3 años juntos…

3 años juntos
Hoy es un día especial, diferente a los demás. Hoy hace 3 años que me cambió la vida por segunda vez y, desde entonces, el 6 de marzo quedó grabado en el calendario de mi vida, en mi historia, en mi corazón…

Hoy hace 3 años que me enamoré por segunda vez, pero fue un amor diferente. Me costó asimilarlo, pero pronto me di cuenta que es posible amar incondicionalmente a alguien a quien nunca has visto, y perder el tiempo contando las líneas de sus manos, viendo detenidamente la forma de sus uñas o tratando de contar cada una de sus pestañas. Pues sí, es posible, y mientras lo haces no importa nada más.

Es increíble la fuerza que tiene el amor, que todo lo puede y todo lo conquista, pero el amor de una madre es incomparable a cualquier otro. Una madre siente lo mismo que sus hijos están sintiendo cuando lloran, cuando se caen, cuando sonríen y gritan de felicidad, y es que no hay mayor orgullo para una madre que comprender los sentimientos de su hijo, sus palabras ilógicas y a media lengua, y entender el motivo de sus gritos cuando arranca a andar por primera vez.

Todo esto yo jamás lo pensé de esta forma, a mi nadie me dijo que la maternidad era un cambio tan brusco, tan profundo, tan desgarrador. Porque sí, suponía que mi vida iba a cambiar, pero jamás pensé que desde que tú llegaste a mi vida, ibas a ser el principal motivo de mis sonrisas, y también el de mis lágrimas. Y es que es imposible de explicar con palabras, con dibujos, o tan siquiera con hechos lo mucho que tú significas en mi vida.

Porque sí, nos pasamos el día peleando, yo contigo y tú con la vida, nos quejamos mucho, chocamos demasiado, pero yo ya no me imagino un sólo segundo de mi vida sin ti, sin tus gritos poniéndole música a cada uno de los post de este blog cuando me siento a escribir, sin tus huellas de chocolate por la casa, sin tus carreras de velocidad a cuatro patas porque dices que eres un toro, sin tus mini calcetines (porque siguen siendo minis) entre las sábanas por la mañana, sin tus peleas con el perro, sin tus canciones a todo pulmón en el coche, sin trocitos de papeles en cada rincón que miro, sin pelear contigo cada vez que te baño y me empapas a mí, sin regañarte para que cierres el grifo del agua de una vez, sin hacer pan contigo, sin jugar con plastilina, sin pedirte por favor que te calles un momento o bajes la voz para poder hablar con alguien, sin ir de tu mano por la vida, y sin escuchar esa frase que consigue paralizarme el corazón cada vez que la escucho: “¿sabes mamá?, yo te quiero mucho”.

Nuestro día a día no es fácil, estamos juntos a todas horas, nos conocemos demasiado y a veces nos estorbamos, necesitamos otros aires, pero siempre, siempre, tú vuelves a mi y yo a ti. Aunque estemos con más gente siempre vuelves a mi a contarme algo, siempre quieres que esté pendiente de tus juegos y siempre me repites una y mil veces lo que pasa en tus dibujos favoritos. Aunque a veces necesite salir sin ti para respirar hondo y volver al día a día con las pilas recargadas, siempre siempre estoy pensando en ti, y aunque irme signifique ir a la farmacia y volver, me falta algo, me siento vacía, te necesito a mi lado.

Y es que no, no es fácil, pero no cambio mi vida por nada del mundo, no cambio mis días locos, mi dolor de garganta por gritarte a veces, la cama llena de trozos de galletas o tus pantalones rediseñados con plastilina.

No lo cambio por nada en el mundo, no te cambio por ningún otro.

Porque pese a todo lo que no me enorgullece de nuestro día a día no puedo estar más orgullosa de ti, de quién eres, del adulto que se que vas a ser, de tu memoria, de tus explicaciones eternas, de tu versión de mis canciones favoritas que suenan mejor en tu voz sin duda alguna, de verte montar en bicicleta y ser espectadora orgullosa de cómo te relacionas con el mundo.

Aunque no es fácil, se que lo estoy haciendo bien. Se que lo estamos haciendo bien.

Gracias mi pequeño gran Terremoto por llegar a mi vida, por soportarme cuando ni yo misma consigo hacerlo, por quererme tanto pese a tantos gritos, por enseñarme cada día a ser mejor madre. Gracias por llegar a mi vida y ponérmela patas arriba.

¡¡Feliz cumpleaños Nane!!

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