Una nueva vida

Una nueva vida

Parece que fue ayer cuando encontré ese esperado positivo en mi..creo..sexto test, y ya hizo un año. Un año en el que todo ha cambiado, en el que nada es como antes, ni lo volverá a ser. Quién nos iba a decir a mi MaridoBello y a mí que aquel abrazo de felicidad en el que nos fundimos al descubrir la noticia iba a ser la despedida de nuestros cuerpos, por decirlo de cierta forma, y que la cercanía que tuvimos en ese momento, se volvería a producir, tiempo después, cuando nuestro hijo lo permitiera, cuando nos dejara una pequeña tregua para, al menos, sentarnos a comer juntos.

Mi Príncipe ya tiene 4 meses y medio, pero aún así, sigo recordando el parto como si fuera ayer. Mis primeras e inquietantes contracciones, los pujos que no sabía hacia dónde dirigir, la primera mirada de mi bebé, su llanto desesperado cuando me quejaba de dolor durante los puntos… Son instantes, experiencias que no se me olvidarán en la vida.

Durante todo el embarazo escuché repetidas veces esa frase, LA FRASE: “el parto duele, es verdad, pero ya verás que todo se te olvida cuando le veas la cara“. Pues lo siento, pero no. Soy muy feliz con mi hijo, por fin me siento adaptada a mi nueva vida, y no me cambiaría por nadie, pero a día de hoy aún me duele recordar. La fase de los puntos con todo mi conocimiento fue horrible para mí, lo peor que me han hecho, y siento que esa sensación no se me olvidará jamás. Volvería a vivirlo mil veces por tener a mi hijo conmigo, pero el proceso del parto fue algo traúmatico que creo que no he superado del todo.

Sin embargo, el roce piel con piel por primera vez, su carita, sus enormes ojos oscuros, sus maravillosas pestañas que tienen que ver con todo el que le conoce, su primer biberón, los días en el hospital y nuestras horas a solas… Esos instantes me hacen sonreír al recordar los primeros días como mamá y bebé.

Ha sido algo difícil de llevar, y quien diga que ser mamá es fácil, que me dé su secreto, pero se está convirtiendo en una experiencia, cuanto menos, interesante. Y es que sólo cuando te conviertes en madre/padre, cuando tienes una vida, unos ojos llorosos y un llanto de hambre que depende de ti, eres realmente consciente de la fuerza que hay en tu interior, y de que, sin saberlo, eres capaz de darle la vuelta al mundo para evitar el sufrimiento de tu pequeño.

Y ver como esos ojos llorosos poco a poco secan sus lágrimas y ese llanto se calma, pese a todo, no tiene precio alguno.

Bienvenidos a mi rinconcito. Bienvenidos a mi nueva vida.

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