13 meses

13-meses

El pasado domingo mi Príncipe cumplió 13 meses, y eso, unido a su nuevo corte de pelo han dado lugar a un niño totalmente diferente al que yo tenía en casa. De echo, me estoy planteando cambiarle el nombre por aquí, y en lugar de llamarle Príncipe, pasará a ser “Chicho Terremoto“.

(Si alguien no sabe quién es este personaje, basta con buscarlo en Google, aunque con leer la letra de la canción de la serie, supongo que sabrán por dónde voy)

CARÁCTER, PERSONALIDAD, SOCIABILIDAD

Lleva por bandera su fuerte carácter y su personalidad firme, tiene las cosas claras y no duda en mostrar su rabia o descontento cuando no consigue hacer algo que intenta, cuando le negamos algo que pide o cuando le decimos que eso no se puede hacer. Carreras por toda la casa buscando algo que morder, lanzamiento a lo lejos de lo que tenga en la mano, o intentos de pellizco o mordidas a quien le da la orden son nuestro pan de cada día. Entra de lleno en el mundo de las rabietas y el día a día no resulta sencillo, más aún si se levanta con el pie izquierdo ese día o, como decimos por aquí, “con el rabo torniao”.

Por lo demás, es un amor. Reparte besos y abrazos a la mínima que puede, aunque los niega si se los pedimos con un giro de cara simulando un “no” (hasta hace no mucho los daba, ya no). Además, se afianzan cada vez más dos cosas en él que adoro.

Lo primero es su lado solidario y cooperativo. Le encanta ayudar, se le nota. No espera a que se lo digas, y lo hace con una sonrisa en la cara. Ya lleva semanas así, pero quería esperar un poco más para comentarlo. Cuando me ve hacer la cama por la mañana, me trae uno a uno los cojines y peluches que la adornan y que, durante la noche, ponemos en el sillón del salón. Cuando le cambiamos el pañal, él mismo se baja del sillón y lo lleva corriendo a la basura; cuando le bañamos, lleva su ropa sucia y su toalla a la cesta del baño; cuando se termina su biberón, lo lleva al fregadero y te pide que le cojas para meterlo dentro él mismo; lleva su ropa limpia hasta sus cajones y la coloca donde le voy diciendo (con ayuda, claro); cuando vamos a preparar una lavadora (clasificando ropa), ayuda “preguntando” en qué monto pone cada prenda de la cesta… (“este? este?” y con su dedito diminuto señalando). Al terminar, todos aplaudimos, y él más, orgulloso. Es su forma de aprender, no jugando, no escuchando cuentos, sino siendo activo, participando en todo lo que le dejamos y sintiéndose feliz por ello. En el brillo de sus ojos se nota que se enorgullece de sí mismo y se siente útil. Por supuesto, todo esto ha sido propiciado por nosotros desde que empezó a caminar, pero estamos encantados de que le guste y de verle feliz.

Y lo segundo es su sociabilidad. Ha aprendido a decir “hola” (“olla” en su idioma) y lo repite a todo desconocido que ve por la calle. Da las gracias cuando se lo recordamos y, aunque se sigue cohibiendo cuando alguien extraño le habla y le “roba” su espacio, parece que va necesitando menos tiempo para aceptarle, y poco a poco se abre a los demás. Ya son menos las veces que se refugia entre mis pies cuando le habla alguien nuevo. Eso también me encanta.

Intentar retenerle unos segundos es imposible, ya se resiste al cambio de pañal echándose a correr, aunque en el momento lo acepta si está entretenido con algo. Pero eso, ya no viene, hay que ir a buscarlo. También se resiste a bañarse sentado (supongo que por el frío de la bañera), y poco a poco va pasando la corta etapa en la que era sentir agua y llorar.

Algo que no me gusta, para nada, es que le ha dado por maltratar al perro. Sí, maltratar, porque no es un acto repentino. Le tira del pelo siempre que puede (y que estamos despistados, sobre todo en el coche que van los dos solos atrás si yo conduzco), le suelta tortazos donde le cuadre y porque sí, le agarra las orejas y trata de levantarlo del suelo, le jala el rabo cuando lo ve comiendo… y el otro pobre que más bueno no puede ser, reacciona levantándose y cambiándose de sitio. Aún así, tengo miedo de que pueda rebelarse y darle una mordida que, aunque lleva tiempo mereciéndosela, porque es para grabarlo, no quiero que llegue ahí. Me cuesta hacerle entender que eso no se hace, porque con decirme un “no” a su manera (dice “ah!” girando la cara) y echarse a correr, es suficiente para él. Pero bueno, en esas estoy…

Sigue teniendo energía inagotable y sigue siendo incansable, hasta el punto en que duerme dando vueltas y nuestras noches de “colecho decidido” porque es cuando él decide que no quiere seguir en la cuna, no son nada fáciles.

AVANCES, DESTREZAS, APRENDIZAJE

Creo que a este paso tendré que ir haciendo una lista, porque ya no recuerdo bien qué avances corresponden a qué mes. Y es que avanza a una velocidad sorprendente.

Caminar, ya no camina, ni corre, vuela directamente. Tiene perfectamente controlado el escalón de la entrada de nuestro baño y, aunque las escaleras de mi madre le llaman la atención, aún no le dejamos experimentar sólo. Con ayuda sube bien, bajar no tanto. Ha aprendido a subirse y bajarse sólo del sillón, con lo cual los sustos que me llevo son considerables cuando estoy en el baño creyendo que el niño duerme la siesta y de repente me aparece en la puerta.

Un avance que me encanta es que ha aprendido a avisar cuando se mete algo extraño en la boca: una pelusa que saca a saber de donde, un trozo de papel (hay que ver lo que le pierden las etiquetas de los envases…), lo que sea, enseguida viene con carita de “yo no fui” y gestos con la boca, haciéndote ver que tiene algo dentro. Antes se lo tenía que sacar, en estos días, está aprendiendo también a escupirlo.

Pide mejor las cosas que quiere, aunque con un vocabulario limitado no es sencillo, pero bueno, señalando todo lo que quiere o lo que quiere saber qué es, nos vamos manejando.

Gracias a su lado cooperativo surge en él el interés por aprender a vestirse sólo O_o. No es raro verle intentar ponerse un zapato (de una forma nada efectiva, pero lo intenta jaja) o un calcetín, y ayudar a subirse el pantalón. Con la camiseta sí lleva tiempo metiendo los brazos en las mangas él sólo, pero también quiere aprender a meter la cabeza. Tiempo al tiempo…

En cuanto a destrezas, mejora mucho la pinza gracias a los largos ratos que pasa quitando la etiqueta a todos los envases que pasan por sus manos (botellas, garrafas, envases plásticos…), aprende a apilar legos y vasos apilables con facilidad, sigue con su exploración metiendo y sacando objetos de donde no van… Pero no es sencillo compartir juegos con él, es un niño libre, le gusta que mires (porque rara vez está solo, tienes que estar al lado), pero que no te metas en su juego, y si lo haces, se enfada y se va corriendo.

ALIMENTACIÓN, SUEÑO y HABLA

Seguimos comiendo a trozos y a su ritmo, aunque también acepta cucharadas. He visto dos avances muy importantes para mí que me alientan a avanzar un poco más allá. Uno de ellos, que ya no se mete la comida a puñados en la boca, si le vas a dar algo te dice que no porque aún no ha terminado con el anterior, y si lo hace él mismo, espera a tragar uno para ir a por el siguiente. Y el segundo avance es que, cuando algo es demasiado grande para él (o no le gusta, que suele ser lo más común), lo saca, o bien metiendo la mano o metiendo y sacando la lengua hasta que sale. Por eso, me he animado a darle cosas enteras, por ahora papas fritas y pan, y no hemos tenido problemas.

Ha probado cosas nuevas, aunque ya no recuerdo cuáles han sido a diferencia del mes anterior. Lo típico, nuevos tipos de pescado, nuevas verduras… Lo que sí ha sido el alimento estrella del mes es el trigo inflado. Me refiero a los cereales estos que se comercializan para desayunar con leche, como estos. Es una auténtica devoción, tanta, que han desbancado a las galletas tipo María de su inamovible primer puesto.

En cuanto al sueño, hay de todo. Hay noches en las que no hay niño, que cae rendido y no nos enteramos hasta el día siguiente. Hay noches en las que se despierta mil veces queriendo que lo saquemos de la cuna para venir con nosotros. Hay noches que, por no querer la cuna que hay en casa de mis padres, hemos pasado la noche completa todos juntos en la cama y ha sido imposible descansar (él sí, por supuesto).

En estos días hemos sobrevivido a su primer resfriado, nada más que algo de flema, tos y moquillo, que se ha ido en una semana, pero por suerte no ha pasado malas noches. Es más, no ha perdido la energía y es que, a mi cuenta, la ha triplicado. Sin necesidad de medicamentos, sólo un poco-nada de miel en la leche de la cena para suavizar la tos ha sido más que suficiente.

Y en cuanto al habla, ha aprendido cositas nuevas, aunque más que palabras son expresiones que demuestran que va entendiendo el mundo que le rodea. Se pasa el día completo preguntando por papá y por su abu, sobre todo desde que regresamos a casa tras mi estancia en el hospital y empezó a echarla de menos (eso…extraña a la abuela tras una semana con ella, y a la madre se pasa días sin verla…y leches en vinagre! jajaja).  Tiene un teléfono de juguete y, cada vez que lo ve, se lo pone en la oreja (para él la oreja es el hombro 😀 ) y empieza “abu?” “papa?” “a ta??”, y paseándose por la casa. Aún no he tenido tiempo de grabarlo, pero en estos días lo consigo.

Cuando el perro juega con un peluche o cuando vamos a salir que se lo damos para que lo muerda y descargue ahí su efusividad, hace gruñidos. Él ha entendido eso y cada vez que ve uno de los peluches del perro por ahí hace el mismo gruñido y se lo lleva directamente al perro. Lo hace cuando ve peluches y cualquier cosa que sabe que es del perro, como un abrigo, su collar de paseo…

También pregunta por todo lo que le rodea al ritmo incansable de “este es?”, “este es?”, ya sea en la calle, una persona que ve por primera vez y que le llama la atención (esta semana le llamó la atención una chica vestida con estilo punky que vio en una tienda y no paraba de mirarla al grito de “este es?” y señalando, claro está, yo me moría de vergüenza jaja).

Algo que ha hecho desde siempre, pero que ahora se acentúa es ¡mirar a las mujeres! Jajaja. Tenemos un pequeño ligón en casa, y no duda en girarse a ver a la mujer que acaba de pasar y se le pierde de vista, y por supuesto, de preguntar “este es?” siempre que tiene ocasión.

Y bueno, no se si se me olvida algo más, pero lo dejo aquí para que no se me haga eterno. Estos van siendo los avances de mi Chicho Terremoto últimamente, espero tener algo más positivo que contar sobre su carácter cuando nos lleguen los 14 meses. O al menos, ¡que no empeore mucho!

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