#AZdelaMaternidad… con la E: “Enseñanza”

Cuando nos ponemos en busca y captura de nuestro ansiado bebé, cuando descubrimos el embarazo, cuando por fin nace…todo lo que gira en torno a nuestro futuro hijo tiene que ver con aprendizaje y enseñanza.

Nadie nos enseña, no hay un cursillo previo, por eso tarde o temprano nos preguntamos si seremos capaces de hacerlo bien. Somos responsables de su crianza, de su bienestar, de su educación, de enseñarles a caminar por la vida teniendo cuidado de dónde pisar… Enseñar y aprender, equivocarse y rectificar, en eso se basa la vida. Es un bucle sin fin.

Nos preguntamos si sabremos alimentarle, si aprenderemos a distinguir los signos de hambre, si sabremos sacarle el aire, si sabremos bañarle y cambiarle el pañal, si sabremos cogerle para no hacerle daño… Ese muñequito que un día nos ponen en las manos es tan frágil, tan indefenso, tan chiquitito…que nos hace plantearnos mil dudas, y volvernos locas para encontrarles solución.

Sin embargo, no somos conscientes de lo más importante, y es que ese ser pequeñito que nos regalaron para cuidarle, amarle y protegerle siempre y pese a todo, viene dispuesto a poner nuestro mundo patas arriba, y a enseñarnos él a nosotros. Aunque parezca mentira, somos nosotras las que tenemos que aprender.

Aprender a escuchar a nuestro instinto, aprender a hacer oídos sordos a la crítica para responder a las necesidades de nuestro hijo sin miedos ni cargos de consciencia, aprender que todo el cansancio del mundo se disipa cuando escuchas una carcajada de tu hijo, aprender que los bebés no necesitan que los enseñemos a dormir sino que respetemos su ritmo…

Como madres, estamos en la obligación de ver, oír y aprender a callar, a no juzgar a quien da el pecho hasta los cinco años o desde el principio se decide por el biberón, a no pretender hacer cambiar de idea a todo aquel que no piense como nosotras, a no intentar convencer a nadie de que es un error dormir o no con su hijo, y a no meternos en un fular de porteo donde sólo hay cabida para el bebé.

Ser madre me ha enseñado a ser tolerante, a no juzgar tanto a los demás, a respetar un berrinche ajeno e intentar ayudar, a entender que la maternidad no es un camino de rosas y no todas tenemos las mismas ventajas. Desde que soy madre me veo reflejada en muchas mamás que veo por la calle, porque hacen cosas que ya me gustaría a mi o porque las veo enfrascadas en un mar de dudas del que yo salí como pude. Por eso, desde que soy madre he aprendido a valorar a otras madres por el simple hecho de serlo, haya sido parto o cesárea, adopción, buscado o por sorpresa… eso no importa. Todas estamos en lo mismo, a todas nos preocupa lo mismo, y me parece maravilloso que podamos disponer unas de otras para salir adelante airosas y sin perdernos por el camino.

Mi hijo me ha enseñado a sonreír a la vida, a ceder ante cosas con las que no estoy del todo de acuerdo, a no darle importancia a si los juguetes no están en su sitio por una vez, a dejarme llevar por su inocencia y su risa.

Porque la maternidad no es fácil, de seguro que no, pero probablemente el camino sería más llano si miráramos en nuestro interior, en nuestro instinto, buscando aquellas respuestas que necesitamos. Seguramente todo sería más sencillo si nos dedicáramos a reír y jugar más, y a quejarnos menos. Eso, también me lo ha enseñado mi hijo.

Por eso, llegados a este punto, yo que soy la madre y él que es el hijo, me lleva ventaja. Yo le enseño todo lo que se, pero él me enseña mucho más, cosas que no sabía y cosas que ya había olvidado. Aunque parezca una locura, vivo la maternidad de la mano de mi hijo, como si atravesara un campo de trigo por donde él me indica. Me siento a su lado, me agacho a su altura y miro el mundo desde sus ojos. Así todo se ve mucho mejor. Y lo demás…puede esperar.

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