¡Adiós pañal!

Hace poco más de un año les contaba cómo nos habíamos visto obligados a decir adiós al chupete (y también al biberón) de un día para otro cuando mi Terremoto se rompió un diente en tres pedazos.

En aquel momento, y siempre, hemos sentido que queremos acompañar a nuestro hijo en todos sus procesos. Nuestro adiós al chupete fue forzado por un accidente, no planeábamos que fuera así, pero fue necesario. En aquel entonces tenía año y medio, y no entendía nada de lo que pasaba, pero se sintió acompañado en todo momento por sus padres.

Con el tema del pañal, no teníamos claro cuándo iba a ocurrir, pero sí sabíamos que iba a ser un proceso de familia y que lo íbamos a vivir como tal. En los últimos avances “mes a mes” de mi Terremoto ya lo había comentado, que no le veía preparado en absoluto para dejar el pañal, ni siquiera interesado en ello. Mi hijo era de los que arrastraban el pañal si lo dejabas, porque ni se daba cuenta de lo que hacía, ni le molestaba, ni le resultaba interesante dejarse cambiar, así que aunque íbamos mejorando en ese terreno, el momento del cambio de pañal era siempre incómodo para todos: para él porque no le gustaba frenar su actividad para dejarse cambiar, y para nosotros al ver que siempre estaba lleno, que iba cumpliendo meses y no avanzaba en ese aspecto.

Pero como siempre me pasa en esto de la crianza, mi hijo me sorprende de una forma inesperada. Con el tema del chupete pensé que iba a costarnos más, porque aunque sólo la utilizaba para dormir, cierto era que nunca dormía sin ella. Pero con nuestra compañía y atención constante, fuimos una buena ayuda para superarlo, juntos siempre. Con el pañal a mi me agobiaba vérselo siempre cargado y sentir que la entrada al colegio se acerca (el próximo septiembre) y que no avanza en el tema. Se que es precipitado, que quedan aún 8 meses para eso, pero yo me ponía en lo peor y me veía teniendo que forzarlo. Y sin embargo, nos ha sorprendido nuevamente.

Escribo todo esto para dar nuestra experiencia como siempre, por si puede ayudarte a tranquilizar tus inquietudes, o a tener ideas de cómo proceder. En nuestro caso ha sido completamente dirigido por nuestro hijo, tal y como deseábamos.

Como les digo, si el pasado lunes 25 de enero me hubieran dicho que el pañal tenía las horas contadas en nuestras vidas me habría reído a carcajadas. Ese lunes por la tarde fuimos a hacer la compra semanal, y de vuelta dimos un paseo en coche, pasando por la calle donde está el que será el futuro colegio de mi Terremoto.

Nos sorprendió pidiendo quedarse en el colegio para jugar con los niños, una decisión totalmente madura que tampoco me esperaba, porque no está acostumbrado a estar con niños ni le han interesado hasta ahora.

Le dijimos que era de noche, que no se podía porque estaba cerrado, y que aún faltaba tiempo para venir. Empezó a pedir explicaciones, que porqué no podía quedarse, que quería jugar plastilina con los niños y demás, y los motivos que recibió fueron, como siempre, los reales: que había que esperar a que nos avisaran del colegio para que lleváramos sus papeles y sus fotos, para que ellos supieran que él quería ir a ese colegio, y que tenía que comprarse una mochila para llevar sus cosas, y la ropa del colegio y demás. Entre todo se me ocurrió decirle que, además, había que esperar a que dejara de usar el pañal y usara la vasija como los niños grandes, porque si no no podía ir al colegio. Nos dijo que no pasaba nada, que papá iría a cambiarle, a lo que respondimos que no, que papá iba a trabajar y yo estaría en casa, y que no nos dejaban ir al colegio a cambiarle ni nadie iba a cambiarle allí.

Al parecer entendió el concepto, y su siguiente frase fue rotunda: “pues ya no quiero pañal, quiero ser un niño grande para ir al cole y no quiero pañal”. Asombrados por su respuesta le dijimos que si él quería que lo ayudáramos a aprender a usar la vasija y nos dijo que si, a lo que acordamos empezar mañana cuando nos levantáramos.

Y así fue. El martes 26 al despertar le recordé lo que habíamos hablado la noche anterior y con una determinación asombrosa él solo se quitó el pañal y nos dijo “papá y mamá tíralo a la basura, yo quiero ser un niño grande para ir al cole”.

En ese momento le saqué un calzoncillo de los que tenía guardados para cuando llegara el momento, se lo puso, y tan feliz. Ese fue el último día que usamos un pañal.

¿Cómo nos ha ido desde entonces?

Aunque el proceso ha sido más rápido de lo que me esperaba, lo cierto es que tampoco ha sido coser y cantar, ni se ha dado en dos días. Ya han pasado dos semanas, y dimos por concluida la operación “adiós pañal” hace unos días. Así ha sido…

El martes fue su primer día sin pañal, y hasta el viernes más o menos tuvo algún escape, por olvidarse de tener que ir al baño (aquí entra la comodidad que tenía con el pañal y que ha tenido que aprender a manejarse sin él), por no llegar a tiempo, y también por querer hacer caca. Y es que, al sentir ganas de hacer caca, se le escapaba un poco de pis, hasta que aprendió a controlarlo.

El sábado tuvo sólo un escape, y fue el último. El resto de los días, pasando incluso el domingo por fuera (con un baño cerca y orinando cada poco, eso sí), no ha habido algún problema.

Asombrosamente, las siestas de dos horas y las noches completas sin despertar han transcurrido sin problema. No se le ha escapado nada hasta ahora. Que pasará, pero no sea porque no esté preparado. Cabe mencionar que tanto al dormir la siesta como al dormir la noche le pregunté si quería ponerse el pañal sólo para dormir y su respuesta fue clara: “no necesito pañal, soy un niño grande y voy a ir al cole”, así que, adiós pañal y para siempre.

En poco más de una semana, el proceso y los avances han sido claros: ha pasado de no enterarse de nada usando el pañal, a no llegar a tiempo y decir “mami hacé pis” cuando ya se lo estaba haciendo encima, a decirme “mami al baño rápido” y llegar a tiempo la gran mayoría de veces, y hasta a decidir por sí mismo que tiene que ir al baño, hacer todo y volver sin que nadie le recuerde nada ni le ayude. Incluso, nos hemos dado cuenta de que lleva ya rato sin ir, le preguntamos si quiere y nos dice que no tiene ganas.

Así que sin darnos cuenta el proceso ha llegado y casi se ha ido sin darnos cuenta. Ha sido todo completamente natural, a su ritmo y manejado por él, tal y como yo lo deseaba.

Si estás cerca de este proceso, o tienes dudas de cómo será, te cuento más detalles de nuestra experiencia…

¿Cómo he procedido yo?

-Comprándole bastantes calzoncillos (ahora mismo tiene 12). Más vale que sobren…

-Comprándole más calcetines. En los escapes iniciales también alcanzan los calcetines, y lo que no quiero es que de repente ya se quede sin ropa, porque los escapes son varios al día, y no tenga nada que ponerse porque todo está mojado y se sienta mal / culpable. Mojar la ropa es lo de menos 😉

-Comprándole más pantalones deportivos y vistiéndole sólo con ellos cuando salimos a la calle. En casa utiliza pantalones también deportivos pero de la talla anterior (que están nuevos pero le quedan algo cortos de alto y reservamos para cuando estamos en casa) y pijamas. Esto es, ropa totalmente cómoda que él pueda subirse y bajarse sin esperar por nadie para alimentar su autonomía. Los vaqueros (por los botones) quedan para cuando maneje mejor el tema.

-Lavando al momento la ropa que se mojaba (a mano) y tendiéndola para que se fuera secando por si hacía falta de nuevo.

-Preguntándole si quería ir a hacer pis cada poco tiempo. El primer día le preguntaba cada 15 min / media hora, más o menos. Pero poco a poco le fui preguntando cada vez menos, e incluso dejando que alguna vez se lo hiciera encima para proceder luego a la explicación “no pasa nada, pero la próxima vez intenta ir más rápido al baño, no esperes hasta que no puedas más”. Poco a poco ha ido despertando su lado “responsable” y ha empezado a escuchar a su cuerpo.

-Con la caca… siempre he escuchado que es normal que les de miedo verla o dejarla ir, porque sienten que es algo de su cuerpo que pierden, y en consecuencia hay niños que evitan ir al baño y desprenderse de ella. Para evitar, o al menos intentarlo, todo ese punto, jamás y nunca le he dicho “no toques eso que es caca”, sino “no toques eso que está sucio”. “Caca” es la que hacemos y nada más, para que no relacione la palabra como algo malo. El primer día le costó hacerla en la vasija, me preguntó que cómo hacía y yo le dije que hiciera un poquito de fuerza como cuando lo hacía en el pañal, y como se liaba y pensaba que había hecho pero no, y se levantaba, le pregunté si necesitaba que me fuera y me dijo que sí. Al decirle “avísame cuando caiga y haga ¡pom!”, entendió que hasta que no la escuchara caer era que no había hecho nada. Y cuando lo hizo me llamó corriendo “¡mami hizo pom, hizo pom!” y lo celebramos con saltos al grito de “¡yupiii!” que aún me sigue pidiendo cada vez que lo hace. Él es feliz y yo también. Además siempre le he explicado (sobre todo para que se la dejara quitar cuando llevaba pañal”, que la caca es algo que el cuerpo no necesita y por eso la hacemos, y que hay que quitarla porque huele mal. Ahora, cuando va a tirar la cisterna siempre le dice “adiós caca, gracias por todo”. Y todos tan contentos.

-Y en general, celebrar mucho con él los logros y normalizar los fallos, “no pasa nada, pero vamos a intentar hacerlo mejor la próxima vez”.

Elementos que han ayudado en el proceso

-Saber subir y bajarse la ropa (llevaba ya muchos meses vistiéndose y desvistiéndose solo)

-Entender el proceso (se lo habíamos explicado varias veces)

-Tener una motivación que le impulse a seguir (en su caso, ser mayor para ir al cole)

-Hablar mucho del cole y de lo que va a hacer allí (aumenta la motivación)

-Tener un escalón para llegar solo a sentarse en la vasija (nosotros tenemos este)


Espero que nuestra experiencia ayude a quien lo necesite, sobre todo a normalizar la situación y a verla como algo totalmente positivo.

¿Cómo lo hiciste tú? ¿También te llevaste la sorpresa cuando llegó la “operación pañal” o ya te lo esperabas?

¡Cuéntame tu experiencia!

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