Tener un segundo hijo: ¿si o no?

Desde siempre he tenido en mente que quería tener dos hijos, sin embargo, y pocas cosas me han hecho tambalear esta idea.

Aún cuando ya he sido madre y mi maternidad no ha sido fácil al tener una realidad familiar bastante injusta en casa, y vivir el día a día casi en soledad con mi hijo con todo lo que ello conlleva, sigo queriendo tener un segundo hijo.

Aún cuando las cosas en la sociedad no están fáciles, aún cuando tres o cuatro se están cargando un país precioso a base de mentiras, y aún cuando en el día a día sólo recibes pesar, frustración, injusticia y gente agobiada por la situación, sigo queriendo tener un segundo hijo.

Aún cuando económicamente no lo tenemos muy fácil, y aún cuando estamos buscando dar el salto a otro trabajo con todo lo que ello pueda conllevar, sigo queriendo tener un segundo hijo.

Y es que pese a todo lo que parece estar en contra, a fin de cuentas eres tú quien se pone las condiciones, los límites, y también las prioridades sobre la balanza. A fin de cuentas, tú y nadie más que tú sabe la realidad que tienes, la familia que deseas, y los objetivos que quieres lograr en la vida.

Cuando pienso en un segundo hijo, tengo muchas cosas que poner en la balanza, pero las coloque como las coloque, siempre gana el sí. Siempre gana la familia, las ganas de mejorar, las ganas de dar lo mejor de uno mismo, y las ganas de salir adelante con el mundo en la mochila.

Porque nada me importa en la vida, ni el dinero, ni el trabajo, ni siquiera ya el lugar donde viva, si mi familia no está conmigo. Porque desde que les tengo en mi vida, he descubierto quien soy, y me reafirmo cada día, entre los escasos momentos de risas y desconexión que tenemos, que donde están ellos, estoy yo. Porque desde que están en mi vida, yo estoy completa.

Mi vida se llenó cuando mi perro entró a mi vida, tomó un nuevo rumbo cuando encontré a mi marido y decidimos iniciar juntos nuestra historia, y alcanzó la dimensión más loca cuando mi Terremoto llegó a reinventarnos la existencia. Cada día aprendemos, cada día nos agarramos a una realidad maravillosa, que es la que es porque estamos juntos, porque pese a todo el daño que nos quieren hacer desde la misma familia de origen, cada día estamos más unidos, más felices, y más seguros de que juntos somos un equipo, una pared perfectamente formada que nadie puede derrumbar.

Uno de mis motivos para tener un segundo hijo es mi Terremoto. Yo soy hija única, por ende no tiene primos por mi parte, y por parte de su padre, el que menos tiene ya es mayor de edad. Así que quiero asegurarle una infancia feliz, plena, y que tenga aquello que yo no tuve, un compañero de juegos fiel y para toda la vida.

Yo me entristecía cuando se acababa el día y mis amigos se quedaban en sus casas con sus hermanos mientras yo volvía a la mía, sola. Y eso no lo quiero para él.

Pero hay muchos motivos más, y sólo el hecho de duplicar felicidad, de duplicar aprendizaje, y porqué no, de duplicar tareas, me reconquista cada vez que lo pienso. Porque sí, si otras familias pueden, ¡nosotros también podremos!

Puede que no sea el mejor momento, puede que sí, pero eso nunca se puede saber. Cada vez tengo más claro que el mejor momento para tomar una decisión es cuando te la pide tu corazón, y este es nuestro momento.

Porque así lo deseamos, porque así lo decidimos, y porque así lo esperamos, ¡iniciamos la búsqueda de nuestro segundo hijo! ¿Nos acompañas en esta nueva aventura?

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