Útiles de bebé: La hora del baño…

Creo que bañar a un bebé es uno de los aspectos de la maternidad que más tememos, y es que no es nada sencillo si somos realistas. Poco a poco le vamos pillando el ritmo y lo que mejor se nos de a cada uno, así que en esto no hay leyes, es cuestión de confianza en ti mismo y práctica.

Todo va cambiando, y a mi gusto es mejor bañar a un recién nacido que no se mueve, aunque nos asusta más por ser tan frágil, que a un bebé que ya empieza a moverse.

De entrada, lo mejor es estar preparados para lo que nos vamos a encontrar: un bebé mojado y resbaladizo y, si nos descuidamos, un baño de charcos. Pero puede no ser tan trágico, la técnica básica no es tan difícil.

  1. Lo principal es preparar todo antes de meter al bebé en la bañera. Parece lógica, pero no es raro darte cuenta tarde de que no has sacado la esponja del armario o que dejaste una crema atrás. No sólo por comodidad, sino por evitarle corrientes de aire al bebé mientras recorremos la casa con él recién salido del agua buscando aquello que nos faltó. Preparar el ambiente antes de empezar es fundamental: cerrar ventanas en la estancia de la casa donde vayas a vestirle, destapar los productos que vas a utilizar durante y después del baño (champús, colonias, cremas…) y alejar las tapas de donde vayas a poner al bebé para evitar riesgos, desdoblar el pañal, tener la ropa preparada, calentar el agua… Todo, antes de preparar al bebé para el baño.
  2. ¿Es necesario que el agua esté a una temperatura concreta? No. Como nosotros, los bebés también tienen sus gustos y es cuestión de ir probando. Prepara el agua a una temperatura similar a la temperatura corporal que tenga tu bebé en el momento, un poco más fresca si estás en plena ola de calor, por ejemplo, pero no necesariamente tiene que estar a 37ºC exactos. Por ejemplo, mi hijo tiene una temperatura corporal elevada, es una pequeña estufita como su padre, y prefiere el agua tibia tirando a fría. Lo mejor es ponerla a una temperatura media, tibia, ni fría ni caliente al tacto de tu codo (mejor que las manos) y luego ver la reacción de tu bebé al meterle e ir probando. Por tanto, puedes ahorrarte el costo del termómetro 😉 .
  3. Preparar al bebé. Fuera ropa, fuera pañal.
  4. Meterle en el agua despacito, que primero la toquen sus pies y puedas ver su reacción. Si retira los pies o hace gestos de no estar conforme, prueba a enfriar o calentar un poco más el agua. Si no hay problema, métele poco a poco hasta que le puedas sentar. Si aún no se le ha caído el cordón cuida de no mojar esta zona.
  5. Agárrale de forma que le sientas seguro. Lo ideal es que puedas pasar tu brazo por delante de su pecho y agarrar su brazo contrario a la posición que tú tengas. Es decir, si estás colocado a su izquierda, pasa tu brazo izquierdo por delante de su pecho y sujeta su brazo derecho a la altura de la axila. De esa forma podrás controlar perfectamente sus movimientos (bruscos cuando tienen más confianza en sí mismos) y lavarle con la otra mano. De todas formas esto es algo que depende mucho de qué tan movido sea tu bebé y de cómo te sientas tú más seguro y confiado.
  6. Enjabónale con un poquito de jabón utilizando esponja si la crees necesaria, y limpiando bien sobre todo los pliegues de la piel (muslos, bajo el cuello, axilas…).
  7. Aclárale bien.
  8. Tira mano de la toalla y envuélvele en ella tratando de mojar lo menos posible para no formar pequeños charcos en el suelo con los que puedas resbalar. No hay una técnica mejor que otra, la ideal es aquella con la que tú te apañes mejor. Si quieres, puedes practicar primero con un muñeco o con una pequeña almohada cómo piensas hacerlo para evitar dudas en el momento clave.

¡Y listo! Secarle, ponerle las cremas necesarias y vestirle. No hay más.

Es posible que el proceso no le encante al principio, de hecho hay niños que tardan bastante en acostumbrarse al agua. Si le pasa a tu bebé, trata de hablarle o cantarle durante el proceso, y tomártelo con positividad y alegría para que perciba a través de ti que no hay peligros.

Si lo pasa mal durante el baño, si no lo disfruta y es un momento que temes que llegue, quizás es mejor evitar bañarle y ducharle directamente. Esto es algo ideal para hacer cuando tu pareja esté en casa. Uno de los dos puede meterse en la ducha con él en brazos, lavarle rápidamente con juegos y sin mucho preparativo, y que el otro le espere fuera para envolverle en la toalla y llevarle a vestir. Si no tienes espacio para bañeras en casa, esta es también una opción genial.

Bañar a un bebé es un proceso que impresiona la primera vez, por eso si no te sientes en confianza pide a alguien que haya tenido hijos que lo haga por ti mientras miras. Yo no bañé a Príncipe hasta que tenía mes y medio y me vi confiada, mientras tanto lo hacía mi madre y yo miraba. Pero cuando me decidí, no lo hice como había visto, busqué mi método y me manejé como mejor pude. Le bañaba en el bidé estando yo de rodillas en el suelo, y a mi lado tenía una colchoneta en el suelo con la toalla abierta esperando para colocarle nada más salir del agua y poder secarle y vestirle.

¿Se puede ahorrar en esto? Por supuesto.

  • Sé realista. Los bebés se ensucian poco, y sobre todo si es una actividad que tu hijo no desea especialmente, no es necesario bañarle a diario. Hasta que empieza a babear o comer algo más que leche, realmente el baño es para refrescarles.
  • Prueba primero con productos pequeños. Se venden unos sets de regalo geniales con botellas pequeñas, de forma que así puedes probar el producto, ver si le sienta bien a su piel, si a ti te gusta…y ya entonces, pasa a comprar el formato grande. Así evitarás tener productos grandes que tengas que gastar tú porque no le sienten bien a tu bebé.
  • Por ahorro de dinero o por falta de espacio, puedes dejar de comprar la bañera. De verdad, no estoy loca, es un artilugio totalmente innecesario si tienes un poco de maña y te adaptas con lo que tengas. Si quieres tener una igualmente, busca una plegable que ocupe poco espacio o una en cualquier bazar de los chinos que puedas utilizar luego para otra cosa, como para la colada. Son muchísimo más baratas y sirven para lo mismo. Y si no, puedes apañártelas perfectamente si tienes bañera en el baño, o duchándole contigo si sólo tienes ducha como comentábamos antes, o en un recipiente medianamente grande que te saque del apuro hasta que se siente solo y le puedas sentar en la ducha. Sin ir más lejos, mi hijo durante su primer mes y medio de vida se bañó en una ensaladera enorme sin estrenar que teníamos en casa (tal cual lo oyes, ¡y no le ha pasado nada!).
  • Para ahorrar en agua podemos poner sólo una pequeña cantidad (dependiendo de la bañera) e ir empapando una esponja y mojándole poco a poco. Esta fue mi técnica al principio porque a mi hijo no le gusta sumergirse y lo que es baño como tal le hace llorar.

En definitiva, hay que probar, experimentar y ver qué opción y técnica se ajustan más a ti. No te preocupes ni te apures si no tienes una bañera maravillosa digna de Pinterest o el mejor de los productos ecológicos para el bebé. Lo importante de todo esto es que tu hijo disfrute del momento y que sea lo más agradable posible para los dos. Y a quien no le guste, ¡que no mire!

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