#AZdelaMaternidad…con la K: “Kamikaze”

Un kamikaze es una persona que se arriesga a realizar acciones peligrosas e ilícitas, aunque ello le pueda suponer daño físico o la muerte. Aunque el significado de la palabra es algo duro, la realidad es que muchas veces he pensado que mi hijo lleva alma de kamikaze. De hecho, muchas veces le he llamado así.

Tiene 14 meses y ni un ápice de miedo al peligro. Se lanza al vacío desde el sillón como si fuera a caer sobre una mullida almohada de plumas; se aventura a correr por la casa sin esquivar ni frenar ante los obstáculos que él mismo ha dejado desperdigados, a cual más grande y rígido; no tiene condolencia alguna cuando clava sus afiladas garras uñas en la piel del ser vivo más cercano; no muestra un ápice de pena al verte-sentirte recibir un cabezazo suyo en una zona débil de tu cuerpo. Como buen kamikaze, mi hijo es de esos a los que un “¡NO!” rotundo les suena a un “¡Sí!” entusiasmado y sonriente. No basta con gritar, no basta con utilizar voz grave y con afán de frenazo en seco, para él es un sí en toda regla, una barrera fácilmente franqueable.

Creo que cambiarle el nombre en el blog (antes: Príncipe, ahora: Terremotillo), ha sido todo un acierto. Sí, porque mi hijo, más que recordarme al sonriente Príncipe de las galletas de LU, me hace pensar en TAZ, el Diablo de Tazmania de Looney Tunes.

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Imagen sacada de http://www.muchogusto.net

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Imagen de http://www.dibujoswiki.com

Y es que tiene un tesón a la hora de investigar, de revolucionar, de descolocar cada mínimo signo de vida humana y todavía cuerda que hay en esta casa, que es digno de grabar en vídeo para asustar a las más tiernas parejas solteras deseando llenar sus vidas de bebés. Es abrir los ojos en la mañana, “torcer el flequillo” (esta expresión hace gala de la 16º acepción de la palabra “torcer” según la RAE “desviarse del camino recto de la virtud o de la razón”), bajarse de la cama como si fuera Rayo McQueen en su mejor carrera y lanzarse a liarla parda pese a las continuas peticiones de su aún dormida madre de que deje de descolocar todo lo que ve a su paso.

Mi pequeño kamikaze no tiene miedo a nada, ni a los gritos de “¡estate quieto de una vez!” que inevitablemente aparecen tras horas pidiéndole que deje de desarmar todo, ni a los golpes que recibe cuando se mete en los sitios más inverosímiles creyendo que todo el monte es orégano (léase dentro del baúl de los juguetes o bajo la cuna en un espacio de no más de 20 cm de altura cual soldado en guerra). Poco le importa que le repitas por enésima vez que las cosas no se meten en la boca porque se atraganta, que no empuje la mosquitera de la puerta porque la va a romper, o que no le jale el pelo al perro porque le duele. A él de nada le sirve, como buen kamikaze, sus ideales están primero, y lo demás o se adapta o se aparta.

Alma inagotable que no calla ni bajo el agua, aún cuando le estoy bañando sigue con sus balbuceos y primeras palabras sin sentido. Intento escuchar algo en la tele o una canción en la radio y tengo que pedirle mil veces que se calle, sin éxito. Intento hablar con mi madre por teléfono y una, no oigo nada, y dos, me arrebata el teléfono para hablar con su abu, dejándome los dos con la palabra en la boca. Intento hablar con MaridoBello cuando llega y desahogar algo mi necesidad de comunicación humana, pero los gritos y alegatos del niño de fondo nos obligan a darnos por vencidos.

Por esto y algo más, caigo rendida cada noche, agotada de intentar frenar a mi kamikaze sin éxito, abrumada por la necesidad de entablar una conversación en un tono de voz normal y sin gritos, y viviendo en la tediosa sensación de sentirme en la esquina de la misma habitación día tras día.

Y aún así, no falta quien me diga lo bueno, maravilloso y tranquilito que es mi hijo. Esta última me dan ganas de morder a alguien. En la calle el niño es una maravilla, pero le basta cruzar el dintel de la puerta para convertirse en todo un kamikaze y volver a sacar a relucir el Terremotillo que lleva dentro y que inunda nuestras vidas por completo. Que alguien me explique cómo sale una airosa de todo esto…

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