MaridoBello

Es obligatorio, indispensable, incluir a MaridoBello en el blog, principalmente porque sin su granito de arena no podría estar escribiendo sobre maternidad, pero sobre todo, por su papel incondicional en mi vida, como hombre y como todo lo que significa para mí.

Es mi pareja, mi amante, mi amigo, mi apoyo, mi confidente, mi consejero, mi fuerza para seguir adelante cuando todo se oscurece, pero por supuesto, mi compañero de burlas, críticas y chorradas varias. Y es que eso es lo que mantiene viva una relación, ante todo el respeto y el espacio personal de cada uno, pero sobre todo, el poder quitarse la máscara y vencer a la vergüenza sin sentirte vulnerable ante esa persona, el poder ser tú misma sin miedo al qué pensará, el poder estar hecha un desastre y que aún así, te siga viendo bonita.

Y es que todo esto hubiera sido muy complicado si no hubiera tenido a MaridoBello a mi lado, por su personalidad, su forma de ser, su calidad humana. Porque no existe otro como él. El día que le conocí (gracias a esa pareja amiga que nos presentó), no imaginé que una cita de 11 horas interrumpidas sería suficiente para hacerme entender que ese hombre no podía irse de mi vida así como así. Queríamos que fuera serio, y tanto, pero quién nos iba a decir en ese “Hola” y esos dos besos de presentación tan sencillos y tan “en el aire”, que 2 años y 4 meses después estaríamos dando la bienvenida al mundo al mayor de nuestros sueños, que nos convertiría en papás así, de golpe. Una palabra tan grande para dos seres que en ese momento se quedaron chiquititos sin saber cómo actuar, pero que rápidamente tomaron las riendas de su mundo para hacerlo si no de la mejor forma, con el mayor de los amores.

Quién me iba a decir a mí en el momento de conocerle que ese extraño sería mi pilar durante el parto, que iba a estar a mi lado desde las contracciones, como todo un caballero aguantando el tipo y haciéndome reír con cualquier tontería que se le ocurriera, recorriendo pasito a pasito los escasos 50 metros de pasillo de la planta del hospital durante 5 horas con toda su paciencia, haciéndome sentir segura en todo momento y capaz de lo que iba a hacer aunque mis fuerzas flaquearan, cortando el cordón de mi primer hijo y no mucho después curándome los puntos de la episiotomía, contándome como iba evolucionando y ocupándose de nuestro hijo todas y cada una de las noches hasta ahora para que yo pueda descansar.

Nadie. Nadie podría decírmelo, porque directamente me echaría a reír. Yo que una semana antes de conocerle había roto la que creía mi gran historia de amor y no estaba disponible para nadie, ni siquiera para mí misma, porque no sabía por dónde tenía que caminar.

Pero llegó él y todo cambió. Sin más. Así, sin anestesia y sin previo aviso. Entró en mi vida de forma inesperada pero muy bien recibida para mi sorpresa, y aquí se quedará, porque le necesito, me necesita, y juntos hemos formado una pareja, una familia y una vida maravillosa. Y es lo mejor que me podría regalar.

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