La lactancia no es para mí

La lactancia

Durante el embarazo, cada vez que tenía visita con mi matrona, me hacía la misma pregunta: “¿le vas a dar pecho?”, y ante mi negativa, no faltó una sola vez que intentara hacerme cambiar de idea: “la lactancia materna es lo mejor que hay“, “no hay nada mejor para los bebés“, “es el mejor regalo que le podrás hacer“, “al menos inténtalo…” y miles de cosas más que por ser tantas he ido borrando poco a poco.

Y sí, yo no niego que la lactancia materna sea lo mejor para el bebé y también para la madre, pero considero que muchos de sus beneficios se van al traste si la madre no está feliz ni a gusto.

Pienso que el hecho de dar o no el pecho a un hijo debe ser decisión exclusiva de la madre, de nadie más. Puede ser lo más maravilloso del mundo, que ni lo niego ni me lo cuestiono, pero creo que cada una de nosotras debe tener la libertad de escoger lo que mejor nos convenga por la razón que sea, sin ser juzgadas por nadie, y sin que nadie nos haga sentir mala madre antes de tiempo porque no considere adecuada nuestra posición.

En el momento de dar a luz me obligaron, porque no hay otra palabra, a poner a mi hijo al pecho desde el primer segundo de vida. Casi sin limpiarlo bien, ya me estaban diciendo que lo pusiera cuanto antes para que enganchara lo más pronto posible y no me costara tanto más adelante. “Hazlo así, y así, y así” y no faltaban manos toqueteándome la teta y obligando a mi hijo a chupar, cosa que por cierto ni intentó. Y todo esto, en medio de mis negativas y mis quejas porque tenía decidido que no quería, a lo que ellas se limitaban a responderme “ya verás que te acostumbras enseguida

Y ya ni qué hablar de una doctora en especial, de unos 60 años, prolactancia hasta la médula, que casi me gritó en una de sus visitas a mi habitación que era una tonta por negarle algo tan bueno a mi hijo, y que me dejara de tonterías (cuando pedía la pastilla para evitar la subida de la leche) porque igualmente me iba a subir y tendría que ponerle para sacarla, y al final vería que no iba a ser para tanto.

Y yo me pregunto: “¿porqué razón tengo que hacer algo que es tan maravilloso, si yo no quiero?”. Por un problema, porque no tengo paciencia, o simplemente porque no me da la gana, tengo derecho a decir que NO sin que nadie me cuestione, que al fin y al cabo soy yo quien va a alimentar a mi hijo y quien decide por él, no creo que nadie se vea afectado por eso.

Mis motivos son variados y, aunque no tendría porqué excusarme, aquí los traigo: hace unos años tuve un fuerte accidente de tráfico a raíz del cual se destaparon numerosos problemas que tengo en la espalda: espina bífida oculta, lo que provoca una hiperlordosis lumbar y ligera escoliosis. Unos años después tuve un segundo accidente de tráfico que empeoró mis continuos dolores en la columna vertebral. Por todo esto, cada día termino hecha un desastre, y muchísimas veces necesito un masaje relajante de mi marido para calmar la quemazón que me recorre la espalda y poder conciliar el sueño. Por supuesto las labores en casa tienen que ser espaciadas en el tiempo, y estar mucho tiempo de pie o paseando es un suplicio para mí.

Además, soy una persona muy nerviosa e impaciente, me desespero pronto y me agobio muy rápido.

Con este panorama no me apetecía en absoluto añadir a la ecuación un bebé colgado a la teta las 24h, porque no lo iba a soportar. Me conozco y se que iba a ser una situación detonante de crisis de nervios, y en este plan, no veía beneficio alguno, ni para mi hijo ni para mi.

 

Por estos motivos, que habrá quien los tome como válidos y habrá quien no (y es totalmente respetable, tal y como espero que se respete mi posición), decidí decir NO a la lactancia materna.

No me gusta tomar calmantes, pero los que me recetan son muy fuertes, y quería, por un lado evitar que le llegaran a mi hijo, y por el otro, tener que añadir más a la lista.

 

Por supuesto, me informé en un principio, leí mucho sobre el tema, y establecí una balanza, con los pros y los contras para ver quien ganaba. En mi caso, lo negativo superaba lo positivo, así que tuve claras mis dudas y tomé mi decisión.

A mi tampoco me amamantaron y jamás he tenido problemas con ello, tal y como estoy viendo con mi bebé hoy en día. Mi hijo siempre ha sido un niño fuerte, con unas defensas de hierro, alegre y feliz, y su madre también es feliz. Estoy segura de que ambos seríamos totalmente diferentes si hubiera tomado el otro camino.

Y no, no considero que por haberle dado leche materna a mi hijo nuestra relación hubiera sido mejor, ni hubiéramos estado más conectados ni nos hubiéramos querido más. No, porque a lo que yo renuncié fue a alimentarlo con leche materna, pero puedo asegurar que no le falta cariño, ni amor, ni una madre entregada las 24 horas del día. Eso, para mí, es inherente a la teta.

Así que sí, puede que me critiquen y que esta entrada de para tirar del hilo, pueden llamarme de todo, que lo acepto. Pero no siento que lo haya hecho nada mal y cada día, a medida que mi hijo crece y su energía inagotable hace mi espalda insoportable al llegar la noche, más me reafirmo en que, para mi situación, elegí la mejor de las opciones. Y es que la lactancia materna no es para mi.

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