Jugando con imanes

Hoy vengo a contarles algo muy curioso que se está dando en casa casi sin pensarlo.

Hace unas semanas, en vista de lo vacía que tenía la puerta de la nevera y pensando que podría serme de ayuda para pegar notas y no olvidar las cosas importantes, compré unos imanes en un bazar de los chinos.

Como madre que soy, siempre pensando en mi hijo, me cautivaron unos imanes infantiles, más porque eran de los personajes de La Casa de Mickey Mouse que tanto le gustan, así que sin dudarlo compré tres más uno del osito Winnie The Pooh.

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Ilusa de mí, pensaba utilizarlos para lo que les contaba y al mismo tiempo darle un aire infantil a la cocina. Sin embargo, nada más ponerlos en la nevera, Príncipe los reconoció y no paró de pedirlos a su manera hasta que se los puse a su alcance.

Ahora, son un juguete más en casa.

Están siempre pegados a su altura, y si los cambiamos de sitio, los pide a gritos estirándose todo lo que puede y mostrando que no llega a cogerlos.

En un principio se limitó a chuparlos, tirarlos al suelo, pisarlos, volverlos a coger, y sembrarlos por toda la casa. Por esta razón, le enseñé la ingeniosa idea de que podría pegarlos en la nevera. Sentada con él en el suelo y mostrando interés e ilusión cual niña pequeña le descubrí el gran invento de los imanes, y desde ahí, a su gusto por jugar con ellos se han añadido otras técnicas: pegarlos y despegarlos una y mil veces, e ir a la nevera, coger uno, traértelo y volvérselo a llevar para pegarlo y volver a empezar.

Cuando viene a casa ese tipo de visita que le deja experimentar y explorar a su aire, no tarda en ir a la nevera y traer los imanes para jugar con ellos.

Últimamente está entendiendo que no puede pegarlos en todas las superficies que él quiere, ni tampoco pegarlos unos encima de otros. Se enfada, pero parece comprender que es en la nevera donde tiene que ponerlos, y al no conseguir que se sujeten en ningún otro sitio se los lleva a la nevera.

Destrezas que ha conseguido gracias a este juego improvisado:

-Mejorar la motricidad fina. No es fue sencillo para sus deditos diminutos separar un imán de la nevera, pero con mucha paciencia y prudencia lo consiguió y ya no se le resiste.

-Causa-efecto. Se lo pasa pipa pegándolos en la nevera, observando como se mantienen y volviendo a despegarlos para empezar de nuevo. Una y otra vez.

-Relación de conceptos. Aunque aún no tenga idea de los materiales, empieza a comprender que los imanes no pegan en cualquier sitio, sino en lugares concretos. Y además, que no pegan de cualquier forma, sino en una sola posición.

-Reconocer objetos. En este caso, imágenes. No ha sido una sola la ocasión en la que, al empezar sus adorados dibujos de La Casa de Mickey Mouse, ha corrido a la nevera para traer uno de los imanes y “enseñárselos” a la tele. Además, suele llevárselos a las pegatinas de Mickey Mouse que tiene en las paredes de su habitación y decir “¡eeeh!” con una sonrisa, haciéndote ver que sabe que es el mismo. Cuando vamos a casa de mi madre no para de pedirle los imanes de la nevera que, aunque no sean de sus personajes favoritos, le sirven para lo mismo.

-Imaginación. Por supuesto, que no falte. Ha intentado de todo con los imanes: lanzarlos a lo lejos a ver dónde se paran, intentar hacer torres con ellos, meterlos en cualquier sitio (por esta razón me los encuentro en todas partes: el cajón de los paños, el baúl de juguetes, la cesta de ropa sucia…) y también, tirárselos al perro para que comparta su juego.

En definitiva, que con 0,79€ que me costó cada imán, hemos conseguido en casa un juego súper interesante para verle experimentar y un entretenimiento mayor que con muchos de sus juguetes más caros.

Por supuesto, mi idea de utilizar los imanes para sujetar notas en la nevera se ha ido al traste.

Nota mental: comprar imanes para adultos.

¿Has probado algo parecido? ¡Cuéntame!

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