Hablando de Navidad, juguetes y regalos

La magia de la Navidad

En esta época de turrones, luces navideñas y regalos por doquier, la sociedad se vuelve loca con la magia de la Navidad. Hay quienes adoran esta época, y hay quien la detesta por el gran gasto que les supone, pero la Navidad es mucho más que dinero.

Yo estoy en el primer grupo, adoro la Navidad. Es la época del año que más me gusta con diferencia, porque hace frío, porque me gusta pensar en mis seres queridos y qué me gustaría regalarles en esta época que no les he dado ya durante el año. Me gusta cuando cae la tarde y las calles se adornan con luces navideñas, me encantan los villancicos, los capuchinos calentitos a media tarde mientras veo una película con mi Terremoto y la magia de la Navidad.

Para mi, la Navidad no es solo regalos, es reunirte con la familia que normalmente no ves en el año, sentarte hablar con ellos y recuperar el tiempo perdido en unas horas. Es sentarnos alrededor de la mesa para recordar a los que ya no están físicamente, pero siguen llenando nuestros corazones y nuestro día a día.

Por eso, no entiendo porqué para mucha gente esta época se reduce a Papá Noel y a los Reyes Magos, porque ninguno de ellos es para mí, símbolo de buenos recuerdos. Y sí, hablo de eso, de la verdad que les rodea.

Mi vecina de 8 años y su hermano de 11 me sacaron de mi hermosa realidad señalándome con el dedo y riéndose de mí porque aún no sabía nada. Desde ahí, todo fue muy diferente. Dejé de escribirles cartas y hasta último momento (y porque mi madre me preguntaba) nadie sabía lo que yo quería de regalo. Y es que ya no tenía sentido. Había sido todo una mentira, un engaño, y me dejó muy mal recuerdo.

También he de decir que desde ahí los regalos ya no fueron los mismos, porque ya “lo sabía”, ya no era una niña pequeña. Era como si de un momento a otro mi infancia se hubiera detenido, y ya nada era igual. Mis padres seguían con la misma tradición cada 6 de enero, pero yo la seguía con menos interés, sólo porque a ellos les hacía gracia la idea.

Es por ese mal recuerdo que tengo en ese aspecto, que no quiero que mi hijo viva lo mismo. Desde ese momento siempre me he preguntado porqué se les miente a los niños, porqué se alimenta su ilusión con una mentira, y porqué los adultos no ven que, lo mires como lo mires, es una mentira. Y descubrirla duele, tengas la edad que tengas.

Por eso, siempre tuve claro que no mentiría a mis hijos, que iba a ser neutral en el tema y que jamás les hablaría de unos personajes que no existen.

Ahora que soy madre, ahora que él está cerca de los 3 años, ahora que entiende mucho lo que pasa, veo aún más lo difícil que es llevar a cabo tus ideas y tu forma de educar cuando no sigue el ritmo de la sociedad.

Porque sí, puede que mi forma de educar sea buena o no tanto, eso no lo se, pero es en lo que yo creo, en lo que mi marido cree, y hemos llegado a ella cuestionándonos el porqué de las cosas, porqué eso se hace así y no de otra forma, y porqué la gente no se plantea las cosas una vez se convierten en padres, y siguen la misma estela que sus padres porque “así se ha hecho siempre”.

Ya no sólo lo que rodea a la Navidad, sino frases hechas del tipo “si no me das un beso no te quiero”, “si no te portas bien no hay regalo”, despedidas del tipo “pórtate bien” y saludos del tipo “¿has sido bueno mientras yo no estaba?”. ¿¿Por qué??

Si es algo que se hace porque así lo crees necesario, está bien, pero la mayoría de gente que veo que lo hace es porque así se lo hicieron a ellos y porque lo han visto siempre, y sin cuestionarse porqué sí o porqué no, repiten esos comentarios cual robot.

Y a mi me hierve la sangre que lo hagan con mi hijo, porque para él quiero respeto, que se le valore como una persona capaz de razonar, y que se le escuche y se le de valor a sus palabras.

Por eso, porque no quiero basar sus grandes ilusiones en mentiras, porque no quiero romperle el corazón más adelante, y porque quiero respetarle por encima de todo, no le hablaré jamás de Los Reyes Magos ni de Papá Noel.

Y como es difícil llevarlo a cabo en un entorno que reproduce las cosas sin control y sin preguntarse nada acerca de ello, he optado por una premisa clara “no escucho, no comento”. Los abuelos, tíos, primos y demás familia le hablan de la carta de los Reyes Magos, de Papá Noel, de si ha sido bueno para que le traigan regalos…cosas con las que no estoy nada de acuerdo, pero que no puedo evitar. Es por ello que mi posición en este tema va a ser neutral, “no escuchar, no comentar”, y dejarle que él crea lo que quiera creer. Al menos, en su hogar, con sus padres, nunca vivirá tradiciones ni historias basadas en mentiras. Tendrá regalos y sorpresas, pero serán regalos de Navidad, no de Papá Noel ni de los Reyes Magos.

Y cuando llegue el momento de la duda, cuando quiera consultarlo y aclarar sus pensamientos, nos sentaremos a hablar.

De todo esto me quedo con el mensaje que tengo claro desde hace tiempo, y que además ya comenté en el blog: ¡qué difícil es criar a un hijo cuando no depende sólo de los padres!

¿También tú te ves dividido/a entre tu forma de educar y el entorno? ¿También te miran raro cuando dices que no tratas a tu hijo/a de la misma forma que los demás tratan a los suyos? ¿Cómo enfocas la situación?

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