2 años y 9 meses (33 meses)

2 años y 9 meses

Hemos cumplido un mes más juntos. Ya hace 2 años y 9 meses que nuestro Terremoto llegó a nuestras vidas, y todo ha cambiado tanto que yo no recuerdo cómo era mi vida antes de que él llegara, ni tengo idea de en qué invertía el tiempo antes.

Ser madre de mi Terremoto es una auténtica aventura, sobre todo ahora que estamos atravesando una etapa compleja que no tenemos idea absoluta de cuándo va a cambiar. No está siendo nada fácil, las cosas como son, pero es un reto que nos obliga a reinventarnos cada día, a pasar lista mentalmente cada noche al llegar a la cama y evaluar de qué otra forma deberíamos haber hecho aquello que nos dejó mal sabor de boca, pero sobre todo, nos obliga a intentar mejorar cada día, por él y por la persona que deseamos que sea el día de mañana.

CARÁCTER Y PERSONALIDAD

Su carácter se está reafirmando, y está sacando pinceladas de rebeldía y protesta que no me gustan nada. Entiendo la necesidad de rebelión en ciertos casos, pero la forma en que lo hace no me gusta nada, porque nos responde de mala forma, grita, hace gestos de “paso de ti, déjame en paz” y tiene ciertos aires de “no perturbes mi mundo porque te muerdo” que nos crispan los nervios.

Intento ver dónde puede estar viendo este modelo, y si hay algo que esté viendo en nosotros, corregirlo cuando antes.

Por lo demás, se afianzan sus ganas de ayudar y colaborar, su alegría porque compartamos sus logros y sus locuras con él, y además, mejora el trato con los desconocidos. Por supuesto, quien no le gusta no le gusta y ya, no hay forma de que eso cambie por mucho que pase el tiempo. Sin embargo, llevábamos ya más de dos meses sin ir a la frutería de la que somos clientes habituales, y esta semana que fuimos decidió ayudar a la chica a colocar las cosas en bolsas, darle un huevo de chocolate para que lo cobrara y agradecérselo, y despedirse de ella al salir con cara de felicidad, y diciéndome “mami ayudé a la niña a colocar la comía” por todo el camino.

Un resumen muy básico de su personalidad es “si quiere colaborar ya sea colocar la leche, lavarse las manos o dejarse cambiar el pañal, buscará la forma, pero si no quiere molestarse no hay excusa que valga ni forma de convencerle posible”. Esto es así y cuanto antes se asimile, mejor.

APRENDIZAJE Y HABILIDADES

Me tiene loca su destreza con la bicicleta de balance. La ha cogido creo que no más de 10 veces (si llega) y tiene un manejo muy bueno de ella. Va con cierta velocidad y soltura, y cuando se ve confiado levanta los pies y hace equilibrio durante unos pocos centímetros. Quizás no sea mucho para su edad, pero sí para las pocas veces que ha practicado con ella.

No tiene interés absoluto en la escritura ni en intentar aprender a dibujar rayas ni nada que sea dirigido. Así es él, muy libre. Pero su forma de dibujar también ha cambiado, pues ha pasado de hacer rayones sin sentido alguno, a bucles y círculos localizados donde quiere hacerlos. Se que es pequeño aún, pero es un avance obtenido por su propio logro. Enseñarle algo nuevo es un suplicio y SIEMPRE me sale el tiro por la culata.

Motricidad gruesa. ¿Sabes esos niños que ves en los parques que corren como locos a todos sitios y tú piensas “se la pega, se la pega, ay que se la pega”, pero no le pasa nunca nada? Así es mi Terremoto. Me asombra el control que tiene sobre su cuerpo, el equilibrio y la fuerza que se gasta para trepar por donde le parece, para brincar de la cama a una silla y de la silla al suelo, de saltar desde alturas considerables (de un banco del parque al suelo, por ejemplo) y de hacer pequeños circuitos de obstáculos por la casa sin hacerse un sólo rasguño. Es increíble lo loco que va por la vida y que no se de un golpe nunca.

Sus intereses en estos últimos meses están siendo jugar a la plastilina, leer libros (su favorito es Un año con los gorriones, que reseñé aquí, curiosamente el único que tenemos que no es para su edad 😮 ), la bicicleta de balance, correr como loco por la vida, inventar juegos nuevos con lo que pilla (un cordón de zapato, moldes de cupcakes de silicona, una bovina de adorno de navidad vacía y un bolso de tela [¿?] ), contar los números al revés (se pasa el rato “5, 4, 3, 2, 1… ¡a correeeeeer!” y se lanza por la casa), ver películas y dibujos infantiles (adora a Diego el primo de Dora, a la Patrulla Canina, a los Bubble Guppies (yo también), al DinoTren, a Ben y Holly y Peppa Pig) y como siempre, los transportes y los animales en cualquier formato que se los presentes son un éxito.

Le encanta cantar y que le pongas a prueba pidiéndole canciones una detrás de otra. Y su juego favorito conmigo es al de “pensar un animal”, uno piensa y el otro tiene que adivinarlo.

Habla: te da explicaciones larguísimas, y usa expresiones del tipo “¿sabes porqué pasa eso mami? ven que te voy a contar” cuando por ejemplo se me cae algo al suelo y viene con el discursito que yo le suelto cuando pierde algo por no colocarlo en su sitio, listo sí que es el tío. Tiene expresiones súper elaboradas y le pone gestos a todo lo que hace y dice. Lo que me da un gustazo que no veas es el poder tener conversaciones con él, razonar qué vimos en la calle y porqué, qué pasó en la película y porqué hay un niño triste en el parque, pero lo mejor de todo es escuchar sus explicaciones y sus razonamientos.

SUEÑO Y ALIMENTACIÓN

Sigue durmiendo con nosotros y sigue levantándose más o menos a la misma hora de siempre, pero lo que muchas veces nos cuesta es hacer la siesta. La necesita y se duerme en un segundo, pero como jamás de los jamases ha querido pararse y bajar revoluciones porque le resulta de lo más aburrido, me cuesta horrores que se duerma muchas veces. Los días que no duerme se nos hacen eternísimos porque su mal carácter crece con el tiempo.

Come bastante bien. Comemos siempre juntos y de lo que hayamos cocinado ese día, aunque lógicamente hay días que come más o menos si lo que hay no le termina de convencer. Eso sí, su cacao de la mañana y de la noche es sagrado, no importa cuánto haya cenado que siempre quiere uno antes de dormirse, y por la mañana antes de abrir los ojos ya está despertando a papá para que le prepare su “cacau”, aunque después desayuna con nosotros.


Montados en el caballo de batalla aquí seguimos. Algunos días exhaustos, otros con más ánimo, pero intentando siempre sacar a flote aunque sea la nariz. Confiamos en que todo va a ir mejorando, al menos, es lo que nos da aliento para seguir.

¿Te suena algo de lo que has leído? ¿Cómo está siendo o fue para ti esta etapa? Si tienes algún consejo que darme no lo dudes y ¡déjamelo en los comentarios!

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