Tiempo en familia…

Mi marido ya lleva 18 días en casa sin trabajar, parece mentira lo rápido que pasa el tiempo. En estos pocos días he descubierto muchas cosas nuevas, y me he reafirmado en tantas otras que ya sabía.

Para empezar, no se si recuerden que en la entrada de los 15 meses les conté que mi hijo había empezado a llamar a su padre por su nombre, y ya no había rastro de “papá”. Pues bien, de esto ya no queda nada, ha vuelto a llamarle “papá”, y no sólo eso, sino que está tan feliz de tener a su padre en casa que recurre tanto a él como a mí cuando necesita algo. Cierto es que sigue mostrando preferencia por acudir a mí (“¡amá!” es nuestro grito de guerra diario), pero bastantes veces son las que le pide ayuda a su padre.

Jugan juntos, comparten momentos divertidos, se duermen juntos, salen juntos a hacer recados….

Mi hijo se está acostumbrando a pasar tiempo con su padre, a reconocerle como una figura más del hogar y no solo “ese que entra y sale y que nunca lo veo”. Está aprendiendo ahora, a sus 15 meses y medio, a convivir con papá.

Estoy muy feliz con la etapa que estamos viviendo, por mi hijo. Ya saben que mi marido tiene una jornada laboral asquerosa, porque no hay otra palabra. Nunca sabe realmente a qué hora va a entrar mañana y ni qué decir de la hora de salida. Muchas veces se marcha a las 6 y media de la mañana y llega a las 6-7 de la tarde, y no, no pierde tiempo en el trayecto, vivimos a 5 minutos del trabajo. Ese horario es imposible de compaginar con una familia, con el crecimiento de un hijo, con el disfrute personal. Sobra recalcar lo agotado que llega, y que me faltan muchas más “linduras” por contar. Entrar en detalles daría para otro post.

En casa nos falta tiempo para todo, y quien más está pagándolo es mi hijo, que sin tener culpa alguna se está viendo privado de ver a su padre, de disfrutar de él unas pocas horas al día sin que este bostece o caiga dormido en el intento. Es normal que tenga poco referente hacia papá. Y eso es triste, mucho.

Por eso, estos días nos están viniendo muy bien, aunque no podemos salir de viaje como queríamos (lo que pagan en el paro es de risa…), sí estamos aprovechando el tiempo para hacer todo aquello que normalmente no podemos: ver una película juntos en el sillón, jugar con nuestro Terremoto y disfrutar de sus avances a diario, comer todos juntos, dormirnos todos juntos, pasear, visitar a la familia…

Estamos aprovechando al máximo este tiempo y disfrutando todos de todos. Es muy posible que la situación cambie de nuevo en unos meses por un proyecto que tengo entre manos, y nos veremos menos aún. Pero creo que, al tener los tres aires diferentes, el momento de estar juntos lo disfrutaremos mucho más.

Por lo pronto disfrutamos y rascamos el tiempo al máximo, sintiendo que un día llegue la llamada del jefe y que marido vuelva a trabajar. Y es que es así, suena egoísta pero es así como lo siento. Me gusta verle reír con su hijo en brazos, me gusta ver a su hijo buscar a papá para que el arme un juguete, me gusta verles dormir juntos… Son momentos que normalmente no podemos tener y quiero guardarlos en mi retina el máximo tiempo posible.

Los hay que por un lado te dicen que tienes que agradecer que tienes trabajo, da igual que sea por una mísera cantidad que no es equiparable ni de lejos al esfuerzo que conlleva ni a las horas que ocupa. También hay a quien se le llena la boca hablando de conciliación, de trabajar menos para estar con la familia, de que lo sano es trabajar menos y disfrutar más. Una utopía. Y de las grandes.

MaridoBello podría intentar cambiar de trabajo sí, es una opción. Pero por un lado, no tiene tiempo para ponerse a buscar, y por el otro está la principal razón: en este hay una ligera garantía de tener trabajo, de que lo vuelven a llamar (llevan tres años parandolo y volviendo a llamarle), y pagan siempre a tiempo. Si cambiara de trabajo, ¿quién te garantiza, como está el mercado laboral ahora mismo, que te van a pagar todos los meses a rajatabla, y que no te van a parar tres meses después? ¿Quién te garantiza que el jefe anterior no toma represalia y no te vuelve admitir por haberte ido? Porque por el mundo hay gente mala, mucho, y nunca sabes cómo van a reaccionar si metes la pata en algo. Pienso en mi cuñado, que lleva años en la empresa y meses sin cobrar horas extras, pienso en mi otro cuñado que lleva 6 meses sin cobrar nada y no se puede marchar ni denunciar porque lo pierde todo, y pienso en mi tío que querían quitárselo de encima por ser fijo tras 25 años en la empresa y sólo le pagaban 8 mil euros (el abogado le dijo que lo mejor era que los cogiera), y me da miedo pensar qué es lo que va a pasar con nuestro futuro. El de mi familia y el de tantas otras que hay ahí afuera. Por ahora nos mantenemos, pero no somos felices así. Como dice mi marido, “si fuera yo solo me tiraba a la aventura, pero teniendo una familia conmigo no puedo arriesgarme y quedarnos sin nada”.

Y yo me pregunto, ¿dónde está la balanza que equilibra la necesidad de trabajar con la necesidad de nuestros hijos de disfrutar con sus padres? Como siempre, se inclina de forma que el niño es quien pierde…

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Me gustaría saber las realidades que hay ahí afuera. ¿En tu familia hay conciliación o, como en la nuestra, es una completa mentira?

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