Lo que más me gusta de mi hijo…

Me encanta cuando da vueltas mientras duerme buscando mi brazo para abrazarlo fuertemente y acurrucarse contra él.

Me encanta que, pese a todo, me prefiera por sobre todas las cosas, diciendo “no, a mamá” cuando su padre o su abuela le quieren cambiar el pañal o hacerle algo y el quiere que se lo haga yo.

Me gustan sus besos y sus abrazos inesperados. Siento que es su forma de decirme “te quiero mamá”.

Me gusta cuando se enfada y hace ruiditos de garganta muy serio, que me dicen “no me hables que estoy enfadado”.

Me hierve la sangre cuando le pega a mi perro sin motivo, mil veces al día, pero me reconquista por completo cuando se sienta a su lado a comer cereales para darle, cuando le comparte su jamón, cuando se tira encima para abrazarlo, o cuando quiere ser el quien lo lleve cuando paseamos.

Adoro esos momentos en que siento su risa, donde sea, no importa el contexto ni el momento. Me hacen sentir que todo puede ir mejor, son el empuje que necesito.

Me encanta que me reciba con gritos de alegría, corriendo y los brazos abiertos, cuando llego de noche, cansada de clases y de buscar aparcamiento. Que se quede un poco triste no me gusta tanto, pero me quedo con lo que significa y no me siento tan mal después de todo.

Odio tener que darle gritos o enfadarme con él, pero me encanta cuando aparece un extraño que le agobia y él se refugia en mi regazo, cuando se da un golpe y solo pueden curar los besos de mamá, cuando solo quiere dormirse conmigo o ver dibujos a mi lado.

El día a día no es fácil, criar no es fácil, educar no es fácil, pero cuando tengo un minuto libre, solo uno, como ahora, pienso en él y en sus locuras, me vienen a la mente todos estos momentos, y una sonrisa se dibuja en mi cara mientras pienso “no te preocupes, no es fácil, pero lo estás haciendo bien”.

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