¿Por qué somos vegetarianos?

Hace ya algo más de un año tomamos la decisión definitiva de dejar de consumir carne. Fue una decisión de familia, tomada concienzudamente, y que teníamos claro que íbamos a adoptar de forma paulatina, sin estrés, sin agobios y sin apuros. Sabíamos que el cambio iba a ser grande, y había que tomárselo con tranquilidad.

Pues bien, un año después aún hay quien se sorprende cuando escucha que no comemos carne, aún hay personas que nos responden de forma despectiva con un “eso es una tontería”, aún hay quien nos dice eso de “porque hoy comas carne no pasa nada, prueba esto para que veas que bueno está”, y por supuesto no falta quien opina que estamos enfermándonos y arrastrando a nuestro hijo, y que además asegura que nos arrepentiremos de todo esto. Por supuesto que esas opiniones se mantienen en el tiempo, por supuesto que hay quien espera que demos marcha atrás y volvamos a “lo normal”, y por supuesto que sé que seguiremos recibiendo este tipo de comentarios. Pero lo que más claro tenemos es que no nos importa lo que opine la gente.

Esta es una de esas tantas cosas sobre las que la gente opina fervientemente sin tener ningún tipo de idea. Y desde que soy madre he comprobado que todo el mundo opina de todo aunque no tenga idea, así que una se acostumbra a ello. Todo el mundo sabe mejor que tú donde es mejor que duerma tu hijo, lo que debe comer, lo que debes hacer cuando se enferma; todos saben que para el hipo del bebé lo mejor es una pelusa de una manta vieja en la frente, todos tienen una tía o una prima cuyo hijo se puso fatal tras una vacuna mal puesta, y la gran mayoría defiende a capa y espada aquello de “tú te callas que yo soy el adulto” y por supuesto “la torta a tiempo que todo lo corrige”. Era muy de esperar que nos salieran opinólogos por todos los lados cuando dejamos de comer carne.

En nuestro caso fue una decisión estudiada, muy meditada e investigada. Hubo varios aspectos a valorar y esto fue lo que tuvimos en cuenta a la hora de dar el paso.

  • Como la cocinera oficial de la familia, cada vez que echaba un trozo de carne al fuego y éste soltaba espuma, me hacía dudar muchísimo de lo que nos estábamos metiendo en el cuerpo, y más aún, de lo que le estábamos dando a nuestro hijo siendo tan pequeño. Y si, es posible consumir carne ecológica libre de hormonas y de porquerías varias pero, seamos sinceros, no es una opción apta para cualquier bolsillo. Y si, se puede prescindir de muchas otras cosas para poder comprarlas, pero en mi caso, alimentando a cuatro bocas, cuando una de ellas come por tres, es imposible poder reducir más las cuentas, y comprar ecológico es una auténtica locura para nosotros.
  • Gracias a mi marido me he hecho aficionada a los documentales, y hemos visto muchísimos relacionados con la alimentación, con el trato de los animales en las ganaderías / mataderos, y con todos los puntos implicados en que la carne llegue a nuestro plato. Y yo, sinceramente, después de ver todo eso no quiero ser parte de la cadena. Además hemos visto documentales relacionados con la comida adulterada, y eso nos hizo querer comer lo más sano posible, lo que, para nosotros, pasaba indudablemente por dejar de consumir carne.
  • El ahorro económico también tuvo su peso, para qué negarlo. Comprar por ejemplo una pechuga de pollo me salía casi 6 euros en mi carnicería habitual, pero eso se me iba a en un sólo plato y se hacía poco. Sin embargo con ese dinero puedo comprar otros productos a los que les saco mucho más rendimiento, como quinoa, legumbres, arroz o verduras. Así que, aunque el dinero no fue motivo para cambiar nuestra alimentación, comprobar que ahora cunde más ayudó bastante a continuar.
  • El cambio de mentalidad fue brutal, pues dejé de pensar en que comía pechuga o ternera a sentir que estaba comiendo cadáveres. Y sólo eso me hizo repudiar la carne.

Miento si dijera que no hemos vuelto a comer nada de carne desde que tomamos la decisión, porque no es así. Tal y como dije al principio, nuestro proceso fue paulatino, y aún hoy no hemos dado el salto total. Empezamos por eliminar pollo, ternera y cerdo, para más adelante dejar también el pescado. Ahora, la única carne animal que consumimos es el atún en lata y el surimi, que poco a poco también dejaremos.

Como digo, no tenemos prisa por dar el salto definitivo, pues lo estamos afrontando de forma que disfrutemos el camino, y éste no se convierta en una penitencia. Aún consumimos atún y surimi, que en mi caso no me cuesta tanto consumir porque no tienen aspecto de “carne” al venir en formatos diferentes a un filete, además de que le dan el punto perfecto a las ensaladas y con ambos hago cremas para cenar canapés en noches de picoteo, y es algo que nos encanta. La verdad tengo que decirla, estos dos productos sí que me va a costar dejarlos, pero todo es un proceso, y llegará.

Por si hay alguien por ahí que no sepa la diferencia y se está preguntando porqué no hablo de leche, huevos y demás, explico que ser vegetariano implica no comer carne animal; es el vegano quien no come productos de origen animal. No es lo mismo, y es por eso que nosotros sí consumimos huevo y queso, aunque de forma moderada. Y digo sólo huevo y queso, porque nuestra leche es de soja, y no compramos mantequilla sino margarina, que es de origen vegetal.

El tema de la leche para mi fue toda una revelación, realmente como todo lo demás, pues fue un sólo vídeo en Internet el que me hizo replantearme muchas cosas y empezar a ver la leche de vaca como un alimento imposible para mi. Mi familia decidió acompañarme y en pocos días nos habíamos habituado perfectamente a la leche de soja, así que empezó a ser un producto más de nuestra despensa. Y me dirán, ¿qué pasa con el queso? Pues el queso lo compro rallado para acompañar ciertos platos, generalmente calientes, con lo cual el haberlo pasado por fuego me hace sentirme ligeramente mejor, aunque no termina de convencerme totalmente porque está hecho con leche de vaca. Sin embargo, lo consumimos en poca cantidad, así que no le echo tanta cuenta. Se que existen otras opciones, como el tofu, que es queso hecho con leche de soja, pero aunque a mi marido le encanta yo no consigo pasarlo, así que no es una opción para mí.

Y si eres madre o padre, quizás te estés preguntando qué pasa con mi Terremoto, pues es una pregunta que todos me hacen. Él tiene 3 años recién cumplidos, y hace sólo uno que dejamos la carne, con lo cual él ha consumido carne, pues tomamos la decisión con él ya nacido, lógicamente. Sin embargo, una motivación más para intentarlo fue ver que mi hijo preguntaba qué era esto o aquello cuando se lo ponía en el plato, y al recibir la respuesta de “es pollo”, “es cerdo”, optaba por comerse lo demás y dejar la carne, sin que nadie le dijera  nada. Es cierto que algún que otro trozo se comió, pero no es amante de la carne por decisión propia, de hecho las veces que ha comido una hamburguesa ha dejado casi toda la carne. Y yo nunca le he forzado, es su decisión y sus motivos tendrá, aunque nunca me los ha dicho. Si en el futuro él decide consumir carne por su propia voluntad, es su decisión, pero por lo pronto, la decisión familiar es esta y él la ha aceptado perfectamente, de hecho no la extraña y cuando se tiene que comer algún trozo lo rechaza.

Pero como decía antes, y como he mencionado alguna vez más a lo largo del post, sí es cierto que consumimos carne y leche de vez en cuando, por un motivo sencillo: no podemos imponer nuestra decisión a los demás. Si vamos a un restaurante (casi nunca, pues económicamente no es posible) pedimos opciones sin carne, pero cuando comemos en casa de mi madre (de forma esporádica) no puedo pretender que ella respete nuestra decisión, algo que yo haría pero que evidentemente ella no hace pues piensa que “eso es una tontería” y no tiene interés alguno en escuchar nuestra versión. No es algo que nos afecte, pero cuando comemos en su casa (una vez cada 6 meses o así), nos toca aceptar lo que nos pone. Cuando se trata de comidas familiares tipo Navidad o encuentros esporádicos, solemos poner un plato cada casa que se reúne, o si no es así yo igual llevo algo, y el plato que yo pongo es una opción sin carne, de la que, por supuesto, comemos nosotros acompañado por cualquier otra opción no cárnica que haya, como ensaladas, papas, pan o el postre. Y con la leche se repite siempre que nos bebemos un cortado en casa de alguien, pues no podemos pretender que tengan leche de soja sólo para nosotros, así que toca aceptar lo que hay. Como digo, todas estas son ocasiones esporádicas, pues la gran mayoría de las veces comemos en casa y cocinamos nosotros, pero si toca salir fuera por algo, hay que atenerse a lo que haya.

¿Y las ventajas que tiene para nosotros ser vegetarianos?

  • La economía, por supuesto. Como dije antes no es que ahorremos en comida, sino que el dinero que antes destinabamos a carne, generalmente unos 60 euros mensuales, ahora los redistribuimos en otros alimentos, con lo cual esa cantidad rinde mucho más.
  • La conciencia. Me siento tranquila y más a gusto conmigo misma que nunca. No es que me pesara consumir carne y leche de vaca antes, ni mucho menos porque es algo que nunca me había planteado, pero sí es cierto que el hecho de ser cabeza de familia y tener la capacidad de decidir nuestra alimentación y llevarla a cabo de forma sana es una satisfacción tremenda, porque hemos visto que se puede, y que se puede hacer bien.
  • Algo que no es inherente a la alimentación que lleves, pero que influye, es la cantidad de gente que compruebas que te apoya o te critica por tus decisiones. En nuestro caso, el porcentaje de crítica supera con creces el de apoyo, lo que se convierte en un aliciente para continuar pese a las opiniones de los demás.
  • La cantidad de nuevos productos, recetas y nuevas opciones que hemos descubierto y que nos quedan por descubrir. Cuando consumía carne sentía que sólo tenía cuatro opciones: pescado, pollo, vaca y cerdo, pero con la necesidad de descubrir vegetales y opciones nuevas hemos visto que hay un mundo inmenso por probar.
  • La salud. No tengo pruebas físicas, científicas ni estudios que avalen lo que digo, tan sólo mi experiencia, pero me siento mucho mejor anímicamente, siento que mis digestiones son mucho más ligeras, ha mejorado mucho mi estreñimiento (que antes no era preocupante, pero es cierto que ahora voy más veces al baño), he dejado de tener tanto ácido después de algunas comidas, e incluso un dato curioso es que siento que enfermo menos. Yo siempre he sido persona de tener mínimo dos resfriados / gripes durante el año, y en este último año sólo he tenido una recientemente, de la que me recuperé en dos días sin tomar medicamentos. Como digo, no puedo afirmar nada porque no puedo demostrar que así sea, pero tanto mi marido como yo sentimos que hemos mejorado en salud.

Con todo esto quiero dejar claro que este post no tiene intención de convencer a nadie de que la carne es mala. Yo consumí carne 25 años de mi vida y no soy quien para juzgar a nadie por sus decisiones, ni lo seré nunca. Pero sí quería dejar constancia de nuestra experiencia al respecto, sobre todo porque ha sido un cambio familiar, es proceso que se ha dado ya de adultos, no ha sido sencillo para mi marido pese a que fue él el de la idea inicial (confieso que para mi ha sido un camino maravilloso), y suele dar lugar a dudas porque incluye a un niño en él. Hay mucha gente que me ha preguntado qué pasa con mi hijo, si sólo le damos carne a él o que hacemos, y lo cierto es que no, la decisión es familiar, con motivos de peso detrás, y todos estamos contentos con la decisión. Asimismo repito que si él más adelante quisiera hacerlo está en todo su derecho.

Ojalá que este artículo no se tome como una forma de “captar” nuevos vegetarianos porque no es esa mi intención. Si de algo puedo presumir es de que respeto mucho las decisiones ajenas y no tengo interés alguno en meterme en la vida de los demás, así que con este escrito sólo quiero dar mi experiencia, no tratar de vender que ser vegetariano es lo mejor, porque no es así. Esta es sólo nuestra opción, nuestra decisión, y es tan válida como cualquier otra.

Espero que este post te ayude si tienes alguna duda sobre tu alimentación, si quieres dar el paso y no te atreves por algún motivo, o si simplemente quieres saber de una experiencia por curiosidad. Cualquier duda que tengas o cualquier cosa que quieras saber de nuestro caso ya sabes dónde encontrarme. Déjame un comentario 😉

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