Tiendas de bebés

Soy madre de un niño de 3 años y 3 meses, y es ahora, embarazada de mi segundo bebé, que piso por primera vez una tienda “de bebés”. En los últimos días he visitado 3 tiendas de puericultura, con todos los objetos que, supuestamente, una necesita para criar a sus hijos. Desde cunas básicas a hamaquitas con música que se mecen solas para que no tengas que hacerlo tú.

Su contenido es totalmente discutible y, en esta escasa pero suficiente experiencia de 3 tiendas he sabido distinguir la que existe con afán de ayudar a otras madres y de dar solución a necesidades básicas, de la que se ha montado porque tener hijos es un nicho perfecto para atraer clientes y vender. Lo que sea, pero vender.

Y seamos sinceros, las que ya somos madres sabemos que no es necesario tener tres cunas en casa, que nuestros hijos realmente no necesitan un carrito de 1.000 € para ser felices, y que los andadores son un peligro.

Pero claro, cuando una va con su creciente barriguita, novata en todo esto, es un blanco fácil para hacerle creer que si no tiene la trona de último modelo su hijo va a ser un infeliz toda la vida.

Y eso me enfada y mucho, porque se de gente que ha comprado a plazos un Bugaboo por ser el modelo de moda cuando nacieron sus hijos y, “si lo usan los famosos, malo no puede ser”. Ya, pero que vayas por la vida con un carrito de 1.000€ cuando luego te vas quejando por las esquinas de que no llegas a fin de mes, no tiene sentido. Seamos realistas…

En una tienda de puericultura consigues de todo, si, pero no todo es necesario.

Yo he pisado por primera vez una cuando ya llevo más de 3 años de carrera en esto de ser madre, porque necesito una minicuna en concreto para mi segundo bebé. La mayoría de minicunas que encontré son tipo cesta con las patas haciendo una X, vamos, la que abunda cuando pones “minicuna” en el buscador de imágenes de Google. Y esa no me sirve. No me sirve porque en esta casa dormimos todos juntos, y con ese modelo de cuna no puedo tocar a mi bebé con solo alargar el brazo. Es por eso que quiero una en concreto, de madera, de barrotes, a la que le pueda quitar un lateral para que podamos dormir “cama con cama”.

Y pese a habernos recorrido tres tiendas diferentes de puericultura, la única opción que nos sirve la encontramos en Toys’R’Us. Porque sí, hay una minicuna de colecho de Chicco, pero me niego a dar 300€ por ella, cuando la de Toys’R’Us vale 150€.

A lo que voy es que en las tiendas de puericultura solemos encontrar de todo, pero no todo es necesario o es realmente lo que el bebé necesita. Me he encontrado cunas maravillosas, a cual más aparatosa y cara, pero todas hacen lo mismo, aislar al bebé de sus padres. No entro en ese tema porque eso es motivo de otro post, pero a lo que voy es que todas tienen la misma función, entonces, la más barata te sirve. ¿Por qué dar 700€ por una cuna de madera exactamente igual que otras de 100€ cuya única distinción es un osito precioso -pero inútil- grabado en la madera? Hay que ser muy realistas con las compras de bebés.

Y ya no sólo eso, el aspecto de una tienda al entrar te dice mucho de sus propietarios y de los motivos por los que fueron montadas. Me explico.

Visitamos la tienda nº1. Dos chicas muy amables, de unos 35 años calculo, nos atienden ofreciendo ayuda, explicándonos con detalle los beneficios de la sillita de coche que en breve estrenará nuestro Terremoto (otra de las razones por las que visitamos estas tiendas). Para mi sorpresa nos hablan de la contramarcha con bastante información cuando pregunto por ella para mi segundo bebé e incluso tenían bastantes modelos que reconozco que desconocía. Me hablan también del porteo ergonómico y me enseñan mochilas ergonómicas que yo sólo conocía a través de web. En la tienda abundaban, sobre todo, los sistemas de retención infantil, ropa, carritos y cunas. Yo no se si las chicas eran madres o no pero, desde luego, estaban puestas en el tema e informadas a la última de lo que las madres buscamos por la seguridad de nuestros hijos.

Al no encontrar la minicuna que buscamos, pero teniendo claro que volveremos a por la silla de mi Terremoto en breve y a por la silla a contramarcha para nuestro bebé más adelante, nos vamos a la tienda nº2.

La tienda nº2 resulta ser un palacio descomunal, una superficie tipo Mercadona o más, repleta de cachivaches para los niños. Cuando tienes productos que ocupan espacio, lo entiendo, pero había más pasillo y espacio libre que objetos, y eso que objetos había para regalar. Lo primero que pienso es, “aquí me cobran hasta por preguntar”. Así todo, le dimos una oportunidad, sin éxito alguno. Había 3 chicas jovencitas para atender al público de pie esperando que alguien las llamara, y todas tenían aspecto de que ese era su primer trabajo. Lo digo porque tenían pinta de que les habían dicho “te pones aquí, limítate a sonreír y si alguien te llama para preguntar algo diles lo que yo te he dicho que digas”, porque en cuanto dejaban de atender a alguien volvían a colocarse en el sitio donde estaban antes.

Lo que más me chirrió de esta tienda fueron las mochilas colgonas y sistemas de retención infantil con escudo delantero, estas que muchos sabemos que son un auténtico peligro para los peques. ¿Por qué una persona que se dedica a vender estas cosas está desinformada? ¿Por qué me vende mochilas colgonas cuando son un peligro? Que las venda Carrefour, bueno, pero que las vendas tú, un especialista, deja mucho que desear. Además de vender minibolsitos para -única y exclusivamente- llevar el biberón ya preparado por la vida, mecedoras electrónicas, andadores con musiquita y carritos de bebé de 600€ para arriba.

De esta tienda salimos con la boca más abierta de lo que habíamos entrado, y sin éxito alguno, por cierto.

La tienda nº3 era un palacio más pequeño que el anterior pero tremendamente caluroso, con las cosas colocadas como les parecía, cajas por todos lados y pasillos por los que casi no podías pasar. Sólo había dos trabajadores, ambos estilo el jefe Wiggum de los Simpson que tenían pinta de no tener mucha idea de lo que es tener niños ni mucho menos de su seguridad y lo que realmente necesitan. No sólo vendían cosas completamente innecesarias en una tienda de puericultura, como fiambreras para llevar la comida al colegio o mochilas, sino que además te perseguían por los pasillos para comprobar que no robabas nada. Sobra decir que mochilas ergonómicas no encontré ninguna, y sillas a contra marcha había una como por decir “aquí también vendemos, pero no me preguntes cómo se instala porque me pillas”.

Aquí dimos una vuelta en redondo y salimos sin pararnos a mirar nada en concreto, porque nada nos llamó la atención.

De esta experiencia saco que tiendas “especializadas” en bebés hay muchas, y de muchos tipos, pero tenemos que movernos mucho, visitar y comparar antes de decidirnos por una sola.

Las sensaciones que obtuve fueron, en la tienda 1, que dos chicas, amigas, madres o no se, decidieron montar juntas una tienda para ofrecer cosas que tranquilicen a las familias, cosas realmente necesarias para los niños y bastante informadas al respecto.

La tienda 2 tenía aspecto de haber sido montada por un pez gordo que ni vive aquí y que pensó que poniendo tres chicas bonitas iba a atraer al público, de estos que piensan, “los niños son un negocio así que pongo una macrotienda con productos de las marcas más caras y me forro”.

Y la tienda 3 me dio la sensación de ser un negocio montado por dos personas en paro que vieron en los niños un negocio redondo. Lo montaron sin tener idea absoluta de nada, en un sitio muy incómodo para llegar y aparcar, y donde no han pasado un paño para quitar el polvo desde que abrieron. Les doy unos meses más.

Igual en los tres casos me equivoco, pero si esta fue la sensación que obtuve de cada una, es que algo bien no están haciendo para convencerme, como madre, de que compre en su tienda.

Me sabe mal por los padres primerizos que irán a caer en una tienda del tipo 2 o 3 y se dejen enredar por marcas caras pensando que son lo mejor.

Por eso, si tú estás en el caso te recomiendo que visites, que camines, que te informes, que preguntes mucho y evalúes a quien te vende, pues hay quien vende porque tiene algo que realmente merece la pena y hay quien vende porque si es de una marca exclusiva y lo usan los famosos, se venderá seguro. Pero no siempre lo más caro es lo mejor.

Con panoramas como este no me extraña que mucha gente se niegue a tener hijos por pensar que tener hijos es caro.

¿Crees que tener un hijo es caro? ¿Has visitado alguna vez una tienda “de bebés” que te haya dejado con los ojos a cuadros?

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