Reflexiones de un día cualquiera…

Últimamente me he dado cuenta de lo sola que me encuentro, de lo malo que es meterse en el bucle de ser mamá24h y atender la casa.

No me malinterpreten, no vengo a quejarme ni mucho menos me arrepiento de todo lo que tengo, pero sí es cierto que tengo mucho tiempo libre, demasiado, y da para mucha reflexión.

A ver, tiempo libre como tal no es. Es tiempo libre “mental”, demasiadas ocasiones para darle vueltas al coco. Lo que sí es cierto que la casa es más de lo mismo cada día, y llega ese día de la semana, sea cual sea, no los distingo, en que ya todo me da igual, que no tengo ganas de hacer nada y ya poco me importa si hice la cama o si fregué la loza.

Es cierto, alguien tiene que hacerlo, pero es un trabajo tan tremendamente aburrido y monótono que me cuestiono una y mil veces cómo a alguien puede gustarle vivir así, y mucho menos definirse como “ama de casa”. Es algo que me retumba y mucho.

Es una labor que odio, la hago porque no me queda otra, pero me he dado cuenta que desde que me vine a vivir sola, y más desde que tengo a mi hijo, no tengo a nadie con quien compartir mi vida, mis sentimientos. Ya no hablo de ilusiones porque eso no se dónde quedó.

Tengo amigos a los que tengo que contactar yo si quiero saber cómo están, pero muchas veces me lo planteo.

Con los que no tienen niños me lo pienso mucho, porque ni se cómo están sus vidas ya, ni sé de qué hablar con ellos. Y es que hace tanto que no hablamos que no hay un tema afín. Tampoco es que quiera hablar de ni hijo, ni mucho menos, pero es que siento que ese es el único tema del que puedo hablar. Del resto… de qué? De cómo se hace una cama, de cómo cocinar macarrones?

Con los amigos que tienen hijos la conversación se torna, sin darme cuenta, en una competición que ni entiendo ni he buscado: mi hijo hace esto, lo otro y lo de más allá. Esperan a que les digas algo o directamente preguntan para lanzarse a tu yugular haciéndote ver que su hijo es mejor que el tuyo.

Entonces llego a un punto en que me planteo: a quién le cuento mis cosas? A mi marido, entre los gritos y las llamadas de mi hijo y sus bostezos por el cansancio? A mis amigos con hijos, que están esperando que les diga que me siento mal por algo para decirme que eso no es nada y ellos están peor, o por el contrario aprovechan la ocasión para tirarse encima y presumir de lo maravillosa que es su vida de cuento inventado? O a mis amigos sin hijos, esos que un día me criticaron por “estropear” mi vida con niños y por vivir dependiendo de un hombre económicamente?

Pues no lo sé. La verdad es que no lo se. Me encantaría tener un tema más agradable del que hablar, pero no lo encuentro, ni veo cerca a quién contarle nada.

Por lo pronto me siento mal. Me siento mal viendo que mis padres están de viaje con amigos disfrutando, que se lo merecen y mucho, pero sin acordarse de que su hija está sola, hasta el punto que les envié un mensaje hace dos horas y no lo han visto aún. Me siento mal buscando en el whatsapp con quien hablar y que todo el mundo tenga algo mejor que hacer, ya sea bañarse, salir o simplemente ignorarte. Me siento mal metida en estas cuatro paredes yo sola, 24h al día, sin tener nada que hacer salvo intentar limpiar más de lo mismo cada día o ver a mi hijo jugar y sucumbir a sus rabietas, con mi marido entrando y saliendo a saber cuándo. Me siento mal de estar todo el día sola, deseando que pasen los días para que llegue el día libre de mi marido, un día que tarda más en llegar que en irse.

Para rematar hay media blogosfera de vacaciones, y eso se nota. Me aburro como una ostra.

Me dicen: “sale por ahí, distráete”. Vale pero, a dónde voy? A dar vueltas por la calle como un alma en pena? Salgo todos los días y me siento en la calle a ver la gente pasar? Qué hago todos los días por ahí yo sola dando vueltas con mi hijo? Aún es pequeño para parques…

Aunque suene mal decirlo estoy deseando que llegue el día de entrar en la universidad, y cuando eso termine ya buscaré qué hacer. Necesito ponerme en activo, moverme, hacer algo. Estar aquí adentro todo el día me mata.

Quizás es que no valgo para ser madre 24h y todavía no lo he sabido ver? No se qué sea lo que pasa, pero lo que está claro es que la situación, así como está, me hace sentir mal.

-Perdón por la edición y la escritura, post escrito desde el móvil-

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