Educar a un hijo. Cuando no depende solo de los padres…

Como muchas de ustedes saben he vuelto a la universidad durante un año más, e inevitablemente, he tenido que recurrir a mi madre para cuidar al peque las horas que estoy fuera, porque ya saben que en esta casa, la conciliación es un mito.

Pues bien, ahora más que nunca me doy cuenta lo difícil que es educar a un hijo en sociedad. Si ya lo era antes, ahora que pasa muchas horas con otras personas, la situación se complica.

Está claro que vivimos en sociedad, y que no se puede ni se debe esconder a un niño para que no tenga malas influencias, supongo que para evitarlas, la buena base viene de casa. Pero, ¿qué hacer cuando esas malas influencias llegan siendo pequeño para decidir qué está bien o qué no? ¿qué hacer cuando la gente reproduce algo a lo que está acostumbrada y por ello no se cuestiona, entiendo que sin mala fe, y eso se sale mucho de tus esquemas?

En estos cinco meses no he visto grandes cambios en mi hijo, es decir, ha avanzado conforme a su madurez personal, pero no le veo influenciado por personas ajenas. Pero si que, a su alrededor hay cosas que no me gustan del todo.

Entramos en detalles para que sepan por dónde voy…

Mi madre tiene una casa muy grande, muy llena de figuras y de cristalitos preciosos, por supuesto, un entorno nada preparado para un niño pequeño. Aunque él no toca nada, evidentemente son habitaciones en las que no se puede jugar. Pero sí que puede jugar en el patio (cerrado, techado y sin peligros), pero claro, pronto el entorno le cansa y se aburre. ¿Qué hace mi madre? Ponerle vídeos en el móvil para entretenerle, los que hagan falta, hasta que él se canse o encuentre algo que le guste más.

No estoy nada de acuerdo con esta técnica, por muchos motivos: crea vicio, tiene la pantalla muy cerca de la cara, es muy pequeño para pasar el rato mirando una pantalla y no el mundo real, le absorbe hasta el punto de montarla gorda si no hay señal de wifi y el video no carga… En definitiva, para un rato está bien, pero no como comodín para cualquier momento en que el niño se aburre.

Las palabrotas del entorno. Gracias tengo que dar porque mi hijo no las repite, aunque alguna que otra si que la dice en el momento dado, pero repitiendo a la persona: “abu ice ….” (abu dice …), pero ya, sigue a lo suyo. Aún así, me paso el día recordándoles a mis padres que se las guarden, especialmente mi padre que se las bebe como yo el agua (nótese la exageración bien dicha), y es ahora cuando más me he dado cuenta lo malhablados que son mis padres. Mi madre no tanto, algún “coño” o “joder” se le escapa, pero es que mi padre, sobre todo cuando se enfada, mete hasta tres en una sola frase. Por más que les digo, se que es un hábito difícil de quitar, o al menos, reprimir mientras el niño está delante. Mi madre es más consciente, sobre todo cuando habla con amigas que le cuentan que sus nietos no hacen sino gritar palabrotas y usarlas en su defensa con 3 años, pero mi padre se lo toma a risa, más bien, con el escudo de “déjame tranquilo y no me controles” me suelta cualquier cosa y sigue a lo suyo. Y me cabrea, mucho.

Además, en este sentido, el día 1 de enero, primeros de año, reunión familiar, tuve un problema gordo con una tía reciente que llegó a la familia hace unos 3 años y pretende hacerse con el cotarro en dos días. La cuestión es que es una persona a la que le gusta mucho llevar la voz cantante y si no la dejas se enfada como una niña, se lo dice a mi tío, y la tenemos, porque “la pobre se siente mal porque le hablaste mal”, pero no reconoce su error, la culpa es tuya. Supongo que alguno de ustedes conocerá también a alguien así y algo me entenderá (por favor, ¡díganme que no soy la única que tiene una niña de 57 años en la familia!).

Bueno, el caso es que esta tía siempre saludaba a mi hijo con un beso en la boca, cosa que odio. Para quien lo haga con sus hijos, todos mis respetos, pero yo soy más de verlo como un acto que pertenece a su intimidad y, por tanto, quiero que él decida a quién darle los besos en la boca. Pues bien, esta tía por más que se lo decía, nada, y ya la tenía entre ojo. Para coronarse, ese primer día de año, coge a mi hijo en brazos y se lo lleva a la ventana a ver coches, hasta ahí todo bien, pero como ella es de agobiar y mi hijo es de agobio fácil, al rato me acerco para ver cómo estaba y la escucho diciéndole palabrotas para que mi hijo se riera. ¿¿¿Perdona??? Me faltó poco para morderla, pero me contuve. Me limité a quitárselo de los brazos y decirle bien claro que esos experimentos con mi hijo no, si se lo permitencon otros (que se que sí) que lo haga, pero con mi hijo ni loca. Cabe resaltar que se lo pintó diferente a mi tío y yo quedé como la mala, pero me da mucho igual lo que piensen, la verdad, mi hijo está primero.

Las galletas, chocolates y porquerías varias. En mi casa las come, no lo voy a negar, pero aún es algo que yo controlo. Si no ha comido en condiciones, o pretende saltarse el almuerzo para comer galletas, le explico claramente que las galletas son una golosina, y que antes debe comer. Antes me costaba un disgusto por su parte, pero terminó por entender. En casa de mi madre, sin embargo, tienen el cajón de las galletas a su alcance, con lo cual él coge, hace y deshace lo que le da la gana. Además, no solo eso, sino que por ejemplo coge una, se come el chocolate y la tira, desperdiciando comida porque sí. Ya que decírselo no sirve, y mi madre no es constante, le he pedido que cambie las galletas a un sitio más alto, pero le entra por un oído y le sale por el otro.

Comentarios típicos que no me gustan nada. Mi madre es muy de: “vamos a recoger los juguetes que viene nosequién y se los lleva”, “corre a cambiarte el pañal que si no nosequién se enfada”, “¿no recoges?, pues no te quiero”, y bellezas de este tipo que me erizan la piel cuando las oigo. Para mi hijo ante todo busco respeto, si quieres que recoja, ignora el Sálvame un momento, explícale a su altura porqué debe recoger y si se sigue negando ofrécele ayuda, o una alternativa, pero no le niegues tu cariño… En el fondo se que son cosas que hace sin pensar, sobre todo porque es lo que ha oído siempre, y porque le terminan funcionando, claro, pero no es lo que me gusta para él, no quiero que le hagan sentir mal por no cumplir las expectativas del adulto.

Cabe añadir esos consejos que todo el mundo te da y que no has pedido, como el: “si no quiere recoger tú le dices esto y esto, y si no, pues no te quiero, y ya verás como viene a ti y lo hace”, “si te monta el berrinche por tonterías tú ignóralo, que no haciéndole caso verás que se le quita”, etc.

Y a todo esto, ¿yo qué hago?

Por supuesto, hablo con mis padres, sobre todo con mi madre que es quien más tiempo pasa con él y quien más se encarga de él, pero aunque son personas jóvenes (ninguno llega a los 60 siquiera), sus actitudes están más que grabadas y les cuesta cambiar, modificar, o al menos, recordar que deben hacerlo. Me dan la razón, por ejemplo con lo de mi tía los dos pusieron el grito en el cielo cuando les conté, pero no son capaces de ver que su actitud, aunque no igual, es muy similar, algo que solo ven cuando una palabrota se les escapa y el niño la repite. Entonces, dicen cualquier cosa similar para disimular, pero al rato, vuelta a la carga.

Por otro lado, soy consciente de que me están haciendo un enorme favor, no sólo por el dineral que me estoy ahorrando en guarderías y que no tengo, y para las que mi hijo no está preparado, sino que además se que él está más feliz con ellos que con nadie más y, sinceramente, yo también.

Aunque tengo muchas cosas que discutir sobre su forma de hacer las cosas, entiendo que no puedo imponerles mi criterio en su casa, ni a toda hora del día. Si los elegí para que le cuiden debo también respetarles a ellos y no estar todo el día erre que erre con que esto no me gusta y esto tampoco. Mi madre se esfuerza mucho en cumplir las cosas que le pido que mantenga a rajatabla, porque reconoce que yo soy la madre y yo soy quien decide su educación, y debe respetar mis “órdenes”, como ella dice, pero claro, hay cosas que se le escapan y a mi no me terminan de cuajar.

Y entonces, ¿qué hago para remediarlo?

Controlar la situación, como siempre, cuando estamos en casa. Por suerte ahora solo tengo clases martes y jueves, así que el resto de la semana está conmigo, más el miércoles que también está papá, y se siguen cumpliendo las normas establecidas en casa. Galletas restringidas según la situación, los vídeos del móvil ni los pide porque ha entendido que “sólo están en el móvil de abu”. Ella se los sigue poniendo, pero al menos, sólo los ve el rato que está con ella, y cuando está conmigo me aseguro de que haga cosas más “sanas”, por decirlo así. A ver, que no lo veo mal, pero eso de estar pegado al móvil gran rato y según vea a la abuela lo primero que haga sea pedir el móvil, como que no. Pero bueno, mi filosofía en eso es, si la abuela se lo permite, pues lo hará con ella, al menos conmigo se que no.

Con las palabrotas si que soy pesada, es algo que no me gusta que escuche porque pueda llegar a reproducirlos, y si repite alguna y a alguien se le ocurre reírle la gracia, lo muerdo. Reconozco que a mi también se me escapa alguna, pero soy consciente y estoy trabajando en ello para desterrar un “coño” o un “joder” de mi vocabulario y sustituirlos por cualquier otra expresión menos dañina.

En fin, queridos mías, que a esto de escuchar consejitos y comentarios varios por los que te contienes para no faltarle el respeto a alguien, hay que sumarle el “intrusismo educacional”, ¿podríamos llamarlo así? En definitiva es ese noble arte de, a veces con maldad, a veces sin ella, que tienen las personas de saber educar a tus hijos mejor que tú, y de saber mas que tú de todo. Se que mis padres no tienen mala intención, pero, ¡ay cómo cuesta educar a un hijo sobre las bases que tú crees mejor para él!

¿Les ha pasado? ¿Les suena de algo? ¿Cómo lo solucionaron? Toda idea será bienvenida, porque hay cosas que sí que se me escapan de las manos…

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