Una maternidad real

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Estamos en la era digital, y hoy en día podemos tener a un click de distancia a gente que, físicamente, es imposible que podamos tener delante algún día. Gracias a Internet, todo es posible.

Cuanta más facilidad tenemos, más surgen las ganas y la necesidad de compartir cosas, recetas, ideas, valores, opiniones, paisajes… todo lo que te rodea puedes compartirlo con todo el mundo sin mucho esfuerzo.

Es por eso que cada vez hay más gente que se apunta a compartir contenido que a otros nos interesa e incluso llega a ganar dinero por ello. Y en ese contenido que se comparte, hay de todo.

Soy consumidora de mucho contenido digital, de diferentes tipos: desde documentales de varios temas, libros, blogging, cocina, vida personal, y también de maternidad. Hablo sobre todo del formato foto y vídeo, pero mucho de ese contenido también lo leo en otros blogs.

Sin duda, el que más me interesa es el de maternidad, porque puedes tener 15 hijos, que el 16 te enseñará algo nuevo. Y es que estoy convencida de que la maternidad es un camino que se traza andando, y que por mucho que hagas, siempre te queda algo nuevo por aprender.

Es por eso que me sorprende mucho que la demanda social de contenido digital nos lleve a la necesidad de compartirlo todo, y pretender que sea perfecto. Es decir, que si eres madre y compartes tu día a día (como madre) a través de fotos en Instagram, en algún momento debería aparecer una imagen de tu salón lleno de juguetes o de tu cesta de ropa a rebosar, porque eso es lo normal. Yo se que todos queremos ver contenido bonito, que lo malo ya lo tiene cada uno en su propia vida, pero cuando compartes algo de este tipo, lo que no es normal es que siempre tengas la casa impoluta, o que pases las noches en vela pero aún así siempre te despiertes con una sonrisa.

Los niños desordenan los juguetes y no siempre quieren recogerlos, no siempre van a la ducha con una sonrisa, y hay veces en las que no quieren comerse todo lo que les pones en el plato. Y no pasa nada por eso. Porque son humanos, y también tienen derecho a quejarse aunque no siempre lo hagan en el mejor momento para nosotros. De hecho, cuando veo que alguien pretende venderme que su hijo hace todo siempre de buena gana, que llega a todos los sitios con minutos de sobra, y que nunca tiene sueño, lo siento pero no me lo creo. Porque soy madre, y se que eso no es verdad.

La maternidad es maravillosa, eso no lo pongo en duda, pero también tiene momentos duros. También hay contraposición de opiniones entre padres e hijos, como lo hay entre cualquier grupo de adultos o de niños, también hay momentos de agotamiento, también hay cansancio, y también hay ratos en que necesitamos desconectar, tanto adultos como los niños.

¿Y qué hay de malo en eso? Me cuesta asimilar que alguien crea que puede vender lo contrario. Y ya si lo haces en un entorno donde otras tantas madres también comparten su realidad, y todo se contrapone, creo que algo no encaja. Y es que entiendo que quieras compartir un paisaje en Instagram y le pongas todos los filtros que creas que dejan la imagen mejor, pero no comprendo por ningún lado que pretendas ponerle filtros a una realidad con niños, porque otros también tenemos niños y sabemos que algo escondes.

Y ya cuando ambas realidades se contraponen, se encuentran en un mismo post, en una misma imagen, o en un mismo vídeo, la cosa se pone interesante. Curiosamente, la que enseña la maternidad real, sin filtros y sin ediciones, suele ser criticada por su mal hacer, en pro de quien pretende vender sonrisas y casas impolutas en todo momento. No lo entiendo.

No hablo de nadie en concreto, ni es mi intención criticar ninguna postura, hablo simplemente de la realidad que obtengo a diario cuando entro a las redes sociales y veo que únicamente se comparten cosas maravillosas y aires de supermamá que pretenden hacer ver que los problemas no existen y que todo es brillo a su alrededor.

Me parece el colmo de la hipocresía y la falsedad.

Porque estás vendiendo una mentira. Puedes ser la persona más organizada del universo, puedes trasnochar toda la semana, pero en algún momento el puzzle se cae por algún lado, y es que los que somos padres sabemos lo que hay detrás de un día a día con niños, con horario, con trabajo, con colegio, con carreteras que recorrer, con neveras que llenar y con casa que limpiar. Es absolutamente imposible que tú, día a día llegues a todo sin problema, que cumplas con todo sin despeinarte, sin ojeras y con sonrisas. Lo dicho, no me lo creo porque se que no es verdad.

Y es que lo peor es que hay futuras madres, embarazadas por primera vez, e incluso adolescentes y niñas que también reciben ese contenido, y que lo que perciben es una maternidad perfecta, ideal y sin problemas, que por supuesto no se van a encontrar cuando les llegue a ellas. Con todos los problemas que eso puede suponerles.

Me pregunto yo, ¿no es mejor reflejar la realidad, las ganas de mejorar en ciertos aspectos, las ojeras y la falta de sueño? ¿En qué momento la necesidad de compartir contenido y conseguir seguidores se contrapone y gana a la sinceridad?

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