#AZdelaMaternidad… con la Z: “Zapatos”

 

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Esta semana he hecho revisión de la ropa que ya no te cabe, también de los zapatos.

Al guardar todo lo que ya no te sirve, me he encontrado con todo aquello que he ido almacenando poco a poco, también los zapatos.

Es curioso como algo tan común, dice tanto de ti. Todos son zapatos que te han ayudado en tus andanzas, que te han acompañado por carretera, arena, tierra y piedras. Teniendo tus pies protegidos, nada se te resiste, subes y bajas, escalas todo lo que puedes con gran facilidad.

Los zapatos son sólo un ejemplo, pero un ejemplo claro de que creces a la velocidad del rayo. Aprendes algo nuevo cada día, tus palabras y canciones inundan la casa a cada paso que das, todos los días son una aventura a tu lado.

No hace nada aprendías a controlar el equilibrio, cada paso que dabas era motivo de gritos y aplausos, te sentías libre. Cada metro que avanzabas era terreno conocido, con tu actitud loca pero precavida, dejabas claro que querías seguir intentando, conocer, aprender por ti mismo. Siempre ha sido así.

Nunca fuiste un niño al que enseñamos a hacer tortitas, a hacer pedorretas, al que motivamos a gatear ni ayudamos a caminar de la mano. Siempre fuiste tú. Tú solo, a tu aire, a tu ritmo loco, lanzándote a la aventura a ver qué pasa sin que nadie tenga que decirte cómo se hace.

Eso es lo que siempre me ha gustado de ti, que no esperas a que nadie te pida nada, nace de ti y lo haces sin más. Colaborador, aventurero, de carácter firme como el que más. Te quiero por cada rincón, en cada pliegue de esos muslos rollizos que nunca tuviste, te quiero un millón multiplicado por cada una de las hermosas pestañas que adornan tus ojos, y que te hacen más único aún.

Mientras miraba todos tus zapatos viejos, recordaba cada una de tus hazañas. Y es que más que un recuerdo, su estado habla por sí solo, son como un libro abierto. De bebé ya no tienes sino esos maravillosos ojos intensos, que devoran con ansias de aprender todo lo que ven. Ya eres mi niño grande, mi pequeño hombrecito de 2 años y medio que me enseña cada día un poquito más de la vida.

Me encanta comprarte zapatos bonitos, cómodos, pero sobre todo, que te gusten a ti, los que tú elijes. Me gusta la sensación de que los zapatos se te queden pequeños y tener que buscar unos nuevos, porque significa que hemos dado un paso más en la vida, de tu mano. Nos has llevado por una nueva senda, mientras esos zapatos duraron en tus pies, recorrimos mundo nuevo, aprendimos cosas nuevas y disfrutamos de cada día a tu lado. Por eso, estrenar zapatos nuevos supone empezar un nuevo camino, una nueva aventura llena de gritos de alegría y locura.

Vivir cada día a tu lado es tan mágico y tan intenso que consigues que me quede rato admirando tus viejos zapatos con una sonrisa en la cara, recordando todo lo que hemos vivido a tu lado e imaginando qué nuevo camino nos tocará recorrer. Lo mejor es que tenemos el mejor compañero de viaje y que sabemos que, se plantee como se plantee, de seguro va a ser una aventura para recordar.

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