15 meses

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El Terremoto de esta casa hoy cumple 15 meses. Pese a ser tan sólo un mes de diferencia con la entrada anterior, hay grandes cambios que contar. Cambios que, sin duda, marcan nuestra rutina y que día a día nos hacen buscar nuevas formas de hacer las cosas, ¡porque esta aventura avanza a pasos agigantados!

CARÁCTER y PERSONALIDAD

Nada que suponga una novedad en este terreno. Cada vez más se afianza su fuerte carácter, sus ideas claras y su cabezonería. Tiene las cosas claras, sabe lo que quiere y tarde o temprano lo consigue. Seguimos enfrascados en las rabietas, pero poco a poco vamos sobreviviendo a ellas siguiendo algunas técnicas que hemos visto por internet y que nos han dado resultados, esas que les conté en esta entrada hace unos días.

Es cabezota como él solo y si se le dice a algo que no, sigue a lo suyo. A la tercera se le dice en un tono más alto y tenemos llanto asegurado. Llanto de drama de peliculón de sábado, pero que se le quita en segundos y a otra cosa.

Sigue mostrando su lado cariñoso con besos, abrazos, y hay ocasiones en las que se pone tierno, echa el freno por unos minutos y me busca para acurrucarnos juntos en el sillón a ver la tele. Eso sí, sigue siendo un niño libre, mucho. Los abrazos duran dos segundos, si le das más de dos besos enseguida se retuerce para irse y que lo agarren mucho le agobia sobremanera.

Su inteligencia sale a flote cada día y a cada rato nos sorprende con algo nuevo que no esperamos y nos hace mirarnos uno al otro con cara de tontos. Sigue siendo colaborador, sigue cooperando en todo lo que puede y más, y le encanta.

En el sentido cooperativo hemos avanzado hasta el punto que él mismo sabe cuándo se le necesita en algo y corre a cumplir. Por ejemplo, a veces camino descalza por casa (a veces porque me levanto del sillón un momento mientras estoy con él, otras para ver cómo reacciona). Él, en segundos, viene corriendo gritándome “¡Amá! ¡amá!” a traerme las zapatillas.

TRATO A MI MASCOTA

Esto merece mención a parte, porque hay grandes avances que contar en este terreno. Los malos tratos de los que hablé en la entrada de los 13 meses van remitiendo hasta quedarse en golpes ocasionales cuando se emociona de más. Va mostrando interés y gusto por la compañía y el cuidado de nuestro perro.

Por ejemplo ahora le da por traerle los granos de pienso uno a uno cuando el perro está acostado en el sillón, para que coma. Mi perro nunca ha sido de pienso, hay que mezclarselo con otra cosa porque solo no se lo come. Pues bien, si el niño se lo trae (aunque ya haya comido) le sabe a gloria, zampa que da gusto y espera atento a que le traiga el siguiente. Así nos podemos pasar minutos y minutos.

Mi perro sabe muchos trucos, como dar la pata, la cara, tumbarse a dormir… Entre ellos tenemos un truco que es una especie de bailecito, por decirlo así, porque yo le chasco los dedos en el aire y él se levanta en dos patas y empieza a saltar como para cogerlos. A mi hijo le encanta ver todo lo que el perro sabe hacer y pretende hacérselo él también. Por eso, le pide la pata al grito de “¡a tata!” y, levantando los brazos por encima de su cabeza, imita cuando chasqueo los dedos para que mi perro se levante en dos patas y “baile”. Claro está, el perro aún no lo entiende y no le responde, pero él no deja de repetirlo con alegría.

SOCIABILIDAD y HABLA

Va aceptando mejor a los extraños, sobre todo a aquellos que ve más seguido, por ejemplo los amigos de mis padres cada fin de semana cuando vamos a pasarnos sábado y domingo con ellos. Así todo, le cuesta entrar, en un principio esconde la cabeza donde puede cuando le habla un extraño y si lo cogen sin esperárselo se tira en mis brazos. Esto pasa mucho todavía con los abuelos paternos, que siguen sin darle su espacio al verle y le agobian. Pero si le dan su espacio y lo conquistan, enseguida hace amigos, mostrando preferencias de quién le gusta más y quién menos. Sigue habiendo personas a las que pese a mil intentos, no hay forma de que les diga nada ni se acerque. Aún así, aunque no haya querido nada con esa persona durante todo el rato, al irse dice adiós con la mano y tira besos “volaos”.

En cuanto al habla, hay algo que resaltar este mes y es que ya no llama a su padre por “papá”. Siempre se ha sabido su nombre, y misteriosamente este mes le ha dado por llamarle así, por el nombre siempre. Para quitarle la manía, le decimos “– no, papá”, y él repite “papá”. Ya la siguiente vez vuelve a llamarle por su nombre. Estos últimos días, ya cansado de que le digamos siempre “– no, papá”, responde “papaaaaa, papaaaaa, papaaaaa” caminando por la casa y haciendo gestos con los brazos, como quien dice “que sí leñe, ya se que es papá” jajaja. Aún así, lo llama como le da la gana. Parece que va entendiendo, pero aún nos cuesta.

A todo lo que conté en la entrada de los 14 meses, hemos añadido nuevas formas de expresión. La comunicación cada vez va siendo más sencilla. Repite todo lo que pasa por sus oídos con interés, por ejemplo hace unos días nos pusimos los dos a pintar tirados en el suelo y yo le cantaba “pinta, pinta, pinta…”; él repetía “yita, yita, yita…” Es tal la afición que tiene por los perros que los llama en la calle al grito de “¡oye!” y tirándoles besos y llamándolos con la mano, pero también ha aprendido a reconocer ladridos, y cuando oye alguno ladrar viene corriendo a decírmelo: “¡Amá, amá!, ¡oye! ¡oye!” y señalando con el dedo. También me viene a decir cosas que él cree que necesita comunicar, como cuando mi perro se mete debajo de la cama y deja de verlo o cuando se pone a jugar con algo, si ve algo tirado en el suelo por minúsculo que sea o si, tras intentos e intentos, por fin consiguió encender la luz. Cuando se da golpes, también viene corriendo, me señala dónde se dio y me dice entre quejas “pg pg” o algo así, como imitando el sonido del golpe que se dio.

Responde a todas las preguntas que le hemos enseñado desde hace meses: ¿como te llamas? ¿cual es tu apellido? ¿cuantos añitos tienes? (levanta un dedo) ¿como te lavas? (se estrega el cuerpo con las manos) ¿con que te lavas? responde “apapú” (champú).

Además del sonido del burro, lobo, gato, oveja, y de Pluto, hemos añadido el perro y el pato. Hace unos días vio dos perros peleando y si le preguntas cómo hacen los perros cuando pelean hace un rugido para imitar lo que vio.

Se pasa el día preguntando “¿este es?” a todo lo que ve, sea persona o cosa, y ha aprendido a pedir su chupa cuando siente que tiene sueño. Sabe en qué cajón está y como yo le digo “¿quieres la chupita?”, él me señala al cajón y me dice “ita, ita” y asintiendo con la cabeza. También pide “teti” nada más verme abrir la nevera; se trata de un “peti”, la forma que tenemos en casa de llamar al Petit Suisse.

En resumen, cada vez la comunicación fluye más, sigo repitiendole, hablándole y contándole batallas todo el rato y él muestra interés por aprender y saber más. Decididamente, se queda con todo.

AVANCES, DESTREZAS y APRENDIZAJES

La destreza que más ha florecido este mes han sido los correpasillos. Lleva tiempo jugando con ellos a empujarlos, pero no le gustaba montarse. Por fin este mes, para disgusto de la madre, les ha cogido gusto, ha aprendido a montarse y bajarse solo y se recorre la casa con ellos. El problema vino porque mi hijo se cansa rápido de las cosas, enseguida les cogió el truco y ya lo de subirse para recorrerse la casa no le emociona tanto. Ahora le atrae más la posibilidad de ponerse en pie encima de ellos, de sentarse de lado y tumbarse hacia atrás, y hasta de cogerlos de escalón para llegar a algo más alto. Conclusión: vivo con el corazón en un puño.

En su afán por los deportes de riesgo hay que incluir la devoción por el escalón del baño. Antes me acompañaba al baño y entraba, ahora se queda en la puerta jugando en el escalón a cosas retorcidas y yo vivo con los nervios a flor de piel porque muchas veces resbala y se mete el trastazo. No encuentro la forma de que haga caso y no juegue ahí, porque aunque cierro la puerta, ésta no llega a faz del escalón y él sigue teniendo un espacio para hacer locuras.

Otro de sus inventos está siendo jugar dentro del baúl de los juguetes. Es decir, vaciarlo y jugar con la caja metiéndose dentro, saliendo, poniéndola boca abajo y subirse encima, subirse encima de la tapa. Conclusión: hemos tenido que comprar otra porque la anterior la destrozó y se aruñaba con los filos rotos.

Seguro que algo me queda por ahí, pero como ven, los avances a intereses de este mes tienen mucho que ver con las alturas, con el peligro, con conocer nuevos usos de las cosas y con darle sustos a la mama a cuál más grande. Los juguetes ya no le hacen ni cosquilla, más bien diría que le estorban para las locuras que se le ocurre hacer, porque todo se basa ya en volcar cajas, tirar y revolucionar el mundo a su paso. Eso sí, después recoge aunque sea obligado.

No se si había hablado del tema, pero empezaba a mostrar celos. El hecho de que su padre y yo nos abrazáramos, nos acostáramos juntos en el sillón a ver la tele o nos diéramos un beso era todo un drama. Él tenía que estar siempre en medio. Pues bien en eso también avanzamos, ha dejado de mostrar celos y quejarse, aunque sigue reclamando atención llamándome para preguntar algo.

ALIMENTACIÓN y SUEÑO

Este terreno mucho no ha cambiado, más o menos seguimos como el mes pasado. Sigue siendo una “lima sorda” para comer, no se cansa nunca y todo lo quiere probar. Come a su ritmo, unas cucharaditas de puré o sopa (lo que haya) y trozos de otra cosa. Es decir que vamos combinando como él va queriendo.

Ha aprendido a comer con cuchara y tenedor, pero dándosela nosotros cargada de comida. Es decir, por ejemplo tortilla: yo le pico el trozo con el tenedor, se lo doy en la mano y él se lo lleva a la boca con gusto. Cuando se trata de comidas a cucharadas, trato de que queden espesas para que las pueda coger con la cuchara, aunque practica siempre con el “peti” y lo otro se lo suelo dar yo.

En cuanto al sueño, seguimos en la misma línea. Se duerme con nosotros en el sillón tanto en la siesta como en la noche. En la noche le pasamos a la cuna y alrededor de las 6 o 7 se despierta para venirse a la cama con nosotros. Ya ahí nosotros no dormimos más y nos levantamos destrozados por las patadas y los golpes del niño. Eso sí, él duerme como un marqués.

Su horario más o menos se ha establecido en despertar a las 9, a veces las 10. Dormir la siesta a la 1 o 2 del mediodía y despertarse a las 4 o 5. Generalmente a las 23h, y media como mucho, ya está durmiendo.

Así que sin mucho cambio drástico, pero con nuevas formas de aprender, divertirnos y disfrutar del día a día, vamos avanzando. Hemos cumplido un mes más inmersos en esta linda locura de crecer juntos. Veamos qué nos depara esta nueva etapa.

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