15 días de libertad

Estas dos últimas semanas he estado un poco desconectada del blog porque mi MaridoBello ha estado de vacaciones. Le han dado días que le debían de vacaciones, sumado a las horas extras que tenía acumuladas, lo que ha resultado en 15 días de total libertad.

En estas dos semanas hemos aprovechado para estar juntos sin nada que hacer, permitiéndole a nuestro lado más perezoso ver la luz y guiarnos en la incertidumbre del día a día.

Hemos salido de paseo, hemos visto mundo nuevo, hemos hecho ejercicio físico, hemos hecho limpieza y orden general, hemos lavado montos de ropa que estaban pendientes porque el frío y la rutina no nos permitían lavarlos, hemos jugado con nuestro pequeño y le hemos visto crecer y afianzar sus aprendizajes…y hemos disfrutado de lo lindo.

Nos hemos pasado el día entero en pijama y toda la tarde acurrucados en el sillón con una manta, y nos ha sentado de maravilla.

La rutina diaria que tenemos normalmente no nos permite casi sentarnos a hablar, y en estos días hemos hablado mucho de todo. De la situación con la familia paterna, de nuestra forma de llevar las obligaciones en casa y la crianza de Príncipe, de nuestro primer cumpleaños como papás y bebé que está tan cerca, y nos hemos reído de cualquier comentario que el otro ha hecho y de ciertos personajes que salían en televisión.

Sin duda, ha sido una etapa para reencontrarnos como pareja, como familia, como amigos, como amantes, ha florecido aún más la relación padre-hijo y lo mejor de todo es que no hemos tenido reloj que marcara las horas.

No hemos salido mucho de casa porque nuestra ajustada economía y las preocupaciones monetarias no se han ido de vacaciones, seguían día a día acompañándonos, y los gastos, parece que han sabido que en esta casa estábamos de días libres y se han sumado a la juerga. Aún así no ha hecho falta salir, porque hemos tenido la comodidad de disfrutarnos en familia en todo momento.

Con la rutina diaria que nosotros tenemos (realmente la tiene MaridoBello, pero nos contagia a todos), me doy cuenta de lo poco que valoramos las cosas cuando nos acostumbramos a ellas. Yo daría lo que fuera porque MaridoBello tuviera un horario laboral de 8h a 16h como tiene mi padre, o que librara los fines de semana como su cuñada. Y veo a uno que, teniendo las tardes libres, no aprovecha para salir con su pareja o al menos disfrutar de una buena conversación con ella, sino que se enfrasca en el ordenador o el televisor hasta las tantas de la noche; o al otro que, teniendo todos los fines de semana libre del mundo, tiene siempre la misma rutina: sábado en casa y domingo en casa de papá y mamá. ¡La de cosas que yo haría si pudiera disfrutar de mi marido cada tarde sin reloj o tenerlo todo un fin de semana para mi!

Posiblemente si los tuviera no los valoraría y perderíamos el tiempo, pero como lo extraño tanto, valoro a quienes disponen de esos ratos juntos. Por eso, estas dos semanitas nos han venido de perlas y han sido maravillosas tan sólo por tener a mi hombre en casa. Y es que, para mí, tan sólo abrazarle o hablar con él cuando me surge, es un regalo.

No es muy agradable pensar en MaridoBello y que siempre me venga a la mente un reloj (porque se tiene que ir ya a trabajar, porque acaba de volver y hay que cenar-recoger-dormir porque ya es tarde, o porque ya lleva taitantas horas trabajando y aún no vuelve a casa 😦 ). Cada cual con su situación, por supuesto, y habrá gente que desee tener, al menos, un trabajo como tiene él, así que seríamos egoístas si pensamos que no somos afortunados, pero tampoco es para tirar flores.

Pero bueno, eso da para un post, y hasta para dos, así que hablaré de ello en otro momento. Posiblemente en poco más de un mes nuestra situación cambie, seguro para mal, y ya no piense como pienso ahora, pero como dije antes, cuando nos acostumbramos a lo que tenemos, no lo valoramos.

En fin, que nuestra etapa familiar ha acabado, MaridoBello ha vuelto hoy al trabajo, y todo vuelve a la rutina. Tan sólo espero que siga estando el trabajo flojo en la empresa y que vuelva pronto a casa.

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¡Ay que ver lo que le quiero y lo mucho que se nota cuando no está!

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