Te he dado un regalo…

Sí, aunque ahora no lo veo así, y tú eres muy chiquitito para comprenderlo, pensar así me ayuda a entender, a seguir adelante y ver las cosas de otra manera. Te veo jugar, experimentar mundo, probar cosas nuevas… y has cambiado. Has cambiado porque antes probabas, intentabas y te reinventabas para conseguir lo que querías, con escasa paciencia ibas probando varias veces, pero a medida que creces, dejas patente tu carácter en el aire, y te enfadas a la mínima que algo no te sale.

He escuchado muchas preguntas de si la personalidad se hace, o con ella se nace, de si se puede cambiar o no…y viéndote, me queda claro que no, que tú lo tienes grabado a fuego en el ADN. Y es que Príncipe, eres digno hijo de tu madre. Y digno nieto de tu abuelo.

Yo no se porqué me sorprendo ahora, porqué me resulta nuevo que hayas cambiado y saques a relucir ese nervio que llevas en la sangre, y ese ser tuyo tan impaciente, si ya desde el embarazo estaba claro. No había forma de que te quedaras quieto, de que te dejaras ver, de que te colocaras de la forma correcta en las ecografías. Recuerdo cuando mi estado avanzaba, y allá por las 30 semanas te quejabas a patadas cuando estaba mucho tiempo sentada y te sentías presionado, cuando tenía la vejiga llena y me decías a pataditas “vete a orinar que esto me molesta”, cuando brincabas de gusto porque oías la voz de papá y no querías saber nada de la mía. Claro, me tenías tan vista oída día tras día…

Lo que me asusta es recordar mi infancia, mi adolescencia, el sentir que mi padre no me comprendía, el evitar muchas veces contarle nada porque todo terminaba en discusión, en ser tan igual a él y querer a toda costa no parecerme en absoluto. Él y yo tenemos una personalidad muy fuerte, un carácter similar y la misma forma de ver la vida. En cierto modo es muy positivo, pero chocábamos mucho, recuerdo pocas conversaciones buenas en las que no estábamos discutiendo, y es que siempre queríamos sobresalir uno por encima del otro… Espero, y de verdad deseo, poder controlarme cuando a ti te llegue esa etapa, y que nunca llegues a sentir que tu madre no te comprende y que con ella no se puede hablar. Quiero, en esos momentos difíciles de tu crecimiento, poder estar ahí para ti sin que me sientas una amenaza, una jueza que critique cada uno de tus actos. Porque eso es lo que yo sentí, y aunque le quiero con locura, pienso en mi padre y es su carácter lo primero que aparece.

Pero en el fondo siento que, después de todo, te he hecho un regalo, aunque claro está, no depende de mi. Una personalidad fuerte, decidida, que sabe lo que quiere y que no permite que nadie le pase por encima. Así somos, de carácter fuerte, impacientes, pero de buen corazón y muy sensibles. Por mi parte, trataré de ayudarte a perfilar tu personalidad, a que sepas controlarte más que yo, y a luchar por lo que quieres.

Pese a todo, siempre me tendrás ahí para ti mi Príncipe, mi mayor tesoro.

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