Mi hijo tiene un amigo invisible

Amigo invisible
Pues sí. Yo que pensaba que estas cosas no pasaban a todos los niños, más que nada porque yo misma nunca tuve uno, me encuentro con que en mi casa hay una cuarta persona que no veo, pero que está en todas partes.

A los dos años y medio empezó a tener apego por los peluches, y fue ahí cuando escogía llevarse un peluche de paseo y no otra cosa. Al poco tiempo empezó a llamarles por un nombre, a todos por igual, y utilizaba ese nombre para referirse a sus peluches, fuera cual fuera. Y ese nombre es “Titi“.

Semanas antes de cumplir los 3 años, Titi tomó otra forma, pues pasó de ser un objeto inanimado como un peluche a tener voz y opinión propia.

Es por eso que ahora, cuando le preguntamos porqué ha hecho tal cosa (como romper algo), la primera respuesta es: “porque Titi me lo dijo”. Y es que sí, Titi se ha vuelto un poco cabroncete y es el responsable de todas las cosas que mi hijo hace pero no debería haber hecho. Es por eso que me apoyo en Titi para pedirle que recoja los juguetes o para romper alguna actividad que esté haciendo para iniciar otra que necesito que haga. Por ejemplo, para que recoja los juguetes y venga a comer para dormir luego, siempre me dice que no puede porque está jugando con Titi. Es entonces cuando le digo “pídele a Titi que te ayude a recoger para que termines antes”, y alguna que otra vez funciona. Sí, porque estamos en una fase de rebeldía sin causa y Titi es muy responsable de ello, porque le mete malas ideas en la cabeza a mi angelito y luego pasa lo que pasa (ironía, por supuesto).

Además, habla con Titi y Titi le responde. Es muy curioso escucharle jugando él solo mientras se habla y se responde, se carcajea de la risa y hasta se enfada cuando Titi toca algo que no debe. Una conversación normal que se escucha cada tarde en su habitación puede ser esta:

-¿Qué estás haciendo Titi?
-Estoy jugando con tu camión
-Yo no quiero que cojas mi camión
-Pero tu mamá me dijo que si
-¡¡Mamaaaaaaa!! ¡Titi dice que tu le diste mi camión!
-Yo no le he dicho nada, si no quieres que lo coja explícaselo
-Ah vale. Titi no cojas ese camión, es mío
-Ah vale, está bien, pero no te enfades
-No, no, noo… yo no me enfado
-¿Cojo este?
-Ese si
-Ah vale, gracias
-De nada Titi

Y yo perpleja mientras lo escucho todo. La capacidad de racionar que tiene, la facilidad para llevar una conversación doble como si tal cosa… me encanta.

Aún no ha llegado al extremo de pedirme un plato en la mesa para Titi, o cosas que son imposibles como ponerle su ropa, pero tienen una relación muy interesante. Son compañeros de juego y se la pasan muy bien juntos.

Como curiosidad, ahí va la descripción de Titi, y es de lo más curiosa porque no, no es un niño ni tampoco un animal. Titi es un hombre grande como papá y que además trabaja con papá. Imagínense mi cara. Pero es que además tiene el pelo de color azul y barba amarilla, y suele vestir todos los días con la misma ropa: camiseta roja y pantalón verde. Todo un cuadro vamos…

Y si te preguntas cómo lo gestionamos nosotros, pues de lo más normal. Cuando me cuenta alguna conversación que ha tenido con Titi le sigo el juego, pero cuando está jugando con él no me meto, como si estuviera jugando con un niño real, ni más ni menos. No le pongo un sitio en la mesa porque no me lo pide, es decir que no lo aliento, pero si me lo pidiera lo haría, ¿qué más me da?

Aunque la cosa no deja de ser extraña a veces, me tranquiliza que Titi tenga aspecto de algo, y que se relacione para bien con él. En mi caso yo nunca tuve un amigo invisible, lo que yo tenía era una voz por dentro que me decía que me portara mal. Y eso me suena muy macabro. Al menos mi hijo me lo ha puesto fácil en este sentido 😀 .

¡Cuéntame tu experiencia! ¿Tus hijos han tenido amigo invisible? ¿Hasta cuándo le duró? ¿Tienes alguna anécdota que nos puedas contar?

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