Parto. ¿Cómo fue el mío?

Muchas de mis lectoras ocultas, esas que me siguen pero no se atreven a comentar, me han “reclamado” el no haber hablado aún de mi parto tras meses publicando en el blog. Ha sido dejadez más que nada, mil perdones. Así que, a casi 8 meses de ese día, allá voy.

Al principio me dijeron que me cumpliría el 5 de marzo; más adelante que no, que el 7. Finalmente, ni para ti ni para mí, Príncipe nació el 6. Tras 39 semanas y 6 días de embarazo.

Tuve un embarazo bastante bueno en general salvo ciertos detalles (gripe durante dos meses, 5 gastroenteritis y 2 cólicos nefríticos) y no tuve síntomas de parto hasta el final. Mi hijo nació en la madrugada de un miércoles, y hasta la noche del lunes anterior estuve perfectamente, sin imaginar que el fin estaba cerca, aunque deseándolo por los constantes dolores de espalda.

Última foto de mi barriga, 12 días antes de dar a luz

El lunes a las 22:50h (siempre lo recordaré) tuve mi primera contracción. Y lo se porque, calculando el tiempo de camino, MaridoBello debía llegar a casa a las 23:00h y yo le estaba esperando en la ventana. Sentí una punzada fuerte en la barriga, como un retortijón que me duró unos segundos, y enseguida supe de qué se trataba. Me acosté en el sillón para reposar la espalda y MaridoBello al entrar me encontró así.

Durante la cena tuve algunas más, esporádicas, pero pasé buena noche. Había oído que la mejor noche del embarazo es la última, cuando mejor duermes porque la naturaleza te prepara para lo que viene, y en mi caso fue cierto. Al darme la vuelta mientras dormía sentía algunas, pero no me impidieron dormir mejor que nunca.

A las 9:00h empecé a controlarlas con una aplicación que bajé en el móvil, y las tenía cada 8, 10, 12 minutos. Irregulares. Por tanto, MaridoBello se fue a trabajar. Él trabaja en la calle conduciendo camiones, así que mi mayor miedo era que el momento le cogiera lejos de la empresa y no le diera tiempo a dejar el camión, coger su coche y llegar al hospital, pues le necesitaba en paritorio para estar tranquila. Al llegar al trabajo me mandó un mensaje tranquilizador, se quedaría en la empresa y un compañero saldría a la calle en su lugar, así que con una llamada llegaría en 45 minutos como mucho. Me ayudó bastante, me relajé y afronté el momento con tranquilidad.

Intenté dormir pero las contracciones no me dejaban, así que me puse a ver El Libro de la Selva para distraerme (ya se iba notando la sensibilidad de la maternidad ;)). Alrededor de las 16:00h las tenía cada 3-5 minutos, y como el momento se acercaba pero no sabía qué velocidad cogería a partir de entonces, llamé a MaridoBello y se vino para casa. Cuando llegó  me estaba preparando para ir al hospital, con contracciones cada 2-3 minutos.

Llegamos a las 18:00h con casi 3cm y me pusieron en monitores una hora. Tenía contracciones irregulares (y nunca se regularon, por ejemplo, cada X minutos durante X tiempo, que era lo que decía mi matrona) y me volvieron a explorar. Ya tenía 4cm, y me dieron dos opciones. Irme a casa, con posibilidad de tener que volver en unas horas, o prepararme un ingreso para pasar la noche en el hospital caminando a ver si avanzaba. Si no, en la mañana me iba a casa. Escogí la segunda opción para estar más tranquila e ingresamos, MaridoBello y yo, a las 20:00h.

Cenamos y nos pasamos la noche paseo va, paseo viene, en los pocos metros de la planta del hospital. A la 1 de la madrugada ya no podía más, las contracciones eran cada vez más intensas, me aceleraban la respiración y tenía que resoplar como en las películas para controlarlas. Llamamos al celador y al ver que las tenía cada 1 minuto, me bajó a exploración. Estaba todo listo, entramos a paritorio con casi 5cm.

Pedí la epidural por consejo expreso de mi ginecóloga, que quería que me relajara la espalda para que me concentrara más en lo que tenía que hacer y me tranquilizara. Por mis problemas de espalda que ya he contado, iba a ser muy difícil soportar la situación sin anestesia, así que seguí su consejo.

Me la pusieron a las 2:30h y ahí empezó a marchar todo mucho mejor. El equipo médico se componía de tres mujeres: Elsa, la matrona oficial; Alba, matrona en prácticas y una asistente de paritorio cuyo nombre desconozco. Me puse algo tensa cuando la matrona le dijo a la chica de prácticas que ella iba a hacerlo todo sola, sólo que le informara primero de lo que pensara hacer, porque me sentí carne de experimento, pero fue un amor conmigo y me trató de maravilla, así que enseguida se me fue de la cabeza y me dejé llevar. Me demostró saber lo que hacía con su cariño, y me tranquilicé pensando que había una profesional de años al lado para cualquier imprevisto. Me ayudaron muchísimo con música relajante y aromaterapia, ofreciéndome zumos si necesitaba e interesándose por nuestro hijo y el porqué de su nombre. Es resumen, me sentí acompañada y querida, no simplemente un empuja, toma y ya te puedes ir. Me sentí tranquila en todo momento y con mi MaridoBello a mi lado sabía que todo iba a ir bien. A las 5 sentí ganas de empujar, pero aún era pronto. Tras una hora que me pareció eterna, a las 6 sí llegó mi momento, empecé a empujar y a las 6:27h nació mi Príncipe con 3kg230gr y 50cm.

Al poco, con unos pujos más salió la placenta y tras limpiar, me cosieron la episiotomía y el pequeño desgarro que él me hizo. Este angustioso momento no lo olvidaré en mi vida, pues la epidural, en el momento del expulsivo no me hizo nada y lo sentí todo perfectamente. Cada centímetro que recorría mi hijo para venir al mundo, cada picada y el hilo caminando en mi interior durante los puntos… Lo recuerdo y se me eriza la piel. Horrible. Una hora y media de costura inquietante y muy dolorosa en la que no podía ni quejarme, porque mi hijo, acostado en mi pecho, gritaba a todo pulmón al sentir mis soplidos de dolor, con lo cual ese fue mi primer sacrificio como madre, callar mi dolor para que él no sufriera.

A las 8:00h salimos de paritorio (dejando atrás los 6kg que había cogido en esos 9 meses), estuvimos una hora y media en la zona de puerperio que le llaman (observación, de toda la vida) y nos subieron a planta a las 10:00h. En ese viaje hacia mi habitación, con el pelo despeinado, unas pintas imposibles, un sueño agotador (no dormía desde el mediodía del lunes), mi bebé dormido sobre mi pecho y un intento de sonrisa en mi cara, recibí la enhorabuena de todo desconocido que encontraba por los pasillos.

Tras dos días de ingreso sin dormir, un desmayo con pérdida de consciencia por el esfuerzo y sangre perdidas, y decenas de visitas que pasaron por la habitación, nos dieron el alta en la mañana del viernes. Justo en ese momento, empezaba nuestra vida juntos, la de verdad, sin médicos que nos dijeran qué hacer en todo momento y sin presiones de ningún tipo. Esa vida en la que MaridoBello, Príncipe, MiMascota y yo formamos una familia maravillosa que día a día aprende algo más de la vida. Nos equivocamos, ¡pero es precioso intentarlo!

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