Mi niño no quiere comer, ¿qué hago?

Imagen de tugentelatina.com

Imagen de tugentelatina.com

Este es el tema que más preocupa a muchos padres, pues sentimos que estamos fallando en algo si nuestro hijo no come con gusto todo lo que le damos. Por muy buenos comedores que sean, hay niños que pasan por etapas en las que de repente, algo que les encantaba, ya no quieren ni ver, y misteriosamente casi nada les gusta. Por eso, hoy te traigo algunos trucos que a mi me están funcionando:

1. No te preocupes en exceso. Aunque suena contradictorio, así es. Quizás esperas resultados poco realistas o le estás dando demasiadas vueltas al asunto. Si sientes que tu hijo no come nada, párate a pensar qué tan realista es ese pensamiento. El ser humano no puede pasar muchos días sin comer, es físicamente imposible, así que piensa que tu hijo algo está comiendo, por muy poco que sea.

2. Confía en sus capacidades. Aunque sientas que tu hijo no come lo suficiente, piensa que él es el único que puede saber cuánto necesita comer y con qué intervalo de tiempo. Independientemente de la edad que tengan los niños, incluso los recién nacidos, son capaces de regularse sin ayuda, sólo si tienen a su disposición la comida a libre demanda. Sigas el tipo de alimentación que sigas (la lactancia que hayas escogido, si llevas una dieta vegetariana, si no comes azúcares procesados, si lo haces todo casero…), permite que tu hijo pueda decidir qué tanto quiere comer y cuándo.

3. Decide qué comer y cómo; que tu hijo elija cuándo y cuánto. ¿Esto qué significa? Te doy mi ejemplo. En mi casa yo preparo un almuerzo genérico para todos (más adelante te doy mis truquitos para ello), y eso es lo que comemos. No hay platos especiales para nadie, todos comemos lo mismo. Y lo comemos sentados en la mesa, siguiendo unas normas (un poco de comida, un poco de bebida…) y en familia, sin televisión ni distracciones. Ese es nuestro cómo. Pero hasta aquí llegan nuestras normas en la mesa, porque dejo libertad a mi hijo para que decida cuánto quiere comer y cuándo. ¿Que porqué le dejo escoger esto? Pues porque no es una máquina que alimentar cada X horas, y no estoy dentro de su cuerpo para saber cuánta cantidad de comida necesita para saciarse (que no para quedarse relleno y casi explotar) ni cada cuánto tiempo necesita comer. Eso sólo lo sabe él.

4. Se un buen ejemplo. De nada sirve que quieras que tu hijo pruebe de todo y que coma sano si en casa sólo compras precocinados que muchas veces saben a industria, si tú te saltas comidas por pereza o si a él le pones un plato de verdura “porque es niño y tiene que comer sano”, pero tú te sirves tortilla en sus narices. Se justo/a. Si pides que tu hijo coma verdura, si insistes en que coma fruta, si tu mejor lema es que hay que comer de todo, lo mejor que puedes hacer es ser un buen ejemplo y predicar con lo que dices.

5. Anímalo a que pruebe de todo. Puedes jugar con los horarios de tu hijo para animarle a que pruebe todo aquello que dice que no le gusta. Seguramente cuando llegue del colegio, o cuando no ha desayunado mucho, llegue con hambre al almuerzo. Este es el momento ideal para ofrecerle una pequeña ración de algo que suele rechazar como primer plato. El hecho de tener hambre puede animarle a probarlo. Esto lo digo porque hay muchos niños (y adultos también), que nada más ver un plato, por su aspecto dicen “no me gusta, no quiero”, pero sin haberlo probado. Quizás, obviando esa primera impresión, resulta que lo prueban y les gusta. Por eso es importante que, al menos, lo prueben.

6. Insiste. De repente tu hijo hoy dice que no quiere comer zanahoria y que no le gusta, cuando hasta hace unos días le encantaba. Y te obliga a reinventar el menú. Esto mismo puede pasar al revés y, de repente un alimento que nunca ha querido, empieza a gustarle. Esto le está pasando a mi hijo con la fruta, al principio no quería ni mirarla, no y no. Pero a base de insistir y de vernos a nosotros comerla ha empezado a mostrar interés y ya acepta fruta de postre. Paso superado. Por tanto, pese a sus “no me gusta, no quiero”, no dejes de ofrecérselo de vez en cuando, quizás en unos días te sorprenda.

7. Respeta sus gustos. El punto anterior es de gran utilidad pero si pese a todo, insiste en que el brócoli no le gusta es completamente respetable, no se lo escondas en la comida a traición para que no lo note. Que será muy bueno, si, pero seguro podemos encontrar sus propiedades en otros alimentos que le puedan interesar más. Antes que nada hemos de respetar que haya alimentos que no les guste, porque apuesto a que seguro tú tienes algunos que no quieres ni ver.

8. Platos atractivos. ¿Te has parado a pensar porqué tu hijo no come? ¿Has analizado los platos que le sirves? Las verduras para los niños suelen ser aburridas, y si encima les ponemos todo verde o de un solo color, vamos directos al fracaso. En lugar de servirle rodajas de zanahoria asada, hazle una mezcla en taquitos, de zanahorias con algo que le guste y le de color, por ejemplo maíz, guisantes o papa. Para los niños todo es un juego, y conseguiremos mayor éxito si jugamos en su mismo terreno. Por eso, platos coloridos, variados y no muy recargados pueden ayudarnos mucho.

9. Mejor poco y variado. Esta máxima es la que aplico desde que mi hijo entró en esta fase de los 2 años en la que nada le gusta pese a que hace unos meses devoraba de todo sin compasión. Cansada de verle dar vueltas a la cuchara dentro del plato, decidí modificar las cosas. Así, me di cuenta de que es preferible que se coma dos cucharadas de puré y algo más, que ponerle un plato de puré completo y que se dedique a jugar con la cuchara sin probar nada. Por eso, en vez de ponerle un plato de puré como plato único, le pongo de primero un tazón con un cucharón de puré y un segundo plato con algo que se que le gusta, por ejemplo una o dos empanadillas de atún acompañadas de unas cucharadas soperas de arroz como guarnición. Y un poquito de fruta de postre, aunque sea una uva. Y si se come la mitad de ambos platos, eso que conseguimos.

10. Olvídate de las peleas, los premios y los avioncitos. Los engaños en la mesa no sirven más que para que se termine el plato que tiene delante, pero a la larga te van a traer problemas. Lo mejor es ser claros con ellos: “esto es lo que hay de comer y no hay más hasta más tarde”. Lo digo por aquella etapa que tuvo mi hijo de “no quiero comer, no tengo hambre”, y cuando todo se recogía de repente quería galletas. “Si comes te doy un regalo” o “si no comes no te quiero” mejor olvídalos. Tiene que comer porque es fundamental, dale otras razones, lógicas, reales y claras, pero no lo amenaces con dejar de quererlo ni le premies por algo que debe hacer. Se realista. Y los avioncitos, pues más de lo mismo, en mi casa jamás ha habido un avioncito por nuestra parte, por lo mismo de antes, tiene que comer porque hay que comer para estar bien y crecer fuertes, pero no por hacerme el gusto recibiendo el avioncito que le doy ni por el premio que viene detrás.

11. En la mesa, siempre cosas positivas. Intenta que el ambiente en la mesa sea agradable y en familia. Transmítele a tu hijo que ese es buen momento para comunicarse con ustedes y contar su día y sus inquietudes. Convertir los momentos en la mesa en recuerdos bonitos es el mejor mensaje sobre la comida que le puedes dar a tu hijo

12. Involúcrale en todo. Si sientes que tu hijo no come, quizás sea porque la comida le aburre. Utilízala como un juego, como un momento agradable del que disfrutar con sus padres, y ayúdale a que entienda todo el proceso que supone que un plato esté en la mesa. Anímale a que te ayude a hacer la compra y luego colocarla, déjale que te ayude siempre que quiera a cocinar, invítale a preparar la mesa y según su edad, también puede ayudar a lavar los platos luego. Haciéndole partícipe de todo tienes mucho terreno ganado. Este paso nos funciona mucho, y lo recomiendo sin duda.

13. Déjale elegir. Una noche de viernes, la noche previa al día libre en familia, o el día de la semana que lo acuerden, déjale elegir el plato estrella del día. Sentirse protagonista en la cocina y ayudar a preparar el plato que ha escogido puede animarle a comer mejor.

14. Ten paciencia. Por último, pero es algo que debes tener siempre, es la paciencia. De nada sirve apurarle, ni esperar más de la cuenta. Déjale libre, déjale decidir, acompáñalo en su proceso de amar la comida en lugar de obligarle a hacerlo ya, respeta sus decisiones y haz que se sienta comprendido y querido pese a todo. De repente, un día te llevarás una buena sorpresa y sentirás que todo este mal trago ha quedado en el olvido.

Anuncios