encontrados con respecto a esta nueva etapa que estamos a punto de vivir.

Por un lado, quiero que mi hijo entre al colegio porque en casa ya se aburre. Tiene 3 años y medio, es un niño muy vivo que necesita mucho estímulo, y estos dos últimos meses se nos han hecho especialmente difíciles. Yo estoy lidiando con las náuseas, ácido, ascos y mareos tan intensos que me está regalando este segundo embarazo, y como tal lo único que me pide el cuerpo es estar tirada en la cama, a ser posible con los ojos cerrados y el ventilador puesto. Es por esto que pocos planes puedo hacer con mi hijo fuera de casa, por no decir ninguno, y esto unido a que papá está trabajando 9-10 horas diarias, hacen un cóctel un poco intenso.

Pero aún así, por mucho que saliéramos a diario, me doy cuenta de que mi hijo está en una etapa en que necesita de otros niños. Es ahora cuando él muestra interés por las personitas de su tamaño (hasta ahora prefería mantenerse al margen y aunque hubiera niños en el parque jugaba a su aire), y me doy cuenta de que también necesita tener “conversaciones de niños”. Siento que por mucho tiempo de juego que le dedique, nada como jugar con un semejante, que tiene los mismos intereses, la misma energía/agilidad y las mismas ganas de jugar a lo bruto.

Nos divertimos mucho juntos, y hacemos muchos juegos diarios, pero me cuesta seguirle el ritmo porque se entretiene poco. A los cinco minutos ya quiere cambiar de juego y nos podemos pasar media hora cambiando de juegos porque una vez lo saca y jugamos una vez, ya quiere otra. Y ese ritmo, con mis náuseas, me está costando llevar

Lo peor que llevo es que no quiere jugar solo. Está en una etapa en que todo le aburre, necesita cosas nuevas que evidentemente no le puedo dar cada cinco minutos, y cuando se las doy (cuando le hago juegos caseros que me paso horas creando) se los ventila en cinco minutos y ya le aburren. Es por eso que su mejor plan para pasar el día es que juegue con él, y si no puedo la única opción posible es enchufarse delante de una pantalla (ya sea tele o móvil) que evidentemente no consigue. Y de ahí no sale. Es tremendo que lo diga pero muchas veces tengo que obligarlo a jugar. Así que tengo ganas de que empiece al colegio porque se que la gran cantidad de estímulos y aprendizajes que va a tener allí le van a venir fenomenal.

Además, y hablo por mí, tengo ganas de que tengamos una rutina, de pensar en qué prepararle hoy para media mañana en el cole, de que me cuente lo que hace cada día con ilusión y de verle con el uniforme del colegio. Y por supuesto, de verle crecer y aprender cosas nuevas cada día.

Estoy viviendo con mucha ilusión los preparativos del colegio, y tomando decisiones que a él le dan igual pero a mi me hacen feliz. No se, sé que es una etapa muy bonita que está por empezar, y es que recuerdo mi paso por el colegio, mis amigos y las “vuelta al cole” con mucha nostalgia y felicidad, y tengo ganas de que él viva todo eso. Estoy muy ilusionada por él porque se que lo va a disfrutar muchísimo, y tengo ganas de que ya empiece.

Sin embargo, todo cambio tiene un pero, y es que tengo sentimientos “negativos” en lo que supone la entrada al colegio y que, por supuesto, no le voy a transmitir a él.

El primero, y el que creo que nos inunda a todos los padres (o a muchos) ante esta situación es el sentir que va a estar tantas horas fuera de mis ojos. Si hay maestros en la sala, que no se me ofenda nadie por favor, pero por mucho que confíe en el buen hacer y en la experiencia y capacidad de la futura maestra, mi hijo va a pasar de estar 24h bajo mi cuidado a compartir “vigilancia” con 14 niños más (eso en clase, el recreo es otro tema). Y quieras o no, no es lo mismo. Se que ahí está el aprendizaje, tanto de él como mío, pero pensar en que va a estar tantas horas con una persona que por ahora me es desconocida no es fácil. Hay que pasar por ello, porque este es sólo el primer paso hacia su independencia personal, pero me remueve las tripas cuando lo pienso. Y no lo puedo evitar.

Un poco unido a este punto es el segundo aspecto, los juegos en el recreo. Es el mejor momento del colegio, y así lo quiero ver, pero como madre me desencaja un poco la idea de ver a mi Terremoto corriendo como si no hubiera un mañana por un espacio donde hay otros tantos niños corriendo sin control. Pensar en tropiezos, golpes y frenazos contra el suelo es mi perdición. Lo se, se que es normal (o a lo mejor no tanto), pero es que aún tengo muy claro en mi memoria ese momento de hace casi dos años cuando mi hijo se enterró un coche de hierro en la boca y se rompió un diente en tres partes (y lo perdió, claro está), y hace poco nos ha dado un susto similar al irse de boca contra un escalón subiendo las escaleras que por suerte sólo fue un susto horrible, del cual obtuvo un enorme moratón en la encía que le salió por los lados de la nariz (y tardó casi un mes en irse). Sí, puede ser que tengo el susto en el cuerpo porque el segundo “accidente” es muy reciente aún y me recuerda al primero, pero cada vez que mi hijo se cae pienso que va a tocar la cara contra el suelo y hacerse daño serio en la boca, y es que va como loco por la vida y casi nunca se hace nada, pero cuando se hace es algo gordo. Y eso me hace entrar en pánico cuando le veo saltar y correr por la casa. Quizás como no lo hará delante de mi me relaje y se me pase, pero se que si me llaman del colegio lo primero que voy a pensar es que mi hijo se ha roto la cara contra el suelo. ¿Dramático? ¿Exagerado? No lo se, pero me aterra.

Y el tercer punto, más unido al primer que al segundo, es pensar en las salidas del colegio. Pensar en que mi hijo salga a la calle sin nosotros no me cabe en la cabeza, y aunque iré a las excursiones, no podré ir a todas, porque hay que compartir con otros niños claro está. Así que pensar en que mientras yo estoy en casa él va a estar cruzando calles y paseándose por sitios sin mi observación me hace temblar de arriba a abajo. Que lo se, se que no irá solo, pero no estará conmigo o con su padre, y ese es el punto. No se lo negaré, por supuesto, pero que estaré con el alma en vilo hasta que regrese eso si que si. Y tampoco lo podré evitar.

Es por eso que tengo sensaciones contrarias con esta nueva etapa, porque por un lado me hace mucha ilusión verle iniciar un nuevo camino, hacer amigos y descubrir algo más allá de lo que ha visto con nosotros, pero pensar en que este paso supone nuestra separación oficial no me lo pone fácil.

Supongo que quien ha tenido que volver al trabajo después de la baja maternal entiende de lo que estoy hablando a la perfección, y posiblemente aunque siga siendo difícil separarse, hoy piense que tampoco era para tanto porque se quedaba en buenas manos.

En fin, que yo que decía que quien iba a llorar con la entrada al cole iba a ser el padre (por eso de que yo estoy ilusionada con la idea y él reconoce que lo va a pasar mal) me da que me voy a tragar esas palabras con mis propias lágrimas el día que le deje en el colegio por primera vez y vuelva sola a casa.

Ains… ¡qué duro es ser madre en estos momentos!


¿Te has sentido así? ¿Cómo conseguiste afrontar la situación? ¿Pasó más rápido de lo que esperabas? ¡Cuéntame en los comentarios! -Cualquier consejo me será de gran ayuda-

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