#AZdelaMaternidad…con la F: “Facha”

Facha es una de las tantas palabras de nuestro vocabulario que hace referencia a nuestro aspecto físico, a nuestra apariencia, y cuando pienso en ello me vienen a la mente las ojeras. Desde que soy madre me he convertido en una mujer mapache, a veces más marcadas, a veces menos, pero llevo mis ojeras por bandera. Cuando tengo algo de tiempo las maquillo ligeramente, lo justo para tener cara de persona humana y no de engendro trasnochado, pero normalmente esta es la versión de mi que le presento al mundo.

No es que yo antes fuera pintada como una puerta, ni mucho menos, pero sí me gustaba tener buen aspecto, una buena base de maquillaje, un poquito de colorete y brillo de labios para dar algo de presencia. No mucho más. Me esmeraba un poco más en ocasiones especiales, pero en el día a día iba medianamente presentable. Sin embargo desde que soy madre, maquillarme es una odisea, la más perfecta utopía. Hay veces que lo consigo, si sacrifico algún otro pendiente, pero no es lo más común.

En lo que si me implicaba mucho antes era en arreglarme el pelo, tenía mucho cuidado en tenerlo siempre sano, y bien peinado. Siempre lo llevaba liso, suelto a ser posible, o con algún ligero recogido que dejara a la vista mi linda melena. Ahora eso es imposible. Correr detrás de un niño con el pelo suelto agobia el doble, más si hace calor.

Desde que soy madre, la coleta es mi gran aliada. Esa que antes usaba cuando no tenía otra opción, en muy contadas veces, ahora va conmigo a todos sitios. Antes me la hacía con flequillo suelto, ahora aplico el “to pa’ atrás”. Como no me gusta demasiado le he encontrado variantes, la trenza en espiga, coleta ladeada o recogido con una traba, pero la finalidad es la misma, destaparme la cara para ver en qué anda mi hijo con total claridad.

Aún con la cara lavada y el pelo siempre recogido, me gusta mi aspecto. Eso sí, siempre puede mejorar. Nota mental “comprar un nuevo BB cream, que está en las últimas”.

Me cuesta mucho poder compaginar el tiempo y llegar a todo, la casa, la comida, el niño, la ropa, el blog, el perro, la vida de pareja, las obligaciones que se van presentando, los pendientes…. Uf, sólo de escribirlo ya me estresa. El día, para mi desgracia solo tiene 24 horas, y para llegar a una cosa no me queda otra que desentenderme de muchas otras. A medida que pasa el tiempo la cosa se complica algo más porque las obligaciones aumentan, con lo cual, la solución es cortar por lo sano y rascar el tiempo como puedo, sacrificando cosas más secundarias.

Aunque lo intento no todo sale como querría, así que suelo ir por la vida con una facha que nunca imaginé: zapato plano (adiós a mis botas de tacón bajo), la primera ropa que pillo (sin pensarlo mucho, pero conjuntada siempre), bolso práctico, cara lavada y pelo recogido. Eso, si no tengo manchas de chocolate derretido, petit suisse o zumo del niño, que últimamente es lo que mejor complementa mi look.

Y tú, ¿qué facha llevas?

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