Chica, cómo has cambiado…

Leyendo varias entradas en estos últimos días que poco o nada han tenido que ver con el tema, he podido ver entre líneas que muchas de nosotras, al nacer nuestros hijos, nos relegamos a un segundo plano.

Es curioso, porque ya desde el embarazo, pocas pensamos en que no volveremos a ducharnos con tranquilidad y dándonos el gusto de dejar el agua correr durante minutos sin pensar en la factura, que las ojeras van a ser el mejor maquillaje durante meses, y que incluso comer en ciertos momentos puede ser toda una odisea.

Cuando hablamos de nuestro embarazo, todo es referente al bebé: cómo te lo imaginas (si lo haces), enseñas las cositas que ya le tienes, explicas el porqué de su nombre a todo el que te mira extraño, miras cunas, comparas todos los carritos del mercado… todo es poco para tu bebito. ¿Y tú? Tú…estás mirando cosas para tu peque porque es lo que más ilusión te hace ahora.

Carpe Diem embarazadas mías, ¡Carpe Diem! Disfruten de esos momentos que no volverán. Esos minutos de libertad frente al espejo pensando y experimentando el peinado que te apetece llevar hoy, esos ratitos de gloria en días de frío viendo tu serie favorita con un chocolate caliente en las manos y enfundada en una manta polar, esos paseos con tus amigas por donde fuera con tal de estar un rato juntas y “hablar de nuestras cosas”, esos minutos de privacidad y tranquilidad en el WC al que llegabas a orinar pero pasabas media hora criticando a la ex de tu chico en las fotos del Facebook.

Todo pasa, y como nosotras, se relega. La prioridad es el bebé. Cuando él nace, arreglarte puede ser sencillamente recogerte el pelo en una coleta (nunca me gustó, pero bendita sea ahora), y con suerte ponerte un poco de base y corrector de ojeras si recuerdas dónde lo metiste. Raramente podrás seguir el hilo a tus series favoritas y cuando tú pensabas que Luisma era feliz con Paz ahora resulta que está saliendo con Ainhoa, “¿pero de dónde salió esta chica?”, y cuando te das cuenta de que hace semanas que no ves Gran Hermano, sintonizas y ves que con tanto ir y venir de gente no reconoces a nadie. La frase más usual (y mentirosa) para tus amigas será “a ver si me organizo y quedamos” cuando sabes que no va a ser así, porque no vas a tener tiempo para perderlo con las amigas y porque pasarán los días y te olvidarás. Y el WC, a las justas llegarás a soltar el pis y correr a ver qué hace tu hijo en la cuna, o a mecerle el carrito mientras terminas; “¿y lo otro?”, lo harás cuando haya alguien más en casa.

Ser madre te cambia, di que si. Ilusa yo que decía que no iba a ser para tanto, que nunca he sido de discotecas y que todos mis hobbies podría hacerlos llevándome a mi hijo. Y que vería cambios en algo, pero no iba a ser en todo. ¡MENTIRA! Ha cambiado todo. Mi mayor entretenimiento ahora es jugar con él, salimos por ahí cuando se puede y siempre con todo lo que pueda necesitar él a rastras (y cuando llego al sitio me doy cuenta de que dejé atrás las pastillas que tenía que tomarme o la receta médica porque iba a pasar por la farmacia), y donde quiera que vamos siempre es pensando en él. Ahora que el médico me recomendó sustituir mis sujetadores por los deportivos para mejorar mi postura y contribuir a controlar mis problemas de espalda, nos fuimos de compras. ¿El resultado? Príncipe tiene ropa nueva, y yo vivo con el sujetador deportivo que tenía y que lavo a mano rigurosamente cada noche para que no se estropee en la lavadora.

Por tanto, como he leído mucho por ahí, cero expectativas embarazadas mías, futuras mamás, mujeres deseando la llamada del reloj biológico… disfruten de la vida, de la libertad de ser mujer y de poder perder el tiempo libre en lo más simple. Cuando una es madre, la vida cambia, cambian las prioridades y lo que se fue ya no vuelve.

Aunque dicho por lo bajini…¡yo no lo cambio por nada!

NOTA: La imagen que acompaña la entrada es idea de MaridoBello. Todo parecido con la realidad es pura coincidencia. 😀

¿Alguien más ha cambiado tras ser mamá? ¿Qué hechas de menos de tu yo de antes?

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