¡He vuelto!

Por fin parece que todo vuelve a la normalidad. Estos últimos días han sido una completa locura, pero poco a poco llega la calma tras la tormenta.

Me explico un poco. Como saben, nos fuimos de vacaciones y casi al final nos llamaron avisando de que MaridoBello tenía que empezar a trabajar antes de lo previsto, con lo cual, nuestro plan de mudanza se reducía muchísimo en el tiempo y se hacía casi imposible.

El viernes, regresamos de viaje a las 19:00h y el martes siguiente, MaridoBello empezaba a trabajar a las 10:00h. Eso nos daba 3 días y muy pocas horas para limpiar y fumigar una casa que llevaba un año cerrada, volver a lavar toda la ropa (mantas, toallas, sábanas, colchas, ropa de vestir, etc., etc., etc.), relavar toda la loza guardada desde hace un año, limpiar los muebles correspondientes antes de colocar, tirar cosas inútiles (nada menos que tres bolsas de las industriales, los sacos grandes, y no miento; una de ellas de bolsos, ropa y zapatos), hacer la compra general para una casa vacía de todo, trasladar nuestra ropa y la tonelada de cosas que acarrea Príncipe (de verdad, no sabía que tenía tantas cosas) en solo dos viajes de 42km de distancia para ir y volver con sus 45 minutos cada uno, recoger y adecentar la casa de mis padres que se quedaría vacía una semana hasta que regresaran de sus vacaciones. Además, como cosa lógica, necesitábamos comer y dormir una mínima parte de las horas. Lo que se pudiera, simplemente.

Y a todo esto hay que añadirle un bebé que come cada 4 horas, que no puede estar mucho tiempo en el carrito porque le da calor, que no podemos dejar jugar en una manta porque se sale de ella intentando gatear a barrigazos, y que por supuesto, reclama atención de todas las formas posibles (tirando los juguetes al suelo para que se los des, gritando para que jueguen con él, y todo lo que se le va ocurriendo al momento).

Ahora que lo pienso, parece imposible, y casi que lo fue. La decisión inicial era trasladarnos definitivamente el lunes noche, pero como MaridoBello libraba el jueves, pensamos mejor en ser realistas y aprovechar también ese día con lo que faltara. Así que la gran parte de la mudanza se hizo en un jueves que pareció minúsculo, que terminamos a las 6 de la mañana armando la cuna de Príncipe para que continuara su sueño plácido hasta el momento, porque fue tocar la cuna y despertarse mágicamente para jugar y gritar de alegría como nunca. Para llorar.

Finalmente nos acostamos casi a las 7 de la mañana con la casa llena de trastes, cosas por colocar, y ropa pendiente de lavar. En total salieron 10 lavadoras, y a día de hoy domingo lunes, a estas horas de la noche madrugada, doy gracias porque esa montaña de ropa ha desaparecido, la casa está completamente colocada de bultos y cosas varias y tan solo queda pendiente la limpieza y el orden diario. El mantenimiento diario de la casa vaya.

Nos ha costado muchas horas de sueño, pero lo hemos conseguido. Y por fin, NOS HEMOS MUDADO. Con todas las letras. Todo se acabó y empezamos un capítulo nuevo en la historia de nuestras vidas. Nuestra segunda mudanza, ahora con Príncipe. Pensé que me costaría muchísimo adaptarme, pero parece que día a día me voy acostumbrando un poco más, me organizo, y me siento bien de estar aquí. De empezar de nuevo, otra vez.

¡Bienvenidos a nuestra nueva casa!

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