#AZdelaMaternidad…con la Y: “Yate”

Adoro el mar, el agua en todas sus formas. Me he criado en playas, el mar es mi mejor recuerdo de infancia. Es el mejor ambiente en el que me muevo. Me encanta nadar, zambullirme, dejarme llevar por la corriente del agua, disfrutar de las olas… El mejor sitio para pasar el día es siempre cerca del mar.

Por eso, mi sueño de juventud siempre fue disfrutar del mar a tope, y en esos planes entraba tener una licencia de patrón de barco para, el día de mañana, poder comprarme un pequeño yate. Algo sencillo que me permitiera disfrutar de la tranquilidad de alta mar. También me hubiera gustado tener una moto acuática con la que aunar dos cosas que adoro, el mar y la velocidad. Para ponerle broche de oro, lo ideal sería una casita junto al mar. Pero ninguno de los tres podrán ver la realidad, al menos, no será fácil.

Todos estos planes son de mi vida de soltera, pensando en mi ideal de futuro. Pero un buen día conocí a un hombre maravilloso que cambió mi destino. Él es un hombre de campo, de barrancos y laderas, de cabras y gallinas, del frío de la montaña y la soledad de los bosques. Se ha criado en ese terreno.

Somos dos almas muy similares que vienen de mundos opuestos. Yo de una familia sencilla formada por tres que adoran viajar en autocaravana, la playa y el sol, salir un día sin rumbo y terminar donde menos esperas, aprovechar la vida y conocer sitios nuevos. Él, viene de una familia de cinco, pero al ser el más pequeño se crió con sus sobrinos, es decir, que una familia originaria de cinco, en sus recuerdos casi siempre ha sido de 11. 11 personas acostumbradas a reunirse sábados y domingos en el campo, en casa de mamá y papá. Llueva o truene, nada cambia durante el año.

Poco a poco nos amoldamos uno al otro, pero él ha preferido cambiar. Conoció mi mundo, algo nuevo y extraño para él, y se enamoró por completo. Aceptó el pack como venía, viajes y autocaravanas incluidos.

Un buen día decidimos fusionarnos en un solo cuerpo y traer una vida a este mundo, a la que darle lo mejor de los dos, y una de las mejores cosas que le podemos dar es crecer en ambos mundos.

Yo le enseñaré a nadar, a flotar, a mantener la respiración y zambullirse sin taparse la nariz, a disfrutar de viajes en coche, barco y avión. Conmigo conocerá el mundo de las autocaravanas, el camping y la playa. Iremos en bicicleta a comprar el pan y pasearemos por la playa mojándonos los pies en el mar. Aprenderemos a pescar y hacer castillos en la arena. Quiero que en sus mejores recuerdos, siempre haya mar y arena.

Con él se comprará el mejor calzado para caminar por las montañas, correrá por las laderas con la destreza de una cabra salvaje, aprenderá a ordeñar, hacer quesos y degollar gallinas para la sopa. Plantará, regará y se comerá su propia cosecha. Valorará el campo como la gran fuente de alimento y beneficios que es. Disfrutará de la brisa de la montaña y la tranquilidad que da el movimiento de las hojas en los árboles. Gracias a papá, en sus recuerdos también habrá siempre una montaña a la que mirará con cariño.

Hay tantas cosas que me gustaría para mi hijo en el futuro, tantas gratas experiencias que yo he vivido…que me he olvidado de las mías propias. Soñé mucho tiempo con mi yate, pero ya casi ni lo recuerdo, porque lo que más me ocupa ahora es conseguir un buen futuro para él, que día a día viva un presente maravilloso y forje así un pasado que le haga feliz al recordar.

Antes pensaba en mí, en lo que quería para mi futuro; ahora que soy madre, mi mejor futuro está conmigo. A MaridoBello le he nombrado a veces el yate, y su respuesta es que, si lo hago, él me esperará en tierra firme. Por eso, el yate ya forma parte de mis mejores recuerdos, porque lo que de verdad me hace feliz es compartir momentos con mi marido y mi hijo. Si ellos no están, mi felicidad no está completa.

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