2 años y 10 meses (34 meses)

2 años y 10 meses

Este tipo de entradas ya va tocando su fin, y es que se acerca la fecha límite que me propuse cuando empecé con los avances #mesames, los 3 años. Creo que es una buena fecha para terminar, porque alargarlo más allá de los 3 años me parece tirar demasiado del hilo.

El pasado día de Reyes, mi pequeño gran Terremoto cumplió un mes más, ya 34, y cada vez es más agradable, más sencillo y más divertido estar a su lado. Lo digo porque por fin veo luz al final del túnel, y no sólo yo, ya que nuestro entorno coincide al preguntarme: “¿está más tranquilo, no?” Y es que sí. Por fin mantenemos el tipo en el caballo de las batallas y vamos, poco a poco, superando la barrera de las rabietas, que tanto sentía que nos separaba a mi hijo y a mi (porque siempre está conmigo), mientras mi marido miraba los toros desde la barrera sin saber cómo ayudar.

Hace unos meses, allá por el verano, sentía que me estaba alejando de él, o más bien, que él necesitaba alejarse de mi, porque me apartaba, me rechazaba, y prefería que otros le atendieran antes que yo. Todo esto nos llevaba al límite, y estábamos todo el día como el perro y el gato.

Gracias a mi maravillosa comunidad de madres en Facebook, a las que les debo la cordura que hoy tengo, entendí que estaba empezando a verse como un “niño mayor”, y que lejos de apegarse más como otros niños que se sienten “solos” en esta nueva etapa en que ya se saben un ser independiente y no parte de la madre, mi hijo estaba aprovechando esa sensación para sentirse libre, independiente y capaz de hacer más cosas sin mi ayuda.

Aunque he sido siempre de dejarle muy libre, cierto es que me di cuenta que había cosas en que yo le ayudaba o le avisaba de que tenía que tener cuidado, así que dejé ese rol de lado y le di más espacio. Todo mejoró. En lugar de rechazarme venía a buscarme cuando me necesitaba, y cuando no, estaba solo en su habitación jugando tan tranquilamente.

Llegó pronto la etapa de los verdaderos desafíos, en la que él quiso sentirse más mayor de lo que realmente es y quiso conseguir cosas para las que aún no está preparado, y en consecuencia, la pagaba conmigo (lógicamente, con su mayor figura de apego, aunque yo no lo vi así en un principio). Hablo por ejemplo de querer hacer cosas de motricidad fina, como cortar algo con un cuchillo plástico, abrir tapas de botellas… Había muchas cosas para las que no estaba preparado, y sigue sin estarlo, y lejos de aceptar mi ayuda, lo intentaba solo, se frustraba al no poder y se pasaba el día enfadado y siempre de mal humor, resultando todo en gritos, enfados y lanzamientos de objetos. Me dolía en el alma ver que mi hijo pagaba su furia conmigo.

Entendí, entre lágrimas eso sí, que todo era parte del proceso y le dejé ser. Me di cuenta de que no estaba enfadado conmigo, sino con él mismo, y su forma de demostrarlo era rechazar toda ayuda y cariño posible por mi parte, que soy quien siempre está con él. Claramente, necesitaba su espacio más que nunca. Cuando lo vi todo tan claro y actué, dándole tiempo y limando mis asperezas para que viera en mi un buen ejemplo de autocontrol (no veas lo que me costó), todo mejoró aún más, porque entendió que lejos de ser su enemiga, estoy aquí para ayudarle, y que es bueno pedir ayuda y dejarse ayudar, tal y como yo hago con él.

Y en esa etapa estamos ahora, en la que somos más amigos que nunca. Me invita a jugar a sus cosas, me prefiere para muchas otras, y nos reímos más que nos enfadamos. Los dos hemos aprendido de ambos, y estamos entrando en una nueva etapa. Todo esto no es más que el claro ejemplo de las etapas que atravesamos en la maternidad, un tema del que hablamos hace unos días.

CARÁCTER Y PERSONALIDAD

Su carácter sigue siendo el mismo, fuerte y decidido, pero ha entendido que no vale para todo y está aprendiendo a manejarlo. Ha visto que sus “amenazas” de “¡pues ahora me enfado!”, no surten efecto y está empezando a entender que el enfado no es siempre la solución. Por supuesto, nos queda mucho por recorrer, pero empiezo a ver la tranquilidad en sus ojos, la concentración, la espera y, porqué no decirlo, un pequeño rasguño de paciencia.

Sigue siendo mi pequeño colaborador, aunque ya no le interese tanto, pero siempre que necesitas ayuda ahí está. Para alcanzarte un trapo cuando tienes las manos mojadas, para darte un rollo de papel higiénico cuando te has despistado y no has repuesto, y para preguntarte si estás bien y darte un beso y un abrazo cuando te das un golpe.

Continúa rechazando el contacto directo con personas que no suele ver y que, por tanto, le son extrañas, pero una vez se le da su espacio y comienza a verse en confianza, es el niño más feliz del mundo, compartiendo sus juguetes con todo el mundo, entablando conversación con cualquiera y atreviéndose a acercarse a esos que son más callados y que aún no se han acercado a él.

Cada día nos enamoramos más uno del otro, y solo por eso siento que esta etapa merece la pena más que nunca.

APRENDIZAJE Y HABILIDADES

Estamos en una etapa de tiempo en familia y de disfrute, y a través del juego juntos está aprendiendo a esperar turnos, a hacer las cosas con delicadeza, a concentrarse y a disfrutar de ver lo que hacen los demás. Pronto hablaré de los juegos que tenemos en casa para pasar ratos en familia, y que tanto éxito están teniendo.

Mejora a pasos agigantados con la bicicleta de balance, y ahora que desde el Día de Reyes tiene una patineta sabemos que mejorará su percepción del espacio y equilibrio.

Además, sigue haciendo mucho uso del juego simbólico, algo que creo que le interesará para rato, pues el día se le va entre hacer comidas en su cocinita y repartirlas para todos, en inventar conversaciones con sus animales, en cumplir misiones como hacen en la Patrulla Canina, en llevar y traer cosas con sus transportes. Todo con conversación de los personajes incluida que hacen que verle sea de lo más divertido.

He de reconocer que ha sacado la vena cantante de su madre, y que no puedo estar más orgullosa de ello. Se pasa el día cantando y hablando, y lo que más me gusta es que al cantar lo da todo, con gritos y aullidos incluidos que me hacen estallar de risa al ver su entrega. Pese a que en casa no escuchamos mucha música, porque siento que nos aísla y no puedo escucharle cuando está en una habitación diferente a la mía, es un imprescindible de nuestros viajes en coche. Me aseguro de que siempre esté rodeado de buena música que le ayuden a afinar el oído y a entonar con ligera decencia. No es que busque un pequeño prodigio de la música, ni mucho menos, siempre he dicho que él será lo que desee ser y su madre le seguirá detrás con muchísimo orgullo, pero si siento que si sabes entonar de forma medianamente decente, y te gusta escucharte cantar es mucho más fácil que continúes haciéndolo y que no lo dejes por vergüenza. Será porque la música es parte de mi vida y me ayuda a desconectarme de todo, que creo fundamental crecer con ella.

Seguimos con el amor por los libros y no me puedo sentir más orgullosa de la relación que está forjando con ellos.

HABLA

Mi pequeño parlanchín mejora a grandes rasgos, y no me extraña. Se pasa todo el día hablando, con lo cual tiene práctica de sobra. Por estos días ha aprendido a decir bien las construcciones -nd-, -nc, -nt-… y las palabras que la lleva las dice de forma ligeramente marcada, lo que hace muy divertido escucharle: annntes, silennncio, escuchannndo, atennnto…

Es increíble ver como sin que nadie les corrija, los niños son capaces de aprender la pronunciación perfecta de las palabras y poco a poco se van regulando, llegando a hablar perfectamente sin que nadie les haya dicho cómo.

SUEÑO Y ALIMENTACIÓN

En estos aspectos nada ha cambiado, tan solo ligeras mejorías que hacen que el momento sea más agradable. Nos ayuda mucho el instaurar rutinas que trato de cumplir cada día, aunque no de forma estricta, pero si que son una buena forma de saber qué es lo que viene ahora y anticiparse a las oposiciones y los problemas que pueden surgir.


Y hasta aquí llega el resumen de este mes. Lo cierto es que no hay mucho más que destacar que la introducción del post, porque es lo que realmente marca la diferencia. La tranquilidad, la compenetración y el entendimiento que reina la casa últimamente es digno de enmarcar. Y como se que acabará cuando llegue una nueva etapa, lo estoy disfrutando como si me fuera la vida en ello.

¿Te identificas con algo? ¿Cómo era / es tu pequeño con 34 meses?

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