#AZdelaMaternidad… con la D: “Dar vida”

Hay algo que cambia la vida de una mujer y es parir, dar vida. Este es el momento en que nos dan el título de madre, el bebé, y sin darnos cuenta, una nueva vida.

Antes de ser madre yo pensaba que dar vida significaba tener una nueva personita en tu día a día, alguien a quien llenar de besos y enseñar cosas nuevas. Y sí, así es. Pero lo que yo no me imaginaba era que, tras parir y darle la vida, la mía iba a cambiar tanto. Mucho menos me imaginaba que iba a ser él quien me daría vida a mí, día a día.

Mi hijo me da vida cuando despierto por la mañana y le veo a mi lado, aún enfrascado en sus sueños y sonriendo. ¡Cuánto daría por saber lo que está pasando por esa cabecita en esos instantes!

Me da vida, y me ayuda a empezar el día mejor cuando le veo dormir y de repente abre sus hermosos ojos, me sonríe y me dice “olla”. Detrás viene el beso que me derrite por completo.

Me da vida cuando me abraza en la cama buscando mi calor y me mira fijamente para comprobar que sigo aquí. Eso le tranquiliza, le relaja saberse acompañado por mamá. Poco a poco cierra sus ojitos y se rinde a los brazos de Morfeo, sabiendo que mamá está a su lado y nada malo le puede pasar.

Mi hijo me da vida cuando le veo caminar decidido, sin ser consciente de que puede tropezar y hacerse daño con una piedra, sin ver cuántos peligros hay en el mundo. Me hace pensar que lo importante son las pequeñas cosas, y que a veces es mejor no darle tantas vueltas a la situación. A veces es mejor no saber, se disfruta más.

Me da vida cuando se le mete algo en la cabeza y no deja de intentar conseguirlo, sin pensar que el sillón pueda ser demasiado alto para poder subirlo sin ayuda. Hoy no, quizás tampoco mañana, pero cuando me doy cuenta lo ha conseguido tras mucho intentarlo. Lo que me enseña: “el que persevera, triunfa”.

Mi hijo me da vida cuando sonríe a todos los desconocidos que ve, cuando va por el supermercado saludando a todo el mundo con su manita y diciendo “olla”, le respondan o no, no deja de repetirlo. Gracias a eso aprendo que debemos tratar a los demás como queremos que nos traten, con cariño y atención, aunque esa persona no lo devuelva. No hay que ser rencoroso.

Me da vida cuando disfruta de las pequeñas cosas, de ver al perro jugar con una botella o de sentir como el agua fría de la playa le moja los pies. Él grita de felicidad y yo disfruto viendo que lo mejor que tenemos, lo tenemos delante.

Me da vida, me llena el corazón cuando corre a abrazarme y darme un beso, así porque sí, sin pedir permiso ni dar explicación. Porque el cariño y el afecto se deben dar cuando se sienten, no cuando nos lo piden.

Me da la vida cuando me hace sentir la persona más afortunada del mundo entre sus brazos pequeñitos y cuando sus besos me humedecen la nariz.

Me da la vida por ser mi hijo, por hacerme tan feliz con su presencia. Me da la vida cuando, pese a todo, caigo en la cuenta de que lo mejor que he hecho en mi vida ha sido tenerle. Me da la vida porque, si no le tuviera, mi rumbo hubiera sido totalmente distinto, pero de seguro, no hubiera sido tan feliz.

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