Nuestras vacaciones de verano 2015

Verano 2015

Te pasas el año esperando a que lleguen las vacaciones y al final todo sale al revés de como lo esperas, pero eso no significa que no pueda uno adaptarse y disfrutarlas como se puede 😉 .

Este año, desde mediados de mayo a mediados de junio tuvimos nuestro mes de vacaciones, por fin. Pero no pudimos hacer mucho, porque de las cuatro semanas libres, las dos primeras yo aún estaba haciendo las prácticas del curso y en la tercera semana mi marido hacía un curso que necesitaba hacer este año sí o sí, así que sólo nos quedaron libres del todo 11 días.

Aún así, disfrutamos mucho. Mi marido las dos primeras semanas de vacaciones se fue con nosotros a casa de mis padres, y cuando yo llegaba del colegio a las 2 de la tarde ya estaban preparados, comíamos y salíamos de paseo. Cuando él hacía el curso, al ser a partir de las 6 de la tarde, aprovechábamos la mañana y parte de la tarde. Y en esos días que estuvimos totalmente libres nos fuimos 9 de vacaciones a la isla vecina (Tenerife) porque mi ilusión de este año era, fuera como fuera, llevar a mi hijo al Loro Parque para que viera animales en persona. Pudimos hacerlo realidad gracias a la beca que me dieron para el curso, y nos lo pasamos de maravilla, sin ganas de volver.

Como Murphy no se olvida de nosotros, una semana antes de irnos a Tenerife a mi coche se le rompió la cerradura de la puerta del chófer (es la única con la que se puede abrir el coche) dejándonos tirados en la calle con el tiempo justo de que mi marido llegara a su curso. Suerte que mi padre tenía que pasar por la zona en un rato y nos ayudó con las herramientas que siempre lleva encima. ¿Conclusión? Eso fue un viernes y estuve todo el fin de semana entrando al coche por el maletero.

¡Minipunto para Murphy!

El lunes lo arreglamos poniendo mecanismo nuevo y el sábado nos fuimos a Tenerife. Cuando aún nos quedaban días para regresar fuimos de paseo y al bajarnos del coche, la ventanilla del chófer no subía. Ñeeec. Imagínense nuestra cara. Llamo a mi padre, le cuento lo que pasa y por su experiencia deduce que el motor del elevalunas eléctrico se ha roto y no hay forma “automática” de subir el cristal, sino a mano, desmontando media puerta.

¡Minipunto y punto para Murphy!

Eran las ocho de la noche, en un pueblito costero de cuatro casas, a cuarentaypico kilómetros del apartamento y sin conocer la zona ni saber dónde buscar ayuda. Corriendo como podíamos para llegar a alguna zona donde encontrar una ligera ayuda, porque no podíamos dejar el coche así toda la noche, lógicamente, y con el niño atrás queriendo bajarse, queriendo comer y quejándose.

Buscando con el móvil sitios donde pudiera haber herramientas llegamos a la realidad, eran las 8 y media y ya estaba todo cerrado, lo poco que había. En zona sur, turística, me dirás tú qué cantidad de talleres hay y más abiertos a esas horas, que los habrá, pero sin conocer nada y con el tiempo justo, como para ponerte a buscar.

Así que se me encendió una luz, ¡una gasolinera! (o estación de repostaje, no se como le digan ustedes). Pensé que suelen tener algunos kits básicos para coches y en caso negativo, quizás alguna herramienta que poder prestarnos o una idea de a dónde ir.

Pero no, el chico nos dijo que no tenía nada, pero que unas calles más abajo en el polígono industrial había un comercio de estos chinos y que quizás tenía algo. Nos fuimos volando, estilo A todo gas (vale, no tanto, pero casi) a ver si llegábamos a tiempo, previa parada en un McDonalds que había por allí para que Terremotillo aguantara el momento (se que la comida chatarra no es lo ideal, pero entiendan nuestro desespero).

Llegamos al chino, grande, enorme, gigante, ¡descomunal! Y dijimos si aquí no hay algo que nos ayude no habrá en ningún sitio. El peque, yo, los HappyMeals y mi incertidumbre, nos quedamos en el coche porque no se podía dejar solo, y papá entró a buscar algo con lo que poder desmontar la puerta del coche. Faltaban 10 minutos para cerrar.

Cuando salió traía algo en la mano, había algo, una mínima esperanza…

¡¡¡BENDITA SEA ASIA!!!

Llegamos al apartamento, aparcamos, y empezó lo bueno. Llamé a mi padre para preguntarle qué debíamos hacer, no sea que metiéramos la pata y ya sí no hubiera remedio, y nos dijo que había que desmontar el tapizado de la puerta, subir el cristal a mano y meter algo tipo rama de árbol, palo de cepillo, que tuviera la medida justa para calzar el cristal y que no se bajara.

Nueva odisea, encontrar un puñetero palo entre apartamentos, y hoteles…. ¡¡¡Murphyyyy te estás pasandooo!!!

Marido se recorrió media zona y encontró un palo grueso, de la medida necesaria, tirado en una calle cualquiera.

¡Te quiero Murphy!

Así que nuestra gran odisea acabó a la 1 de la madrugada, agotados y tras mil inventos de entretener al niño. ¿Cómo terminaron nuestras vacaciones? Pues paseándonos por todo Tenerife con la ventana calzada con un palo que encima asomaba un poco por el cristal y cada vez que lo veíamos nos reíamos de lo mal que lo habíamos pasado. El calor que pasamos por no poder abrir esa ventanilla mejor no lo cuento.

Así todo, Tenerife nos acogió maravillosamente, nada pudo impedir que disfrutáramos de nuestros días de paz como nos merecíamos y volvimos a casa con las pilas supercargadas y felices de haber podido ver mundo nuevo. Con ganas de volver, ¡y muchas!

¿Cómo han sido tus vacaciones? ¿Qué me recomiendas para ir con niños el próximo año?

Tenerife 2015

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