Bebés exigentes

Tras leer el post de Mamá Periodista sobre la etapa de los 9 meses de su hijo, he empezado a pensar si realmente es normal que mi hijo esté tan adelantado a la media. Ya no sólo en destreza y habilidades, sino incluso en el carácter, pues con 6 meses hace cosas “de niños más mayores” e incluso, conozco niños mayores que él que ni por asomo hacen cosas que él hace sin miramientos.

Estudiando sobre el tema y tratando de encontrar alguna técnica que me ayude con su no parar diario, he descubierto el término “bebé de alta demanda”. Personalmente odio las etiquetas porque considero que una persona tiene más características importantes y no hay que nombrarla por aquella que resalta. Por ejemplo, las personas con ceguera, con sordera o movilidad reducida. Odio que se les reconozca como “el ciego”, “el sordo” o “el minusválido” (palabra horrible por cierto), esas personas también tienen color de pelo, ¿porqué no se les llama “el rubio”, por ejemplo? O sencillamente, por su nombre. Pero bueno, eso es un tema aparte.

Pues bien, parece ser que si lo consultara con un especialista, esto es lo que me diría de Príncipe, que es un bebé de alta demanda. Para entenderlo me han ayudado mucho estas tres entradas de la web Bebés y más, en las que se explican las características de un bebé con alta demanda en 1, 2 y 3 partes.

Pero en resumen, se trata de bebés que ponen gran energía en todo lo que hacen (llorar, gritar…), son más movidos y activos que el resto, absorben las energías del cuidador porque demandan cosas constantemente, se alimentan a menudo, son exigentes y lo quieren todo para ya, se despiertan muy seguido (sus sueños suelen durar poco), parecen no estar satisfechos con nada, son impredecibles (nunca sabes qué va a funcionar hoy y qué no), son hipersensibles (se alteran y molestan fácilmente cuando hay cambios en su entorno), necesitan contacto continuo (ya sea físico o visual), les cuesta calmarse solos (hay que recurrir a mil y una técnicas para entretenerle o tranquilizarle cuando se inquieta) y son sensibles a la separación (al necesitar contacto constante se agobian y aterran si se ven solos).

Leer el párrafo anterior ya resulta agobiante, pero si consideramos esta conducta día a día y, en mi caso, 24 horas, no parece agradable. Y no lo es. Es agotador y muy frustrante.

Desde el embarazo, Príncipe ya apuntaba maneras. Empecé a sentir sus movimientos a las 18 semanas de embarazo como un leve burbujeo. A la siguiente semana ya tenía claro que era él cuando se movía y sin lugar a dudas. Pegaba unas patadas dignas de futbolista con la velocidad de un karateka. La gente se asombraba cuando les enseñaba vídeos de mi barriga con Príncipe en acción. Parecía un alien atrapado.

Nada más nacer, sus pulmones para llorar a gritos dejaron claro que sabía lo que quería y que buscaría la forma de hacerse notar. Y poco a poco sin darnos cuenta pasaron los meses, y sus avances dejaban asombradas a pediatra y enfermera en cada revisión. Empezó a intentar sostener la cabeza estando boca abajo con 3 días de vida, la mantenía perfectamente con un mes, sonreía por gusto a los 3 meses y no por mero reflejo, se pone y quita la chupa sin problemas desde los 4, se mantiene sentado desde los 5, a los 5 y medio empezó a gatear a barrigazos y ahora con 6 se pone de pie en la cuna (que por supuesto hemos tenido que cambiar). No para quieto en todo el día, quiere cogerlo todo y se enfada si no se lo damos, quiere estar en todo pero a su aire, me empuja a patadas en cada cambio de pañal, se pasa el día a manotazos con todo y en al bañarlo me he visto apurada muchas veces porque casi se me cae.

Su novedad en los 6 meses, como si fuera poco, es demandarlo todo, constantemente, no quiere estar solo, jugar solo, estar en el carro ni dormir siestas en la cuna. Con lo cual, mientras está despierto no me queda otra que estar con él, jugando y esquivando cualquier cosa peligrosa que coge (que piensas que no, pero llega) y atajando cada esquina para que no se caiga de la cama (aún me da miedo ponerle en el suelo porque arranca a gatear y no controla nos brazos aún), tratando de tranquilizarle cuando se enfada porque se quitó la chupa o cualquier cosa que él mismo hace, intentando que coma porque se distrae con una mosca y se enfada porque tiene hambre (cada cucharada es una odisea, sorteando manotazos en el aire, piernas en la boca y distracciones con cualquier mueble que vea)…

Y entre medios, trato de hacer comida, recoger la casa (por lo menos hacer la cama, fregar y colocar la loza, y lavar la ropa, porque limpiar cada vez es más difícil), alimentarme lo más mínimo, ir al baño y ducharme. Antes aprovechaba sus dos siestas para esto, la primera para hacer comida y la segunda para todo lo que no pude hacer antes. Pero estos días es tan alta la demanda a la que hay que añadirle molestias por la salida de los dientes y el calor bochornoso que hace, que no me da tiempo a nada, y cuando él duerme sólo necesito distraerme con algo que me evada un poco o entretenerme un poco en el blog si me da tiempo. Mis hobbies se han visto reducidos una barbaridad, ni siquiera escuchar música puedo porque sus llantos y gritos de capricho se entremezclan y la termino quitando, y ni qué decir de arreglarme un poco el pelo para estar presentable, el maquillaje lo utilicé por última vez el día que nació para estar decente ante las visitas, y las series que me gustaban de la tele les perdí el hilo hace tiempo. La última vez que salí de cena tenía ocho meses de embarazo, y perderme una tarde de tiendas con una amiga….hace tanto que ni lo recuerdo.

Mi vida es por y para Príncipe, y cuando puedo, todo lo demás, incluida yo. Es desesperante, triste y a veces quisiera tirar la toalla y buscar ayuda de una guardería unas horas al día o dejarle con alguien un rato. El dinero no da para una guardería y no me quedaría tranquila dejándole con alguien y que otra persona pase por todo esto. Siento que es obligación de los padres y cuando MaridoBello no está, me toca hacerlo todo a mí. Pero la energía se me acaba (tampoco dormimos bien), los dolores de espalda aumentan y no se cuánto tiempo más aguantaré este ritmo. Me hablan de paciencia, pero con este panorama buscarla día tras día sin nada que me ayude a desconectar y cada hora de mi vida es más de lo mismo… No se yo dónde estará la paciencia que siempre presumí tener, poco a poco se me escapa cada día más.

Estaba durmiendo cuando empecé a escribir, y tuve que interrumpir no se cuántas veces (creo que unas 8) porque se despierta y se enfada porque no me ve. Se acaba de despertar del todo, y me voy porque está intentando hacer el pino en la cuna, enfadado porque no sabe qué está haciendo.

Dicen que es una etapa, por favor pido que pase rápido.

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